En realidad, el verdadero problema —no pecado— de la oposición nicaragüense no es su fragmentación en distintos grupos y líderes que se cuestionan y descalifican entre ellos y cada uno pretende ser el auténtico y dueño de la razón política.
En realidad, el verdadero problema —no pecado— de la oposición nicaragüense no es su fragmentación en distintos grupos y líderes que se cuestionan y descalifican entre ellos y cada uno pretende ser el auténtico y dueño de la razón política.
Al cumplirse ahora el segundo aniversario de la sangrienta matanza masiva de civiles israelíes perpetrada por los terroristas de Hamás, se ha creado una posibilidad factible de que se ponga fin a la guerra y termine la masacre de la población civil palestina.
La realidad es que la dictadura sandinista de Ortega y Murillo, aunque es extremadamente brutal y desafiante al mundo civilizado y democrático no está por ahora en el foco de la atención internacional, salvo de los organismos que se encargan de denunciar las violaciones a los derechos humanos.
En realidad, en cada país con sistema político totalitario este tiene sus propias características y modalidades, pero en el fondo todos son iguales… suprimen las libertades individuales, promocionan sistemáticamente hasta elevarla a culto nacional y de Estado una idea política, un partido, una creencia, una persona que detenta el poder…
No debe caber ninguna duda de que la Iglesia católica, en el Vaticano y en Nicaragua, está con los nicaragüenses que resisten la opresión de la dictadura. Y que los acompañará en el momento de la liberación que llegará tarde o temprano.
Los dictadores de Nicaragua han optado por blindar políticamente a Maduro, envolviéndolo en retórica revolucionaria. Pero en ese blindaje, ¿no se corre el riesgo de normalizar el crimen como parte del discurso de resistencia?
Las dictaduras no son para siempre y de algún modo la democracia se establecerá también en los países que ahora están sojuzgados por las dictaduras, sea primitiva y del siglo 19 como la de Ortega y Murillo en Nicaragua, o moderna y del siglo 21como la de Bukele en El Salvador.
La inmunidad diplomática no ampara actos de provocación política. La libertad de expresión de un jefe de Estado en suelo extranjero debe estar subordinada al respeto a la soberanía del país anfitrión. La diplomacia exige prudencia, no autoriza confrontación.
La dictadura sandinista de Ortega y Murillo ha devenido en totalitaria, se mantiene en el poder mediante el terrorismo de Estado, ha aumentado la represión transfronteriza para perseguir a sus opositores y en ese plan viola la soberanía y la seguridad pública interna de Costa Rica.
Comprendemos que el reclamo de Costa Rica en la ONU no va a cambiar la situación. Al fin y al cabo este organismo no tiene capacidad para resolver las grandes crisis mundiales, como las de Ucrania y Gaza, pero tampoco las pequeñas como la de Nicaragua.