Nicaragua, lejos de Ucrania democrática, pero pegada a la Rusia autocrática

El canciller de Ucrania, Andrí Sibiga, anunció el pasado jueves 2 de octubre, que su país rompió oficialmente las relaciones diplomáticas con Nicaragua. El canciller ucraniano acusó al régimen nicaragüense de “socavar la soberanía de Ucrania y su integridad territorial”, porque sin ningún derecho ha reconocido como rusos los territorios ucranianos ocupados militarmente por Rusia.

Pero la verdad es que ya no había tales relaciones diplomáticas. Se terminaron de hecho desde que Rusia en febrero de 2014 invadió y se anexó la península ucraniana de Crimea, y la dictadura de Nicaragua la reconoció como parte de la Federación de Rusia.

La anexión rusa de Crimea mediante el uso de la fuerza fue condenada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como una flagrante e inaceptable violación del derecho internacional. Pero eso no le importó a la dictadura de Nicaragua que actúa como un forajido internacional y se ha subordinado a los intereses imperialistas de Rusia.

Posteriormente, en febrero de 2022, antes de desatar la guerra total contra Ucrania e invadir masivamente su territorio, la dictadura nicaragüense reconoció la “independencia” de las “repúblicas populares” de Donetsk y Luganks, en la región del Dombás, autoproclamadas por partidarios de Rusia con el respaldo pleno de las fuerzas armadas rusas. 

Esas anexiones rusas de territorios ucranianos tampoco han sido reconocidas por la gran mayoría de Estados del mundo, porque violan de manera grosera y flagrante la letra y el espíritu de la Carta de la ONU, que se sustenta en el orden internacional creado al terminar la II Guerra Mundial y vigente hasta ahora. 

Posteriormente, la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo reconoció la pretendida “soberanía” rusa sobre los territorios ucranianos de Zaporiyia y Jersón, ocupados también mediante la guerra que desde el 24 de febrero de 2022 la Rusia imperialista desató contra Ucrania.

Ahora bien, siendo realistas tenemos que decir que así como el reconocimiento de la dictadura de Nicaragua a la supuesta soberanía rusa sobre los territorios arrebatados y usurpados a Ucrania no tiene efectos jurídicos globales, tampoco los tiene la ruptura de las relaciones diplomáticas declarada por el gobierno ucraniano.

El significado de todo eso es enteramente político. Por una parte la dictadura de Ortega y Murillo reafirma su alianza estratégica con Rusia a cambio de más respaldo militar y seguridad estratégica. Y por otra, radicaliza su desafío al orden internacional, se distancia más del Occidente democrático y cifra sus expectativas estratégicas en que el bloque de China, Rusia, Irán y otros países autoritarios dominará el mundo entero a corto o mediano plazo. 

De manera que no parece realista esperar que la dictadura de Nicaragua pague alguna consecuencia por la decisión de Ucrania de romper unas relaciones diplomáticas que de hecho ya no existían. 

La realidad es que la dictadura sandinista de Ortega y Murillo, aunque es extremadamente brutal y desafiante al mundo civilizado y democrático, no está por ahora en el foco de la atención internacional, salvo de los organismos que se encargan de denunciar las violaciones a los derechos humanos.

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