¿Cuál es el límite de lo inhumano? ¿Cómo es posible que existan seres tan detestables, capaces de apagar en silencio la vida de una persona? A veces pienso que hasta los delincuentes comunes tienen más compasión que las personas ya carcomidas por la ambición de poder, como sucede en Nicaragua.
La muerte de Brooklyn Rivera es el reflejo de todos los males que acechan a nuestra pobre y maltratada nación. Primero lo destierran; logra entrar y permanecer en silencio. Luego lo mandan a encarcelar en septiembre de 2023, y se le ve en buen estado físico, pero casi tres años más tarde lo muestran postrado en la cama de un hospital, lejos de su familia, y sacan un comunicado lavándose las manos. Estados Unidos ya culpó al régimen por su muerte y los organismos internacionales exigen una investigación. El mundo entero le puso nombre al crimen.
Y lo más cruel vino después. No dejaron que la familia velara el cuerpo. Un entierro a la carrera, lejos de su tierra, cuando los suyos lo querían sepultar en su Costa Caribe. ¿Por qué tanto apuro? Por lo de siempre: que nadie vea lo que le hicieron, que las pruebas se vayan al hoyo con él. Y a cinco familiares que viajaron a Managua a reclamarlo, en vez de llorarlo de cerca y darle el último adiós, los detuvieron. Los desaparecieron. Esa es la estatura moral de quienes nos gobiernan.
¿Será que ya no son capaces de sentir? Es evidente que pretenden seguir sembrando terror. Apuestan al miedo del pueblo. Si eso le hicieron a alguien que en su momento fue su aliado o también como sucedió recientemente con Francisco López, que manejaba las cuentas de los negocios de la familia que gobierna el país, según diferentes reportes, significa que nadie está a salvo.
Aunque el miedo asusta también es frágil, basta una chispa para que la gente despierte. La historia nos dice que cuando asfixian, secuestran y matan al pueblo, llegará un punto en el cual ya no tendrán nada que perder, será como si estuvieran muertos en vida y es ahí donde empieza la remontada.
Los que hoy se creen dueños de Nicaragua deberían recordarlo: tarde o temprano responderán por sus crímenes. Ningún poder levantado sobre el miedo se sostiene para siempre.