Acerca del mercado orwelliano

En su edición de este viernes 3 de octubre LA PRENSA ha publicado una nota informativa interesante que vale la pena comentar, titulada “1984 de Orwell en Managua. La realidad distópica que se vive en el Huembes”.

Se refiere a que en el popular Mercado Roberto Huembes, al este de Managua, televisores instalados en lugares estratégicos difunden durante unas nueve horas cada día la intoxicante propaganda oficialista de la dictadura.

“La escena pareciera sacada del libro 1984, de George Orwell”, dice la información de LA PRENSA, aludiendo a la obra del célebre periodista y escritor británico en la que describió magistralmente una sociedad dominada por el totalitarismo, en la que un tirano que él llamó “gran hermano” ejerce un control absoluto sobre la vida de todas las personas, desde sus actividades íntimas hasta sus pensamientos.

A partir de ese libro (y de otra famosa obra del mismo Orwell sobre la sociedad totalitaria, titulada Rebelión en la Granja) se acuñó el concepto “orwelliano”, que se refiere a la vigilancia y el control masivo que el poder totalitario ejerce sobre la gente; y también a la manipulación del lenguaje y la utilización de la propaganda masiva para colonizar e intoxicar las mentes de las personas. Propaganda que no apela a la razón sino a los instintos primarios de la gente para dominarla y alinearlas con el régimen.

Lo del mercado Huembes se entiende perfectamente, porque el sistema de poder político que se ha impuesto en Nicaragua es el totalitarismo. El cual es básicamente igual aunque no idéntico al nazifacismo italiano y alemán; ni al estalinismo soviético y el maoísmo chino; y en la actualidad al comunismo de Cuba y Corea del Norte.

En realidad, en cada país con sistema político totalitario este tiene sus propias características y modalidades, pero en el fondo todos son iguales en cuanto a que suprimen las libertades individuales, promocionan sistemáticamente hasta elevarla a culto nacional y de Estado una idea política, un partido, una creencia, una persona que detenta el poder (o una pareja, como en el caso de Nicaragua) y lo ejerce por medio del terrorismo de Estado.

El totalitarismo (explica Rodrigo Borja en su Enciclopedia de la Política) “es el sistema político agudamente autoritario que despliega sobre las personas un poder ilimitado y envolvente. Poder que se introduce en todos los resquicios de la trama social. Nada deja de ser competencia estatal. No hay razonables esferas de derechos para las personas. Ni sus manifestaciones más íntimas escapan al control del poder estatal”.

Borja manifiesta que “la conocida fórmula mussoliniana de nada contra el Estadonada fuera del Estado, todo dentro del Estado (que Fidel Castro modificó a “dentro la revolución todo, fuera de la revolución nada”) parece definir con exactitud lo que es el totalitarismo como expresión de un poder centralizado y englobante que no observa limitaciones de especie alguna y que envuelve al individuo en todas sus facetas. Es un poder monocrático, ejercido por una sola corriente ideológica o paraideológica, con exclusión de todo pluralismo y posibilidad de diálogo”.

De manera que no existe en el régimen totalitario la posibilidad de un cambio político por medio del procedimiento civilizado de las elecciones libres y competitivas. Como se acostumbra y está institucionalizado en los países donde hay democracia y por ahora no es el caso de Nicaragua. 

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