El politólogo costarricense y secretario general del Instituto para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA Internacional), Kevin Casas-Zamora, dice que “Daniel Ortega es un dictador del siglo XIX y Nayib Bukele es un dictador del siglo XXI”.
IDEA Internacional es un organismo intergubernamental que tiene la misión de “Impulsar la democracia en todo el mundo, como aspiración humana universal y facilitador del desarrollo sostenible, mediante el apoyo a la construcción, el fortalecimiento y la salvaguardia de instituciones y procesos políticos democráticos en todos los niveles”.
Como parte de su trabajo IDEA Internacional elabora y presenta cada año un informe sobre el estado global de la democracia. Y en la presentación del informe correspondiente a 2025, Kevin Casas-Zamora hace la contundente caracterización de Daniel Ortega como un dictador del siglo 19 y del salvadoreño Nayib Bukele como dictador del siglo 21.
Al respecto, el profesor universitario argentino de Historia de América e investigador principal del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, Carlos Malamud, comenta que Bukele es calificado como dictador del siglo 21 “por su manejo mucho más sofisticado de la comunicación política y las redes sociales…” Y en cuanto a por qué se califica a Daniel Ortega como un dictador del siglo 19, Malamud explica que es porque “la pareja dictatorial de Daniel Ortega y Rosario Murillo tiene un desempeño más primitivo y, por tanto, mucho más brutal y sanguinario”.
En efecto así es. Realmente, todas las dictaduras son perversas y dañinas porque niegan las libertades y los derechos de las personas, y reprimen a quienes protestan y disienten de cualquier manera. Pero al mismo tiempo cada dictadura es diferente porque cada una tiene sus características particulares y modos de acción diferentes.
Dice Malamud que algo que identifica a las dictaduras de El Salvador, Venezuela y Nicaragua, es que surgieron “de procesos derivados de victorias electorales legítimas”. Pero en el caso nicaragüense eso no es del todo exacto. La dictadura de Daniel Ortega (que ahora la comparte con su cónyuge, Rosario Murillo), ciertamente surgió en noviembre de 2006 de una elección, pero no fue limpia y por lo consiguiente tampoco legítima. Después Ortega se ha reelegido tres veces más mediante fraudes y farsas electorales peores que la de 2006.
Precisamente una de las grandes diferencias que hay entre las dictaduras de El Salvador y Nicaragua es que Bukele ha sido elegido y reelegido presidente salvadoreño con el respaldo de una gran mayoría electoral. Además, en su ejercicio del poder Bukele tiene el respaldo mayoritario del pueblo salvadoreño, que le agradece haber restablecido la seguridad pública interna mediante la represión despiadada contra las pandillas; sin importarle, a la mayoría de los salvadoreños, que en la represión Bukele ha barrido los derechos y las libertades democráticas de toda la gente.
Por supuesto que llegará el momento en que los salvadoreños querrán recuperar sus derechos políticos y democráticos, y entonces de algún modo tendrán que rebelarse contra la dictadura de Bukele. Igual que los nicaragüenses se rebelaron en 2018 contra la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo, aunque lamentablemente no pudieron sacarla del poder.
Pero las dictaduras no son para siempre y de algún modo la democracia se establecerá también en los países que ahora están sojuzgados por las dictaduras, sea primitiva y del siglo 19 como la de Ortega y Murillo en Nicaragua, o moderna y del siglo 21como la de Bukele en El Salvador.