Una vez más se ha demostrado que de poco o nada sirve aprobar leyes democráticas, incluyendo las normas constitucionales, si no existen instituciones robustas ni gobernantes que las acaten.
Una vez más se ha demostrado que de poco o nada sirve aprobar leyes democráticas, incluyendo las normas constitucionales, si no existen instituciones robustas ni gobernantes que las acaten.
Es evidente que el objetivo de la dictadura es aislarse sólo de la comunidad de países democráticos. En cambio, con las potencias dictatoriales como China, Rusia e Irán, el régimen estrecha relaciones de toda clase, desde las políticas y económicas hasta las estratégicas y militares.
Las leyes totalitarias se acatan no porque sean racionales y justas, sino porque las imponen por medio de la fuerza bruta estatal. Los que se resisten a obedecerlas son castigados de la manera más severa, con cárcel, torturas, destierro, confiscaciones y no pocas veces inclusive con la muerte.
No nos cabe ninguna duda de que el papa León XIV tiene en su mente y en su corazón a Nicaragua, a su pueblo y a su Iglesia perseguida. Y que cuando sea oportuno, el nuevo sumo pontífice romano mostrará su interés, su cercanía y su compasión con el pueblo nicaragüense…
Siempre y cuando se hagan cumpliendo los necesarios requisitos de calidad, todas las encuestas que se puedan hacer son útiles y necesarias para tener una idea al menos aproximada de cómo andan las percepciones y los sentimientos de la gente sobre los problemas comunes de Nicaragua.
Lo fundamental es que la democracia, los derechos humanos y la libertad de la gente, incluyendo la libertad de la economía, sean colocadas por encima de las ideologías. Y que se gobierne con eficiencia y austeridad, pero también con honradez personal y política.
Los informes sobre las violaciones a los derechos humanos, como los de la CIDH sustentan y fortalecen el expediente de cargos y acusaciones contra la dictadura de Nicaragua, que oportunamente deberán o podrán ser presentados ante la justicia penal internacional.
En un país donde la tiranía ha causado inmenso daño y dolor a tanta gente… es muy difícil “la creación de una cultura de entornos humanos que se conviertan en espacios de diálogo y no de confrontación”, como nos lo demanda el santo padre.
En los años transcurridos desde 1985, Ortega ha dejado atrás sus gafas de diseñador y su retórica comunista, pero ha seguido practicando la opresión característica de todos los regímenes comunistas a lo largo de la historia”.
Del papa León XIV se puede esperar entonces plena comprensión de la problemática latinoamericana, y que muestre mucho amor a la gente más necesitada. Pero también solidaridad con una Iglesia católica como la de Nicaragua… que sufre actualmente la más implacable y cruel persecución de su historia.