Desde que el jueves 8 de mayo el cardenal estadounidense y peruano por elección, Jorge Francis Prevost, fue elegido como nuevo papa de la Iglesia católica, y adoptó el nombre pontifical de León XIV, han llovido saludos de gobernantes de todos los países. Y muchos comentarios con expectativas acerca de cómo será con él la política de la Iglesia y del Estado Vaticano.
En lo que respecta a Nicaragua, cabe subrayar que la dictadura de Ortega y Murillo pareció resistirse a enviar un saludo protocolario al nuevo papa. Hasta que al fin envió un mensaje de dos párrafos que por fortuna no incluyeron ofensas a León XIV.
En cuanto a las expectativas de cómo podría ser la posición del nuevo papa en relación con Nicaragua, las informaciones sobre su trayectoria pastoral y su cercanía con el papa Francisco pueden dar algunas luces de lo que es posible esperar de él.
Sin duda que es muy importante el antecedente del ejercicio de su ministerio misionero y pastoral en Perú durante muchos años. Además, él viajó a Nicaragua en 2012 para reunirse con sus hermanos de la Congregación de San Agustín. Y en 2022, siendo obispo de Chiclayo, suscribió una declaración de la Conferencia Episcopal de Perú respaldando a la Iglesia católica perseguida de Nicaragua y en solidaridad con el pueblo nicaragüense.
Según opinan los expertos, también se puede atisbar el sentido del ejercicio papal del nuevo sumo pontífice por el nombre que escogió para su ejercicio pontifical, León XIV, sin duda que en honor del papa León XIII (1810-1903); el que estableció las bases de la doctrina social de la Iglesia cuando los trabajadores asalariados carecían completamente de derechos reconocidos y eran explotados sin misericordia por el capitalismo en desarrollo.
Pero también es muy importante el hecho de que el nuevo papa es un sacerdote agustino. O sea que pertenece a la Orden de San Agustín que fue creada en 1224 bajo la inspiración teológica y filosófica San Agustín de Hipona (354-430), uno de los principales padres de la Iglesia.
Al respecto el periodista español Bieito Rubido opina que tal vez “León XIV no será un seguidor exacto de Francisco. Ni en las formas ni en el contenido, pero tras él se encuentra la maravillosa síntesis de San Agustín: Dios, amor, unidad y libertad”.
San Agustín consagró el principio de que la fe y la ciencia no son opuestas y no debe haber contradicción entre ellas, sino cooperación beneficiosa. Además, sostuvo y defendió la idea de que la persona humana es “la unión perfecta de dos sustancias, el cuerpo y el alma”. Y precisó “que la Iglesia era una entidad única y legítima, pero que necesitaba ser entendida bajo dos realidades. La parte visible formada por la institución jerárquica y los sacramentos; pero la invisible constituida por las almas de los practicantes”.
“En lo esencial, unidad, en la duda, libertad, y en todo, amor”, era la máxima de San Agustín y que por tanto es la regla de oro del pensamiento y la acción de los miembros de la Orden Agustiniana, entre los que brilla el ahora papa León XIV.
Indican los expertos que los agustinos, igual que los jesuitas a los que pertenecía el papa Francisco, conocen muy bien los problemas sociales de las periferias del mundo, atrasadas, pobres y postergadas. Allí han misionado por mucho tiempo y se han dedicado no sólo a la prédica teológica, sino también, y sobre todo, a la práctica de la caridad y el ejercicio de la educación.
Del papa León XIV se puede esperar entonces plena comprensión de la problemática latinoamericana, y que muestre mucho amor a la gente más necesitada. Pero también solidaridad con una Iglesia católica como la de Nicaragua (la institución y la comunidad de los creyentes), que sufre actualmente la más implacable y cruel persecución de su historia.