El sacerdote dominico Rafael Aragón, nacionalizado nicaragüense desde hace 36 años, se encuentra exiliado en Costa Rica y en estos días denuncia al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Europa. La persecución religiosa ha llevado a que más de 340 sacerdotes se encuentren fuera de Nicaragua. La mayoría tiene miedo de hablar sobre su caso. Nicaragua es un país marcado por la represión y la visión esotérica de la dictadora.
Una de las razones para el silencio forzoso de los religiosos es defender a la familia que quedó en Nicaragua, la que podría ser objeto de represalias. La otra es que los obispos que están en el país les han prohibido hablar, porque hay una estrategia que busca evitar mayores confrontaciones con el régimen, según su análisis.
Aragón tiene 76 años y es originario de Burgos en España. En el viaje a Europa, citado anteriormente, se ha hecho acompañar del profesor indígena Gabriel Putoy Cano. La gira de ambos concluirá en Roma, donde el religioso espera reunirse con el Papa León XIV. Al momento de esta entrevista, el pontífice se encontraba en un viaje en España. Y el dominico le quiere exponer lo que vive Nicaragua.
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Según la abogada Martha Patricia Molina, autora del estudio «¿Nicaragua una iglesia perseguida?», se contabilizaba a inicios de abril la prohibición de más de 28 mil procesiones desde 2019. Al menos cuatro obispos se encuentran en el exilio producto de la persecución del régimen: Silvio Báez (auxiliar de Managua), Rolando Álvarez (Matagalpa), Isidoro Mora (Siuna) y Carlos Herrera (Jinotega y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua).
En Costa Rica, Aragón es parte de una comisión de defensa de los derechos humanos. Desde ese sitio, ellos acompañan a migrantes, refugiados y expulsados nicaragüenses en sus procesos de regularización migratoria y atención humanitaria. Aragón señaló que han sostenido ahora reuniones con representantes de la Iglesia, organismos de derechos humanos y actores políticos en España, Francia, Alemania, Suiza e Italia.
A lo largo de estos años, el sacerdote ha reflexionado sobre lo que pasa en Nicaragua.
Murillo busca transformar la cultura religiosa del país
Para Aragón, la represión ejercida por el régimen Ortega-Murillo no responde únicamente a razones políticas, sino también a un intento de controlar la cultura religiosa y el pensamiento social de los nicaragüenses.
“Mira, lo que quiere ella (Rosario Murillo) es liderar la cultura religiosa desde una visión esotérica y desde un sincretismo religioso”. El padre Aragón considera que esa visión se refleja en los llamados «árboles de la vida», unas estructuras metálicas promovidos por Murillo y que son su símbolo de poder.

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“La visión esotérica ya la transmite con los árboles de la vida. Planta árboles de la vida para acoger las vibras espirituales a su favor. Plantó un árbol de la vida frente a la cruz en el cerro de Jinotega, donde el 3 de mayo los cristianos hacen una gran peregrinación para venerar la cruz”, ejemplificó.
A su juicio, el proyecto (de Murillo) también busca desplazar valores promovidos históricamente por la Iglesia católica, como la defensa de los derechos humanos, la democracia y las libertades públicas.
“Ese es el pensamiento que la Iglesia promovió desde el Concilio Vaticano II (…) y ese es el tema que la Iglesia lanzó en 2018, cuando abrió las puertas para acoger a los manifestantes, solidarizarse con las madres de los caídos, defender a los jóvenes y defender la libertad de los presos”, recordó Aragón.
Aragón se refiere a las manifestaciones que fueron reprimidas por la dictadura. Según la OEA, al menos 355 personas murieron en el contexto de las manifestaciones entre 19 de abril de 2018 y el 31 de julio de 2019. Desde entonces, los abusos cometidos por el Estado han sido documentados por otros organismos como Naciones Unidas.
Religiosidad popular y las cosmovisiones de Murillo
Aragón sostuvo que Murillo intenta impulsar una identidad sustentada en expresiones de religiosidad popular y cosmovisiones indígenas, en contraste con la tradición occidental asociada al catolicismo.
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“Ella tiene otros criterios, otro pensamiento, que quiere unir las cosmovisiones indígenas de los pueblos originarios. Ella piensa que el 80 por ciento de la población de Nicaragua tiene una religiosidad anterior a la llegada del cristianismo en el siglo XV”.
Aragón también vinculó esa visión con la relación entre Nicaragua y China, señalando que no es solamente una relación ideológica, “porque la ideología de Rosario ya no es socialista o comunista; ya no tiene nada que ver con eso”.
«Una visión fascista»
Agregó que, desde su punto de vista, Murillo busca utilizar elementos religiosos para respaldar su proyecto político. “Para mí. tiene una visión más fascista (…) quiere recoger la presencia de lo religioso para legitimar su proyecto”.
Para Aragón, ese proceso implica una transformación cultural orientada a debilitar la influencia histórica de la Iglesia católica.

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“Desde ahí ella quiere plantear toda una manipulación de la cultura de Nicaragua y dominar toda esa transformación cultural que quiere hacer en el país, rompiendo con los 500 años de presencia de la Iglesia, cortando con el liderazgo de la Iglesia y el pensamiento de la Iglesia católica, que se identifica mucho con la cultura occidental”.
Añadió que Murillo pretende “imponer las tradiciones de origen indígena y del sincretismo cristiano de hace 500 años, con la presencia de los españoles, y romper la dependencia de la cultura occidental”.
Al comparar la situación actual con experiencias vividas durante los conflictos armados del siglo pasado, Aragón aseguró que la relación entre el régimen y la Iglesia atraviesa uno de sus momentos más difíciles.
“Viví los años ochenta y creo que la agresividad que manifiesta Rosario Murillo es enorme, que traspasa los problemas religiosos. La dictadura actual no respeta a nadie”.
“Son crímenes de lesa humanidad”
Aragón expresó que la situación de Nicaragua no solo debe entender desde la represión política, sino también desde el deterioro de los derechos fundamentales y la dignidad humana.
“Los derechos fundamentales, para nosotros como cristianos, son la base de la convivencia y la base del Evangelio inserto en las realidades que viven los pueblos. Entonces, hay que defender la dignidad de los seres humanos”, resaltó.
El sacerdote acusó a Murillo de perseguir a quienes consideran adversarios del régimen, y de promover prácticas que buscan excluir a quienes piensan diferente a los dictadores de Nicaragua.
“Rosario Murillo no tiene en cuenta eso y, por eso, está atacando y anulando —más que atacar, exterminando— a las personas que no piensan como ella. Por eso las anula, las mete presas, no cuenta con ellas, ni siquiera habla de que están presas”, dijo.
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Aragón calificó como una grave violación a los derechos humanos las detenciones de opositores y líderes indígenas. “Es lo que ha hecho con la oposición. Es una falta fundamental al respeto de la persona. Son crímenes de lesa humanidad. Terminar con una familia, meter presos a miembros de YATAMA que reclamaban el cuerpo de Brooklyn Rivera, eso es, para cualquier sensibilidad humana, un elemento básico de irrespeto a los derechos fundamentales”.

Asimismo, cuestionó la desnacionalización de ciudadanos nicaragüenses, una medida que considera especialmente grave por sus implicaciones humanas y jurídicas. “Yo estoy aquí (en Roma) con Gabriel Putoy y con otras personas a quienes les han quitado la nacionalidad. Eso es anular a la persona”, destacó el sacerdote.
Expuso que ninguna diferencia política puede justificar la negación de derechos básicos, ya que “la base del humanismo, y también la base del cristianismo, es respetar a las personas y la sana convivencia, valorando en su dignidad a cada ser humano”.
Otros intelectuales como Sergio Ramírez y Gioconda Belli han denunciado que la realidad de Nicaragua está en el olvido desde el punto de vista internacional. Aragón intenta romper lo que llama el «círculo de silencio» que se está generando en torno a la dictadura.
“Lo que hemos hecho nosotros es hablar con obispos, con distintos sectores de la Iglesia y con organismos que puedan ayudarnos a romper ese silencio y a generar solidaridad con los refugiados nicaragüenses y las comunidades indígenas que viven en condiciones de mucha necesidad”, sostuvo el religioso.
La posición del cardenal Brenes
A su juicio, el cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, ha optado por soportar las presiones de Ortega y Murillo para evitar consecuencias más severas contra la Iglesia católica.
“Monseñor Brenes también está en una actitud de aguantar y soportar esas presiones de la dictadura para defender la presencia de los sacerdotes y las propiedades de la Iglesia”, agregó.

Aragón vinculó esa postura con el temor a nuevas represalias y recordó las confiscaciones de propiedades eclesiásticas ocurridas en Matagalpa. “La Iglesia, como institución, quiere defender también las propiedades que tiene. Porque en Matagalpa la represión contra la Iglesia católica ha sido inmensa: nacionalizaron la casa del obispo; La Cartuja, que era el lugar de encuentro de los sacerdotes y de los laicos, un espacio de espiritualidad; nacionalizaron el seminario”, recapituló.
Para el sacerdote, la Universidad Centroamericana (UCA), confiscada a la Compañía de Jesús, fue el lugar donde se promovía la cultura de los derechos humanos, del Estado social de derecho, democracia, toda esa cultura de los pueblos occidentales de Europa y Estados Unidos. “Con eso quiere terminar Rosario (Murillo)”, concluyó.