El ascenso al poder de la dictadora Rosario Murillo | La Prensa

El despiadado ascenso al poder de la dictadora Rosario Murillo

Para llegar a donde está, Rosario Murillo renegó de su hija, pulverizó el círculo cercano de su esposo, ordenó la cruel represión contra los nicaragüenses que piensan distinto y estableció su particular religión como asunto de Estado.

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Dos décadas antes de convertirse en la principal dirigente de la dictadura, Rosario Murillo llamaba la atención por su estilo kitsch, sus manos llenas de anillos, sus creencias esotéricas y su tendencia a compartir algunos artículos políticos en internet, que empezaban con la extraña nota de que los escribió en “luna nueva” o la fase lunar que correspondiera.

Se desempeñó como maestra de ceremonias de su marido Daniel Ortega en los actos de celebración del 19 de julio, que convocan a los nostálgicos revolucionarios que hicieron posible la caída de la familia Somoza en 1979. Pero ella, además de eso, fue su consejera de imagen y la arquitecta de sus campañas electorales. Sin embargo, no perteneció al círculo de conspiradores que adulaban al caudillo y trabajaban en su seguridad.

¿Cómo entonces se convirtió en la mujer más poderosa de Nicaragua? Hay varios puntos de vista sobre su ascenso político, que lo atribuyen al respaldo de Ortega, a su propio ejercicio autoritario, a que también supo siempre conspirar, a la ambición y a que pasó inadvertida al principio para el resto de los miembros del partido.

“Ella ha sido subestimada tanto por la oposición como por el interior del sandinismo. Quizás incluso más que el propio Ortega. La principal razón es que no desempeñó un papel destacado en la lucha contra Somoza. Además, sus excentricidades, por decirlo de alguna manera, siempre han hecho que muchos no la tomen en serio. Sin embargo, ha demostrado tener una determinación y una fiereza brutales”, explica el sociólogo y economista nicaragüense Douglas Castro, de 38 años, estudiante de doctorado en asuntos globales de la Universidad de Oxford.

Murillo tiene 74 años. Es Cáncer. Dicen que las personas bajo este signo zodiacal se dejan llevar por sus emociones. Son también “leales” y “protectores”. Representa el ejercicio autoritario del poder en su familia. Uno capaz de cambiar el paisaje urbano, como evidencian los “árboles de la vida”. Son estructuras metálicas de 21 metros que se convirtieron en un símbolo del mando de la “compañera”, como la llaman las bases sandinistas. Inició escribiendo discursos, luego decidió cosas, despidió ministros, regañó a funcionarios en público y hasta dictó a la propaganda ideas que tenían que repetir sus fanáticos, aunque fuesen disparates.

Uno de los casos más emblemáticos ocurre cuando un sandinista muere. Según sus designios, había que aceptar que pasaban a “otro plano de vida”. ¿Qué pasó entonces con Hugo Chávez y Fidel Castro, mentores del sandinismo? El oficialismo los llama desde hace tiempo… ¡“comandantes eternos”!

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Quienes la conocen afirman que nada escapa a su control. Para empezar, la vida de sus nueve hijos. Ellos participan como funcionarios del régimen o son empresarios en la red de medios de comunicación con los que intenta controlar el discurso y que tienen al Estado como cliente. La excepción es Zoilamérica, quien vive exiliada en Costa Rica, a causa de la persecución del Estado dirigida por su propia madre.

En 1998, Murillo respaldó a Ortega, cuando Zoilamérica lo denunció por violación. Aquel caso, que terminó en la impunidad, marca uno de los hitos que permitió que ella lograra consolidar el actual binomio político.

La relación de Ortega se convirtió en dependencia con Murillo por tres incidentes que resultaron determinantes. En los ochenta, ambos mantuvieron conflictos que se habían presentado en el gobierno. Según el periodista Fabián Medina, autor del libro El preso 198, sobre el caudillo, testigos le aseguraron que ella le vaticinó a su marido la derrota electoral de 1990.

El otro impacto personal fue en 1994 cuando él sufre un infarto y desarrolla miedo a la posibilidad de morir.  Desde entonces, públicamente entre ambos hay una relación donde predomina la lealtad. Ahora Murillo está al mando.

Después de un viaje a Cuba, el caudillo sandinista se descubre el pecho en 1994 ante los periodistas para demostrar los rumores de una operación a corazón abierto. Ese año, él sufrió un infarto. Foto/Archivo Personal/Oscar Navarrete

El año pasado, Ortega cumplió 80 años. Ha reducido sus comparecencias públicas. Con ella pasa lo contrario. Asumió en febrero el puesto de “copresidente”, un cargo único en América Latina, a través del cual se niveló jerárquicamente con su marido. Igual que él, entiende el poder como el que impone su voluntad a la fuerza contra todos sus adversarios.

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“El poder de esta familia radica en la violencia. Y en eso han jugado con toda la ventaja, porque no han tenido resistencia en esa materia. El aparato político de Ortega, su núcleo duro, es sobre todo un aparato de violencia, gente que viene de la seguridad, la defensa y la inteligencia, es decir, especialistas en la conspiración y la coerción”, añade Castro.

Ella también conspiraba, pero acumuló en estos años experiencia administrativa. Dirigió el gabinete de ministros, los alcaldes, y su equipo de trabajo en el Consejo de Comunicación y Ciudadanía. Pero asumió al mismo tiempo las redes territoriales del partido.

El disparate de la “Copresidencia”

A partir de la nueva Constitución, el FSLN fortaleció el aparato represivo, eliminó la independencia de poderes y fomentó un estilo personalista de mando con la nueva firma de la “copresidenta”. “Lo de ‘copresidentes’ es una ocurrencia descabellada que busca disimular la naturaleza totalitaria del régimen Ortega Murillo. Es absurdo pensar que en Nicaragua exista un modelo de ‘copresidencias’ como el suizo, que es el único de su tipo en el mundo”, dice el expresidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís.

En efecto, Suiza se rige por normas democráticas. En el país europeo existe un Consejo Federal, integrado por siete miembros y la presidencia se rota anualmente entre los miembros del ente colegiado. Las funciones son representativas. Solís, quien es politólogo e historiador, añade que el presidente de ese país actúa “sin más poder que sus colegas, como un primus inter pares (primero entre iguales)”.

Por el contrario, los Ortega Murillo son una referencia en América Latina, pero en la persecución de opositores y graves abusos de derechos humanos. Es frecuente que se les compare con Elena y Nicolás Ceaușescu, la pareja de sátrapas que dirigió Rumania entre 1965 y 1989.

Al analizar el tema de la sucesión, Solís no caracteriza a Ortega y Murillo como una dictadura clásica latinoamericana. “Lo que ocurre en Nicaragua es un intento de sucesión dinástica; un proceso que se parece más a una monarquía absoluta que a una dictadura clásica. Tal fue claramente el caso de los Somoza, de los Duvalier en Haití, y pudo haber sido el caso de Trujillo en la República Dominicana, pues preparaba a su hijo Ramfis para sucederlo cuando fue asesinado”, añade el exgobernante.

Para el político costarricense, hay otros ejemplos en Eurasia (como los de Tadjiquistán, Turkmenistán o Kajastán). “Es decir, el caso nicaragüense no refleja los despotismos latinoamericanos que en muchos casos —por ser militares— han sido llamados ‘bonapartistas’”, reafirma Solís.

El rostro del “vamos con todo”

La violencia es un rasgo que ha caracterizado entonces su perfil político. En 2018, la economista Ligia Gómez se desempeñaba como gerente de investigaciones del Banco Central de Nicaragua (BCN). Fue citada con otros militantes de su partido a una reunión del Consejo de Liderazgo Sandinista en el parque japonés en Managua. Una crisis se desarrollaba, mientras miles de manifestantes protestaban inconformes con el régimen. Fidel Moreno, el secretario de organización del FSLN, les transmitió las órdenes de Murillo. “Vamos con todo”, les dijo.

Esto se tradujo en una brutal represión. Según la OEA, 355 personas fueron asesinadas en el contexto de las protestas, entre el 18 de abril de 2018 y el 31 de julio de 2019. El testimonio de Gómez se conoció meses después en la comisión Tom Lantos de Derechos Humanos del Congreso de Estados Unidos.

“Murillo en público hablaba de amor, paz y reconciliación en las cadenas radiales, con un lenguaje cargado de colores y de sentimientos que pretendía mostrarla como un personaje cercano y protector. Puertas adentro, yo conocí otro rostro: el de una persona voluble, que modificaba sus orientaciones constantemente y exigía obediencia absoluta. En abril de 2018, la expresión ‘vamos con todo’ sonó muy distinta a la voz que antes predicaba amor. Para mí fue la prueba de la manipulación de su discurso”, sostiene Gómez.

Murillo fue sancionada por Estados Unidos, la Unión Europea y Suiza por los abusos cometidos contra los ciudadanos.  Sin embargo, las violaciones de derechos humanos han continuado: centenares de presos políticos, perseguidos a quienes se les ha privado de su nacionalidad, destierros, confiscaciones, vigilancia política, apatridia de facto y represión trasnacional. Todo esto bajo el sello de un régimen compartido por dos.

Los árboles de la vida, símbolo oficial del gobierno, han sido el blanco de los protestantes, quienes han derribado varios en el transcurso de las protestas. LAPRENSA/R.Fonseca
En las protestas de 2018, la población tiró los árboles de lata mandados a instalar por Murillo. Son un símbolo de su poder. El régimen respondió con represión. LAPRENSA/ARCHIVO

En abril de 2025, el grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua, creado por Naciones Unidas, dijo que Ortega y Murillo han instrumentalizado sistemáticamente el aparato estatal para mantenerse en el poder y han consolidado un control absoluto sobre la población, mediante una represión generalizada y una extensa red de vigilancia, formada por estructuras partidarias y grupos armados.

De acuerdo con ese documento, 54 funcionarios de la dictadura fueron identificados como responsables de la represión sistemática en Nicaragua. Ortega y Murillo están a la cabeza.

Su personalidad y los años en la Revolución

En su faceta como funcionaria, a Murillo le gusta trabajar de noche y ponen como ejemplo su costumbre de supervisar los altares dedicados a la Virgen María que manda a instalar en la Avenida Bolívar en Managua. Gómez la describe en el ámbito de la relación con sus subordinados como una persona que concentraba todas las tareas, vertical e impredecible, y que solía enviar emisarios para vigilar que se cumplieran sus órdenes. Provocaba miedo. Eso contrasta con sus discursos, en los que suele citar palabras como mística, amor o revolución.

La poeta Murillo perteneció al grupo literario antisomocista conocido como Gradas. Murillo tenía 28 años cuando cayó la tiranía de la familia Somoza. ¿Cómo marcó esto su vida? En sus escritos políticos de mediados de la década del 2000 suele equipar la gesta colectiva con un mito. El 19 de julio de 2003 dijo, por ejemplo, que tuvo el “privilegio y el honor de ser llamados para escribir los poemas más extraordinarios”, refiriéndose al derrocamiento de la dinastía somocista.

Su sandinismo se explica por tres razones: sus creencias políticas; su relación con Ortega —el principal dirigente de la Dirección Nacional del FSLN—, pero lo esencial es su parentesco con el general Sandino. Es hija de Teódulo Murillo y Zoilamérica Zambrana Sandino, sobrina del héroe nacional. De ella aprendió el gusto por la poesía y el esoterismo. Echaba las cartas, según un reportaje de la revista Domingo. Por lo tanto, no es difícil imaginar que se viese a sí misma como parte de una especie de realeza revolucionaria.

Pero quizás muchos la recuerdan porque fue secretaria de Pedro Joaquín Chamorro, el director asesinado del Diario LA PRENSA, o por sus riñas con el gran poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, cuando este fungió como ministro de Cultura y ella era la secretaria general de la Asociación de Trabajadores de la Cultura. Lo persiguió aún después de muerto y esa sed de venganza se convirtió en un retrato de sí misma.

El enfrentamiento con el sandinismo histórico es otro capítulo de su vida. Este posee varios momentos. Al principio desafió a la dirigencia, que no terminaba de aceptarla. En febrero de 2004, Murillo se pronunció por el asesinato de Carlos Guadamuz, amigo cercano de Ortega, quien fue ejecutado por el exmiembro de la Seguridad del Estado, William Hurtado.

“Los tristes, trágicos, acontecimientos de las semanas anteriores han dejado en mi boca un más que amargo sabor. Por un lado, mi conciencia rechaza estos actos de brutalidad e incultura, y por otro, nuestra familia, y vos y yo (Daniel), somos víctimas expuestas, indirectos y directos, de la barbarie y sus consecuencias”, escribió el 26 de febrero de 2004.

Sin embargo, Hurtado recibió un trato privilegiado en la cárcel y finalmente lo liberaron y así el crimen quedó en la impunidad.

A lo largo de su vida política, Murillo tuvo fricciones con Tomás Borge, Lenín Cerna —según reportes periodísticos lo echó de su oficina—, y Bayardo Arce, quien se encuentra encarcelado actualmente por supuesta corrupción que durante décadas fue investigada por los medios independientes, pero ignorada por el Estado hasta que se aceleraron las “purgas”, atribuidas a órdenes de ella para colocar a fichas que le fuesen más leales. Otro ejemplo de las discrepancias con este sector fue su cuñado Humberto Ortega, quien falleció convertido en un preso del régimen, después que dudó que ella pudiese suceder a su hermano en una entrevista con el periodista Fabián Medina para Infobae.

10 de enero de 2011. Ortega y su esposa formaron un binomio en el poder, que se ha caracterizado por su crueldad. Foto/Archivo personal de Oscar Navarrete.

Todo eso fue posible, porque el marido le abrió la puerta del poder desde el 10 de enero de 2007. La nombró coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, a través de un decreto presidencial. Con eso obtuvo amplio control sobre las instituciones del Ejecutivo, prohibía entrevistas a los funcionarios públicos, pedía informes a los mismos para hacer reportes sobre los supuestos logros del régimen. Su monólogo cotidiano en los medios oficialistas era una mezcla de propaganda con un discurso religioso y ataques a sus adversarios cuando subía el tono. Desde el poder, se acercó a la Juventud Sandinista, otra extensión de su poder, que fortaleció para ir superando a los veteranos sandinistas que idolatraban a su marido.

En 2016 se convirtió finalmente en candidata a vicepresidenta y fue elegida por un fraude electoral. El primero que anticipó de que ella sería la candidata fue el sociólogo Oscar René Vargas en el reportaje “Rosario Murillo y su futuro inmediato”. Eso ocurrió el 31 de julio de aquel año y en ese documento la excomandante guerrillera Mónica Baltodano describe a Murillo, en el manejo de las cosas cotidianas del poder como “despótica, autoritaria. Humillante para todos los demás funcionarios del Estado. Es la única que puede hablar”.

La sucesión

Aunque se sepa desde 2016 que ella es la heredera de Ortega, la continuidad de la dinastía está en veremos. Ella ha promovido a su hijo Laureano como el enlace con las relaciones diplomáticas con China, Rusia e Irán. Muchos creen que él será quien continuará. Pero en política nada se puede asegurar.

“Si nada cambia, es perfectamente factible que tengan éxito en su proyecto de sucesión autoritaria dinástica. Eso sí, ese proyecto no es a prueba de todos y la dictadura hace aguas por varios lados y el desgaste es claramente notable”, afirma el sociólogo Douglas Castro.

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En Venezuela, por el contrario, el sucesor no pertenecía a la misma familia. Antes de morir, Hugo Chávez designó a Nicolás Maduro en 2013. Se concibió la idea de que la continuidad debería hacerse a través de las elecciones. Pero en el 2024 se irrespetaron los resultados. La politóloga Colette Capriles comentó que este proceso de sucesión ha tenido escisiones como con Rafael Ramírez, expresidente de Petróleos de Venezuela, en 2014. Sin embargo, Maduro consolidó su liderazgo con el apoyo de las Fuerzas Armadas.

“Igualmente, sigue vigente la coalición o cúpula del poder con una división del trabajo o áreas de influencia para cada uno de sus miembros. La otra característica es que la sucesión debía hacerse por vía electoral y conservando la legitimidad popular. Esta última condición, como ya sabemos, se rompe en 2024 y estamos en consecuencia de nuevo ante un problema sucesoral si es que persiste la voluntad del madurismo de permanecer en el poder”, añadió Capriles en diciembre.

A inicios enero, aviones de Estados Unidos bombardearon Caracas y capturaron al dictador venezolano. La sucesora no provino de las filas de la oposición, sino que resultó ser Delcy Rodríguez. Ella hacía parte del círculo que rodeaba al antiguo tirano, entre quienes estaba Jorge Rodríguez (su hermano), Diosdado Cabello, el general Vladimir Padrino, y el grupo de la ex primera dama Cilia Flores (quien fue capturada con su marido).

2012. Rosario Murillo saluda al público, mientras su esposo Daniel Ortega se cuadra ante su benefactor, el dictador venezolano Hugo Chávez Frías. Ese año, el dictador en su primera reacción ilegal. Foto/Archivo Personal Oscar Navarrete.

Para Capriles, la sucesión se diferenciaba de Cuba y Nicaragua, porque al darse elecciones la oposición quedó legitimada. “A pesar del deterioro del voto como mecanismo de decisión, sigue habiendo en Venezuela el espíritu de que el pueblo debe ser el decisor, aunque su decisión no haya sido respetada… No es el caso en Cuba, en donde no hay una oposición organizada. El caso de Nicaragua es peculiar, porque se remite más a un poder familiar o de clan y la sucesión se plantea como dinástica”, dijo antes que ocurriera el operativo.

El exembajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA), el cubano Guillermo Belt, afirma que el general Raúl Castro es quien tiene el poder real en la isla. Mandó una carta al Comité Central del Partido Comunista sugiriendo que no se realice el congreso en abril de 2026 y nadie se atrevió a contradecirlo, aunque oficialmente se encuentra “retirado”.

Sin embargo, Solís hace énfasis en que “en Nicaragua el dominio de Ortega y Rosario Murillo es mucho más vertical. Por eso he dicho que es una ‘dictadura monárquica absolutista’”. El 21 de febrero de 2025, ambos firmaron el decreto número 28-2025. Ese documento pasó a la historia no por lo que decía —eso nadie lo recuerda—, sino porque fue el primero firmado por dos “presidentes”.

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COMENTARIOS

  1. Hace 5 meses

    Hugo Chávez no designó a Maduro como su sucesor. Fidel Castro designó a Maduro como sucesor de Chávez. Maduro, el cual sufre de dislexia, fue uno de los adolescentes reclutados en toda Latinoamérica que fueron llevados a Cuba a inicio de los 80 para convertirlos en agentes del G-2 cubano. Maduro fue introducido por Fidel Castro en el círculo de Chávez. Es más, la enfermedad de Chávez fue provocada por el G-2 cubano para eliminarlo y poner a Maduro como sucesor de Chávez.

  2. Hace 5 meses

    Notese el uniforme de miliciana que parece haber recién sacado de la dry cleaning y no luce el uniforme como el de un soldado que está ingresando fatigado de un fuerte combate. Toda la guerra civil de 1979 la pasó oculta en San José huyendo de la Guardia Nacional. Es perturbada mentalmente por toda la marihuana que ha fumado desde sus años de adolescencia en la Tortuga Morada. La marihuana elimina las neuronas según estudios académicos.

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