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La dictadora Rosario Murillo ordenó más represión contra el pueblo nicaragüense para este año 2026 y un reforzamiento en la estructura de su partido el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), según el borrador de un escrito del Consejo de Comunicación y Ciudadanía que hicieron circular en días pasados, en el cual incluso pide «aportes».
El dictador Daniel Ortega cumple 19 años consecutivos en el poder este 2026, que ahora comparte con la dictadora Rosario Murillo, después de que las recientes reformas a la nueva Constitución de Nicaragua le otorgaran en el Estado un mismo nivel jerárquico que Ortega y la designan como «copresidenta».
Bajo ese contexto, Murillo instó a su militancia a mantenerse unidos y fortalecer la represión y el control territorial en Nicaragua en todos sus niveles; orienta cómo será la relación con las iglesias y cómo las instituciones deben aparentar que Nicaragua vive una realidad normal y festiva, mientras describe a su partido como un «patrimonio inmortal».
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«Fortalecemos, ampliamos la organización territorial FSLN, su juventud, sus brigadas voluntarias (…) para evolucionar hacia todos los nuevos e indispensables triunfos», se lee en el documento, al que tuvo acceso LA PRENSA.
Al respecto, el politólogo nicaragüense José Antonio Peraza asegura que el planteamiento que hace el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo solo es estructurar y repetir la misma dinámica que ya mantienen contra el pueblo nicaragüense: represión y control.
«Si no hay una presión más grande de la que hay en este momento, básicamente va a ser lo mismo, más represión, más personas siendo excluidas para que regresen al país, mayor control territorial, mayor persecución a los opositores, mayor cantidad de gente firmando en la Policía», asegura Peraza, quien también prevé mayores visitas del oficialismo a los opositores para intimidarlos.
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Agrega que este «no es un documento que muestra seriedad en el sentido de que de ahí va a partir algo novedoso para Nicaragua» y que contiene el lenguaje rebuscado, propio de la dictadora Rosario Murillo.
«Salvo que muera Daniel Ortega, que es una posibilidad, el régimen va a seguir con su misma dinámica, represión y control de todo tipo en las fronteras, en el territorio, en las ciudades, en las organizaciones políticas, las iglesias, etc.», agrega.
El politólogo insta a la oposición a que se organicen mejor y que gestione una coordinación de acciones para hacerle frente a la dictadura. «La oposición debe avanzar hacia otro nivel de organización, de coordinación y de vinculación con las personas que aún permanecen dentro de Nicaragua», enfatiza.
Un congreso del FSLN
La dictadora Rosario Murillo cumplirá este año su primer aniversario desde que oficialmente se le designó como «copresidenta», un cargo de poder que ya ejercía de facto desde años atrás.
En su escrito, Murillo orienta a un congreso del FSLN que se realizará el próximo 21 de febrero y que llevará por nombre «Viva Sandino»; también indica que se realizarán encuentros por ámbitos a partir de enero.
La codictadora asegura que, desde enero y todo el año, realizarán una jornada de «festejos», entre ellos, el «encendido» de los mal llamados, árboles de la vida, además de caminatas. Les dicen también arbolatas y son estructuras metálicas que representan su poder en el Estado y que son instalados a un costo millonario para el país.
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Durante este año 2025, el régimen quiso mostrar la apariencia de un país seguro, alegre y con los mejores destinos turísticos. Sin embargo, la realidad fue otra. La represión, persecución y el hostigamiento se mantuvo contra el pueblo nicaragüense y hasta con sus aliados históricos.
Su relación con la Iglesia en Nicaragua
El régimen, a través de Rosario Murillo, asegura que su relación con las iglesias en Nicaragua dependerá este 2026 del respeto mutuo. «Cada cual en su espacio, sin injerencias, interferencias o afán de confusión, manipulación o dominio», señala el documento.
Este ordenamiento confirma la represión que ha ejecutado y mantiene el régimen en contra de la Iglesia católica y los jerarcas católicos, quienes se han pronunciado y han apoyado la causa por una Nicaragua libre, con justicia y respeto a los derechos humanos.
Martha Patricia Molina, abogada e investigadora nicaragüense en el exilio, asegura que este nuevo año no transmite esperanza para la comunidad religiosa en Nicaragua y prevé que se puede esperar igual o peor represión para Nicaragua. «A pesar de que la dictadura habla de respeto mutuo, mantiene el acoso contra los pastores y sacerdotes; y la interferencia en el desarrollo de las actividades tradicionales de las iglesias como procesiones», señala Molina.
La investigadora, quien ha documentado la represión del régimen contra la Iglesia católica de Nicaragua, señala que este 2025 hubo 1,030 ataques y agresiones. Además cifra en 18,808 las procesiones y actos de piedad popular que han sido prohibidos; e indica que 304 sacerdotes y monjas dejaron de ejercer su ministerio pastoral y que la dictadura ha confiscado 43 propiedades.
«Si piden ellos respeto al espacio de cada institución entonces que empiecen por no ejercer injerencia en la Iglesia católica y que regresen las propiedades confiscadas, el dinero de las cuentas bancarias robadas a la Iglesia, que dejen entrar a los sacerdotes y monjas a quienes ellos han corrido del país con sus amenazas y procesos penales amañados, que permitan a la Iglesia salir en procesión el 1 de enero y demás fechas», indica Molina.
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La abogada insta al régimen a que deje en paz a la Iglesia. Que cese el acoso contra los sacerdotes y laicos, que dejen de obligar a los sacerdotes a que informen su itinerario diario y de intimidar a los niños monaguillos haciéndolos firmar documentos.
2025 también estuvo marcado por las purgas en las instituciones, atribuida precisamente a Murillo, las cuales se realizaron supuestamente para acumular más poder, según sus críticos.