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Casi al final del año 2025, Daniel Ortega ha comparecido 22 ocasiones. La dinámica siempre ha sido la misma: discursos largos, aburridos, mentiras históricas y con los mismos personajes: Augusto C. Sandino, William Walker, Benjamín Zeledón y, a la par de los héroes nacionales, incluye al expresidente venezolano, Hugo Chávez, su aliado y socio ideológico que ayudó a forjar la dictadura de Nicaragua con millonarios fondos de Venezuela.
Son mencionados con la intención de reivindicar el antintervencionismo con que justifica la campaña de represión creciente desde 2018, el año de la mayor crisis desatada por la dictadura. Después de la masacre, el régimen ha sostenido que fue víctima de un golpe de Estado. Pero las evidencias demuestran que se trató de un ataque sistemático y organizado para sofocar cualquier tipo de disidencia. La comunidad internacional señaló la comisión de delitos de lesa humanidad.
Según un análisis realizado por LA PRENSA sobre los discursos del dictador, en las 22 ocasiones en las que compareció públicamente en actos de distinta naturaleza, redundó sobre nueve temas, incluyendo acontecimientos históricos. Los repitió de manera constante, pero ni la narrativa resultó entretenida ni tampoco hay que dar por cierto todo lo que dice.
Sandino en el primer lugar
La guerra del general Augusto Calderón Sandino y la intervención norteamericana ocuparon el primer lugar de las menciones, como una forma de darle respaldo ideológico y plantear a la dictadura Ortega Murillo como heredera de los planteamientos del personaje histórico. Es constante la mención del tema de su magnicidio el 21 de febrero de 1934.
El análisis de LA PRENSA detalla que las peroratas de Ortega siempre repiten lo mismo. Eso hace cansado su discurso.
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Este año, de las 22 veces que compareció, habló en 20 ocasiones sobre la guerra de Sandino. En segundo lugar de sus preferencias estuvo la invasión de William Walker y los filibusteros, en 17 ocasiones. A la par de estas menciones está la crisis sociopolítica, que estalló hace más de siete años. Esta sigue teniendo protagonismo en sus discursos. En 2025 se refirió en seis ocasiones a lo que la dictadura denomina como “intento de golpe de Estado”, y atacó en cinco discursos a los jerarcas de la Iglesia católica. Esto se explica porque fueron los sacerdotes quienes recibieron a las víctimas de la represión en las parroquias y al mensaje de los obispos solidarios con las víctimas.
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Imprecisiones
El discurso de Ortega está lleno de imprecisiones, errores históricos y manipulaciones. En al menos tres ocasiones este año, Ortega vinculó al filibustero William Walker con el Ku Klux Klan, un grupo terrorista supremacista blanco de extrema derecha estadounidense, conocido por promover, mediante actos violentos y propagandísticos, el racismo, la xenofobia y el antisemitismo, así como la homofobia, el anticatolicismo y el anticomunismo.
Sin embargo, Walker no pudo haber pertenecido al Ku Klux Klan, ya que el grupo surgió después de 1865, tras la Guerra Civil estadounidense. Walker, quien se autonombró presidente de Nicaragua y quemó en su momento la ciudad de Granada, fue fusilado en Honduras el 12 de septiembre de 1860.
El 23 de junio, el dictador Daniel Ortega aprovechó su discurso para exaltar a Rusia, China e Irán, sus aliados ideológicos y quienes lo han respaldado con su visión de la defensa de la soberanía, con el cual en la práctica impone la represión. Durante su intervención, afirmó que el Ejército Rojo y la República Popular China “vencieron a Hitler” durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, esta afirmación carece de sustento histórico, ya que la República Popular China no existía en 1945, año de la rendición de la Alemania nazi.
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Alabanzas a aliados
Las intervenciones de Ortega también funcionan para lanzar elogios a sus aliados, ya sean latinoamericanos o extrarregionales, como China. El régimen mencionado con mayor frecuencia es Venezuela. Ortega dedicó 11 discursos para referirse a su aliado, el dictador Nicolás Maduro.
Ortega mencionó la cooperación venezolana y equiparó a Maduro con David para “enfrentar al Goliat imperialista”. A la vez, se solidarizó con él ante las presiones de Estados Unidos, especialmente tras el despliegue de fuerzas militares en el Caribe por parte de la administración de Donald Trump.
China fue mencionado en 10 ocasiones en sus discursos. De forma constante, se refirió al gigante asiático como una “potencia hermana y la mayor potencia que lucha por la paz y la solidaridad”. En este caso no es antimperialista como con Estados Unidos. El dictador añade que la cooperación china no tiene condiciones políticas, aunque omite que una de ellas fue el rompimiento de relaciones con Taiwan y tampoco menciona que la relación se ha basado en el endeudamiento y que no ha podido reemplazar la que Nicaragua ha tenido históricamente con Washington, su principal socio comercial.
Rusia menos destacado que Cuba
Cuba ocupa el tercer lugar, con nueve menciones en los discursos. El dictador la presenta como “el ejemplo heroico más sólido y firme de resistencia frente al imperialismo, sufriendo un bloqueo criminal”. Pero todo es un contrasentido en la isla, empezando por el concepto mismo de revolución, usado para describir a una dictadura que ha permanecido en el poder desde enero de 1959.
Rusia solo fue mencionada en ocho discursos y la presentó como una gran potencia. Además, agradeció la instalación del Centro de Capacitación del Ministerio del Interior de Rusia en Nicaragua, que según analistas consultados anteriormente por LA PRENSA, es un posible centro de espionaje. En el caso de Irán, al que mencionó en tres ocasiones, el dictador lo describió como una “enorme nación sometida a la agresión de Israel y Estados Unidos bajo el pretexto de que desarrollaba armas atómicas”.
Las menciones a sus aliados precisamente siguen una línea clara de ataque contra Estados Unidos.
El autoaislamiento frente a organismos internacionales
En sus discursos de este año, Ortega reiteró sus ataques contra el sistema internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, al que describe como un entramado funcional a los intereses de las potencias.
Ortega señaló específicamente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y a los organismos multilaterales como estructuras débiles, selectivas y subordinadas al poder militar y nuclear. En tono abiertamente despectivo, cuestionó la utilidad misma del organismo, al que definió como un “instrumento de los países imperialistas”. En realidad, la comunidad internacional le ha demandado que rinda cuentas por los abusos cometidos por su dictadura, a partir de 2018.
Uno de los ejes recurrentes de Ortega fue la denuncia de la “hipocresía” del sistema multilateral. Ortega afirma que el sistema ejecuta con rapidez las resoluciones que favorecen a las potencias —como, a su juicio, ocurrió con la intervención militar en Libia y el asesinato del dictador Muamar Gadafi—, mientras desatiende decisiones respaldadas por amplias mayorías, como el levantamiento del bloqueo a Cuba.

La Corte de La Haya
La Corte Internacional de Justicia de La Haya ocupó un lugar ambivalente en este relato. Ortega recordó con insistencia el fallo favorable a Nicaragua en los años ochenta, cuando la Corte condenó a Estados Unidos por la guerra encubierta y ordenó una indemnización millonaria que Washington nunca pagó. Ortega presenta ese incumplimiento como prueba de que el derecho internacional solo se aplica cuando conviene a los imperios. Sin embargo, el propio mandatario reconoce que Nicaragua ha sabido utilizar ese mismo tribunal “para obtener victorias jurídicas clave”, particularmente en la delimitación de territorios marítimos.
En el ámbito hemisférico, Ortega también dirigió sus críticas a la Organización de los Estados Americanos (OEA), a la que acusa de silencio y omisión ante el trato dado a migrantes venezolanos enviados a El Salvador, país que describe como una “cárcel de inmigrantes”.
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Los actos a los que asistió
En conjunto, los actos en que Ortega participó en 2025 correspondieron principalmente a eventos de carácter político-ideológico, militar y de alineamiento internacional. No fueron espacios de gestión pública ordinaria o deliberación institucional. Una parte significativa de su agenda estuvo marcada por tomas de posesión, ascensos y conmemoraciones vinculadas a las Fuerzas Armadas y a la Policía, lo que refuerza el papel central que los aparatos de seguridad ocupan en la narrativa y en la estructura de poder del régimen. Es decir, siempre estuvo rodeados de militares, lo que proyecta la imagen de que su poder descansa en el control de las armas.
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Las ausencias de Ortega son también destacables. Por ejemplo, el 19 de mayo no estuvo ausente por primera vez en 45 años en el acto del natalicio de Sandino, el personaje favorito de sus discursos. Tampoco se presentó a la inauguración del paso a desnivel Julio Buitrago en Managua, el 25 de agosto, después de ocho cancelaciones previas. Además, por primera vez desde que llegó al poder en 2007, se suspendió acto oficial del Día de la Independencia (14 de septiembre), alegando mal clima. El 2025 cierra con el dictador superando los 80 años, con una participación cada vez menor en actividades públicas, mientras Murillo hace ostentación de su poder.