Unas personas juegan con un cometa en el paseo de “Los Estudiantes” teniendo como fondo unos Árboles de la Vida y el lago Xolotlán. Foto: AFP / La Prensa.

Otros diez arbolatas para exaltar el ego de Murillo y 19 años de dictadura

Estructuras metálicas cuestan 25,000 dólares cada una. El Estado gastará un cuarto de millón de dólares más para exaltar su símbolo de poder. Defensores de derechos humanos coinciden en valorar la decisión como acto de “soberbia” 

El régimen de Nicaragua ordenó la instalación de otros 10 árboles de la vida, un símbolo del poder de Rosario Murillo, con el fin de conmemorar en enero que ella y su esposo Daniel Ortega cumplen 19 años en el poder. 

En las últimas décadas, la pareja ha convertido el sistema político nicaragüense en una de las dictaduras más crueles y longevas del continente. Una paradoja con su propia historia política, porque Ortega subió al poder en los años ochenta, después del derrocamiento de otra dictadura: la somocista. 

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Las estructuras metálicas pueden medir 18 o 20 metros y representan un gasto para el erario. Según una investigación de LA PRENSA, se instalaron 200 el año pasado a un costo de 25, 000 dólares cada una. Eso representó un gasto de 5 millones de dólares. Ahora deberá sumarse al menos 250,000 dólares.

Estas estructuras son conocidas popularmente como “arbolatas” o “chayo palos” por Murillo. Ella anunció que las nuevas se colocarán en distintos puntos de Managua como El Crucero, Loma de Tiscapa, la pista héroe de la insurrección, en el retorno del mercado Israel Lewites. Pero también lo harán en Masaya, Niquinohomo y Diriamba.

La decisión fue calificada por defensores de derechos humanos como “la exhibición de la soberbia y la prepotencia del poder”. Según el abogado Gonzalo Carrión, miembro del equipo de coordinación del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, no hay nada que celebrar para la ciudadanía, porque se trata más bien de un acontecimiento del poder dinástico. “Es la exhibición de un poderío que también es derroche”, agregó.

Uriel Pineda, otro conocido experto de derechos humanos, no sabe si interpretarlo como soberbia o “temor ante el contexto internacional actual, ante lo que se vislumbra como una eminente salida de Nicolás Maduro. Eso tendría un impacto colateral directo en Nicaragua”, opinó.

Pineda se refiere al despliegue militar de Estados Unidos en el Mar Caribe con que la administración de Donald Trump presiona a Maduro, luego de declararlo narcotraficante. El dictador venezolano, socio político de Ortega, permanece en el poder de manera ilegítima tras el fraude electoral del 28 de julio de 2024.

El control total disfrazado de populismo

Murillo comentó ante los medios oficialistas: “10 árboles de la vida representando o marcando el aniversario 19 del pueblo presidente, en esta segunda etapa de nuestra revolución y de nuestro pueblo en el gobierno”.

El término “pueblo presidente” es la manera populista con que Ortega definió su administración, en la que enfatiza discursivamente que dan continuidad a la revolución como llaman a los diez años de su primer período en el poder, surgido tras el derrocamiento de la familia Somoza en 1979 y el ascenso al poder del FSLN.

Murillo cumplirá también en enero 11 meses desde que asumió formalmente el poder absoluto. Luego de las reformas a la Constitución, se niveló jerárquicamente a su esposo en el organigrama del Estado con el mal llamado cargo de “copresidenta”.

“Son 19 años de abusos, de sistemática represión en los últimos casi 8 años el próximo abril, el pueblo no tiene nada que celebrar, aunque ellos hablen en nombre del pueblo y le estén desbaratando la vida al pueblo”, reiteró Gonzalo Carrión.

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Los Ortega Murillo han intensificado la represión y el control a la ciudadanía. En 2018, miles de personas salieron a las calles a protestar inconformes con una reforma inconsulta a la seguridad social. Los árboles de lata de Murillo cayeron entonces en muchos puntos de la capital y la respuesta fue una brutal represión. Al menos 355 personas murieron en el contexto de las protestas, según datos de la Organización de Estados Americanos.

En aquellos días, Murillo insultaba a los manifestantes con palabras como “minúsculos”, “vampiros” y “puchitos”, mientras azuzaba, desde la vocería del régimen, la respuesta violenta contra sus críticos. La comunidad internacional ha denunciado desde entonces los delitos de lesa humanidad cometidos por el Estado. La dictadura se negó a rendir cuentas, fortaleció el aparato represivo y cubrió a sus miembros con impunidad, mientras Ortega tejió un marco discursivo lleno de mentiras para justificar la opresión contra la ciudadanía. 

Política Daniel Ortega Nicaragua archivo

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