Ilustración de Daniel Ortega y Rosario Murillo bajo la sombra de un vicepresidente. Foto: LA PRENSA
Ortega y Murillo llevan ocho meses de su régimen totalitario sin vicepresidentes
Pese a que las reformas constitucionales facultan a los copresidentes a nombrar vicepresidentes, la pareja de dictadores aún no ha mandado a hacer estos nombramientos
Después de 18 años en el poder, Rosario Murillo empezó a firmar en febrero los documentos oficiales del Estado como “copresidenta”. El nuevo cargo permitió igualar su nivel jerárquico al de su esposo, Daniel Ortega, en un sistema político bajo control familiar, después de años ejerciendo como vicepresidenta.
La nueva Constitución aumentó el período presidencial a seis años, permitió subordinar a todos los poderes al Ejecutivo, fortaleció el aparato represivo, y por primera vez en la historia asumió el nombramiento de “vicepresidentes”, cuando históricamente era uno solo. Sin embargo, ocho meses después, no ha sido nombrado ninguno.
Según el artículo 138, los vicepresidentes están sujetos a la voluntad de la Presidencia y gozan de inmunidad. Pero hay muchos vacíos en la Constitución: No se especifica cuántos son y se borró del nuevo texto de la carta magna el artículo 145 de la norma de 2014 en que se establecía que una de sus atribuciones era sustituir “en el cargo al Presidente, en casos de falta temporal o definitiva”.
Douglas Castro, un sociólogo nicaragüense que cursa un doctorado con énfasis en Estudios Latinoamericanos en Oxford, afirma que estas reformas jurídicas buscan un mayor control de la cúpula en la vetusta estructura del Estado.
“Obedecen al objetivo de cooptación y control del régimen autoritario que tiene como objetivo asegurar la lealtad sin alterar la jerarquía central”, dijo Castro a LA PRENSA.
Castro considera que con las reformas y la “vicepresidencia” lo que tratan de hacer Ortega y Murillo “es premiar a estas personas leales; tratar de neutralizar posibles rivales, en el sentido de que se les da un cargo que en teoría tiene poder, pero que en el fondo no tiene poder real. El objetivo que tienen es de cooptación y control sin alterar la jerarquía, porque en otros regímenes se otorgan cargos de alto nivel, pero se altera la jerarquía si hay un balance de poder”.
Por ejemplo, la Constitución prevé en su artículo 136 que, en caso de ausencia definitiva de los copresidentes, el Consejo Supremo Electoral deberá convocar a elecciones y temporalmente el poder pasará a manos del presidente de la Asamblea Nacional, actualmente Gustavo Porras, mientras asumen los nuevos copresidentes electos. Porras es uno de sus principales operadores políticos.
Según el artículo 138, los vicepresidentes están sujetos a la voluntad de la Presidencia y gozan de inmunidad. Pero hay muchos vacíos en la Constitución: No se especifica cuántos son y se borró del nuevo texto de la carta magna el artículo 145 de la norma de 2014 en que se establecía que una de sus atribuciones era sustituir “en el cargo al Presidente, en casos de falta temporal o definitiva”
Un sistema político bajo la influencia familiar
Tiziano Breda, analista senior para América Latina de ACLED (Armed Conflict Location & Event Data Project), señala que el hecho de que no se nombren a a vicepresidentes es porque “tendría implicaciones para posiblemente la estabilidad del gobierno mismo, porque un vicepresidente puede tejer relaciones internacionales, puede conversar con varios sectores de la sociedad y es una figura muy delicada”.
Precisamente por esta razón, Breda indica que Ortega y Murillo “asignarían este cargo a un miembro de absoluta confianza, y posiblemente sea del entorno familiar, porque realmente el número de personas en las que confían se puede contar con los dedos de la mano”.
Entre los miembros de su entorno más cercano se encuentran el diputado Porras; Fidel Moreno, secretario general de la Alcaldía y secretario de organización del FSLN. Pero el único que tiene proyección internacional es Laureano Ortega Murillo, asesor de inversiones de sus padres y enlace del régimen con Rusia, China e Irán.
Para Breda, un posible nombramiento del hijo causaría incomodidad. “Conscientes de esto, saben que tampoco sería bien visto este nombramiento. Habría rechazo, habría resistencia de parte de lo que queda de los sectores de poder en las fuerzas de seguridad y en las élites del país, porque efectivamente sería la confirmación final de la instalación de una monarquía dinástica, básicamente”.
Además de Laureano Ortega Murillo, su hermana Camila ha participado como emisaria del régimen en actividades internacionales. Semanas atrás presumió los falsos logros de igualdad de género, mientras destacó la figura de la “copresidenta”.
Rosario Murillo vicepresidenta
Murillo fue vicepresidenta de Ortega desde 2017. Antes, ella ocupaba el cargo de “vocera” gubernamental, aunque ejercía un control férreo sobre el ejecutivo, destituyendo ministros y con una presencia mediática mayor incluso que la del mismo Ortega.
La vicepresidencia, antes que fuese asumida por Murillo, la ocupó el general de Ejército, Omar Halleslevens. Esto formó parte de la alianza que Ortega desplegó para fortalecer su proyecto político. Anteriormente tuvo como segundo a Jaime Morales Carazo, quien se convirtió en su aliado, luego de ser opositor y víctima de confiscaciones. Pero ninguno llegó a tener ni por cerca el poder de la actual “copresidenta”.
Daniel Ortega y su exvicepresidente Jaime Morales Carazo, dueño de la residencia de Ortega y Rosario Murillo en El Carmen. LA PRENSA/ ARCHIVO
Desde que es copresidenta al menos en dos ocasiones, Murillo ha firmado sola pronunciamientos estatales, generalmente firmados por la pareja de dictadores bajo este nuevo esquema político. En felicitaciones que van dirigida al canal de propaganda rusa RT, una relación que maneja directamente otro de sus hijos, Daniel Edmundo Ortega Murillo, identificado como “coordinador de medios del consejo de comunicación y ciudadanía de Nicaragua”.
La desconfianza a los vicepresidentes
Históricamente, la figura del segundo al mando ha tenido un rol conflictivo con los presidentes en Nicaragua. Virgilio Godoy mantuvo confrontaciones con la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro; Arnoldo Alemán con su fórmula Enrique Bolaños; y Enrique Bolaños con José Rizo.
Según Douglas Castro, “eso refleja la debilidad institucional de Nicaragua, la tendencia al poder por parte de la presidencia y esa desconfianza histórica que hay con los segundos”.
“No somos un país donde haya confianza entre quien tenga mucho poder y su segundo que pueda ser un sucesor, como en otros países en los que un presidente se va, su vicepresidente asume la candidatura y ganan las elecciones, pero el presidente se retira de la vida pública. En Nicaragua no existe eso, peor, en un régimen autoritario donde los presidentes no se quieren retirar de su poder autoritario, mucho más van a desconfiar. Una de las características que diferencia a la democracia de los autoritarismos es que las democracias requieren de confianza para funcionar. En las dictaduras no”, afirma Castro.
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