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Camila Ortega Murillo en una foto publicada en los medios oficialistas.

La falsa paridad que el régimen, por medio de Camila Ortega Murillo, presume en el exterior

Camila Ortega Murillo destacó falsos logros de la dictadura en el tema de género. Sociólogas y estadísticas la desmienten

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Todo fue simbólico. Camila Ortega Murillo, directora de la Secretaría de Economía creativa, presumió los supuestos logros en materia de género del régimen de sus padres, Daniel Ortega y Rosario Murillo, en el foro internacional de Mujeres en China, coorganizado este mes por este país con ONU Mujeres.

La hija de los dictadores nicaragüenses sostuvo ante 800 invitados de 110 países que el 56 % de los miembros del gabinete del régimen de sus padres son mujeres y que el 57 % de los cargos de elección popular son ocupados por ellas. Pero, a la hora de tomar la palabra, a la única que citó fue a su madre, la única mujer que manda en el país centroamericano. 

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“Las mujeres somos la energía del presente, la fuerza de victorias, y la fortaleza singular de nuestros pueblos. Somos dadoras de vida, dadoras de paz, dadoras de amor, y por eso nos sentimos orgullosas”, afirmó Camila Ortega.  

Murillo al nivel de Daniel Ortega

Desde finales de enero de 2025, Rosario Murillo es copresidenta de Nicaragua y tiene el mismo nivel jerárquico que su esposo Daniel Ortega en un Estado cuyas instituciones están subordinadas al poder ejecutivo. Antes de ocupar ese cargo, ella fue inicialmente vocera del régimen y se convirtió en vicepresidenta en 2016, después de unas votaciones denunciadas como fraudulentas. 

Para la socióloga feminista María Teresa Blandón, “en Nicaragua no hay reglas claras”. Se refiere al proceso de selección, a las normas que rigen al Estado y al papel asignado a los funcionarios y funcionarias públicas. “Para poder acceder a un cargo de poder, sean hombres o sean mujeres, no se está hablando ni de capacidades, ni de experiencias, ni tampoco de derechos”, afirmó Blandón, «sino de ‘sumisión total a la pareja Ortega-Murillo’”.

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“Tenés que obedecer en todo, tenés que estar dispuesto a delatar a tus compañeros, a no guardar otra lealtad que no sea a la pareja Ortega-Murillo… de entrada el acceso al poder no es democrático y esto pasa con hombres y mujeres”, detalló la socióloga.

Blandón se encuentra en el exilio desde el año 2022. Además de ser víctima, ha sido testigo desde el exterior de la persecución que el Estado ha intensificado contra líderes de la sociedad civil a partir de  2018 cuando las masivas protestas de los ciudadanos fueron perseguidas brutalmente por la dictadura.

Falta de autonomía 

La falta de autonomía de los funcionarios y funcionarias de los Ortega Murillo representa una notable paradoja para estos últimos. Por un lado, estos funcionarios acceden a un cargo, pero la sumisión es una característica.   

“Requieren de una actitud más bien de súbdita, que soporta cualquier tipo de humillación, maltrato e insulto, y luego siempre estás corriendo el riesgo de que te corran y, si te descuidas, terminás en la cárcel o en el exilio”, expone Blandón.

La alta rotación de ministras es un ejemplo de cómo el tema es manejado por la pareja dictatorial.  Solo  en 2024, el régimen Ortega-Murillo realizó unos 21 cambios en altos cargos públicos. Varios de ellos eran mujeres.

Según Blandón, los cargos que otorgan poder en la dictadura implican la pérdida de los derechos para el individuo y “tampoco beneficia al colectivo que supuestamente representan” en el caso de las mujeres.

María Teresa Blandón, socióloga, catedrática y directora de la oenegé Programa Feminista La Corriente habla sobre la paridad. LA PRENSA / Óscar Navarrete
María Teresa Blandón, socióloga, catedrática y directora de la oenegé Programa Feminista La Corriente. LA PRENSA / Óscar Navarrete

Por medio de una cuota del 50% introducida en 2012 al reformarse la Ley 40 de municipios, las mujeres lograron una supuesta paridad en los cargos. En 2014 lo elevaron a la carta magna. Sin embargo, el poder real solo lo tiene Murillo, insisten sus críticos. 

Según fuentes políticas, ella está a cargo de imponer destituciones y ejecuta purgas de forma reiterada. No sólo de funcionarias mujeres, sino de cualquier operador en prácticamente todo el aparato estatal. En el círculo de poder sandinista no hay ninguna otra mujer con tales atribuciones.  Históricamente, Murillo cobró mayor peso político en 1999, cuando su hija Zoilamérica Narvaez denunció por violación a Daniel Ortega. La madre lo respaldó públicamente. 

Operadoras políticas únicamente

La politóloga Alexa Zamora rechaza también los logros que el régimen Ortega Murillo se atribuye. “Esto de la paridad no es más que papel mojado”, señala, “las funcionarias públicas se ven relegadas a un plano de operadoras políticas del régimen en cualquiera de sus instancias. Hemos visto muchas funcionarias removidas por no cumplir al pie de la letra las instrucciones de Murillo”.

Zamora indica que el hecho de que Rosario Murillo haya decidido ponerse de parte de Daniel Ortega, cuando la denuncia de violación de Zoilamérica, «no fue un acto de lealtad sino también una respuesta a sus propias ambiciones políticas en la cual renuncia a su papel de protectora de su hija para garantizar una lealtad incondicional de Ortega hacia ella, demostrando lo que está dispuesta a hacer para ganar un espacio de poder».

«Muy probablemente ese es el nivel de lealtad y obediencia que ella espera no solamente de sus ministras, sino también de cualquier persona dentro del aparataje de la dictadura», subraya.

Rosario Murillo junto a sus hijos, defendiendo a Daniel Ortega, entre ellos, Camila Ortega Murillo
( Foto de Archivo ) Rosario Murillo junto a sus hijos, defendiendo a Daniel Ortega, por acusaciones de violación de parte de Zoilamerica. 3 de Marzo 1998. LA PRENSA/Palacios. (Escaneo Betty)

Una de las pocas mujeres funcionarias que ha tenido un papel y poder importante es Alba Luz Ramos, que fue defenestrada del poder en abril de 2015 por no ser del agrado de Murillo.

Zamora dice que lo que llama la atención en el caso de Camila Ortega es el rol cada vez más público de los “hijos de los dictadores”. La hija –expositora ahora en China– pasó de ser más que la asistente personal de Murillo y promotora de una plataforma de moda, a viajar a otros países a transmitir discursos falsos.

Derechos de papel

De cara al mundo, las leyes de equidad de género aprobadas bajo dictadura han logrado que el régimen de Ortega y Murillo figure positivamente en algunos índices, como el Informe del Banco Mundial sobre paridad de género.

Pero la realidad en el terreno es muy distinta.

“Lamentablemente, la situación de la gran mayoría de las mujeres no ha mejorado durante estos últimos veinte años” de gestión sandinista. De hecho, “ahora mismo el retroceso es enorme”, sostiene Blandón.

Un informe del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) bajó a Nicaragua del top diez en su Informe global sobre la brecha de género para 2025.

El informe del WEF encontró que en promedio las mujeres nicaragüenses ganan menos de la mitad ($4,830 por año) de lo que ganan los hombres ($10,220 por año).

El mismo informe encontró que sólo 4.8 de cada 10 mujeres participa activamente en la fuerza laboral. En contraste con 8.3 en el caso de los hombres.

Además, es usual que estas mujeres se desempeñen en trabajos informales o de menor paga, lo que se traduce en una menor capacidad de lograr independencia económica.

De tal forma, Blandón insiste en que «es imposible hablar de equidad de género tal como lo hemos planteado las feministas» en Nicaragua. Ante los datos, las declaraciones maximalistas de Murillo, salidas de su boca o de la de su hija Camila Ortega, resultan otro más de sus artilugios propagandísticos.

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