El apátrida

El apátrida/Ilustración Manuel Guillén.

Personaje del Año 2025 | El apátrida nicaragüense

LA PRENSA elige como Personaje del Año 2025 a los nicaragüenses que, debido a una de las políticas más represivas del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, afrontan en el exilio la desprotección del Estado por la privación de su nacionalidad

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Las nuevas políticas migratorias en Estados Unidos mantienen inquieta a “Carmen”, una nicaragüense radicada en ese país desde junio de 2024, donde viajó con una carta de refugiada que sustituyó al pasaporte. Los cambios en Estados Unidos han complicado su acceso a una tarjeta de residencia, lo que le habría devuelto la tranquilidad que perdió hace cuatro años cuando se quedó sin documentos vigentes de identidad emitidos por Nicaragua.

Ella es una apátrida a consecuencia de una política represiva, implementada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra los ciudadanos nicaragüenses. Esta los priva de sus derechos legales, su identidad y los deja en una situación de desprotección. “Se dice fácil, pero sólo quien lo vive conoce el dolor que provoca”, afirma.

LA PRENSA ha escogido a este tipo de víctimas del Estado de Nicaragua como Personajes del Año 2025. Todo empezó para «Carmen» cuando supo que las autoridades de su país le habían despojado de su derecho a tener un pasaporte en 2021. Ese año estuvo marcado por la represión estatal y ella debió salir para resguardar su integridad, como ocurrió con cientos.

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La primera consecuencia de la medida estatal fue que ella se quedó sin el derecho de elegir un país destino. Por eso, ella dice ahora que aquella Navidad le dejó amargos recuerdos, sumado a un problema que la sigue afectando todos los días.

“La ausencia de esos documentos (nicaragüenses) me impiden realizar actos tan cotidianos como adquirir un automóvil o tomar un vuelo para movilizarme dentro de Estados Unidos, ya que hacerlo fuera de este país es imposible, una realidad que llevó años tratando de asimilar”, lamenta esta mujer.

Dos tipos de apátridas

Según Naciones Unidas, bajo el régimen de Ortega y Murillo se han dado dos tipos de apátridas. Están los 451 a quienes les quitaron directamente la nacionalidad. A ese grupo lo consideraron en 2023 “traidores a la patria” y lo integran 222 ex presos políticos y 94 personalidades. Pero también hay que agregar a 135 exreos de conciencia, que fueron castigados un año después.

ONU, Asamblea Nacional, Nicaragua
De izquierda a derecha: Ariela Peralta, Jan Michael Simon y Reed Broody, integrantes del GHREN. Foto: ONU.

Sin embargo, la “muerte civil” ha alcanzado en estos años a una gran cantidad de personas, que probablemente se cuenten ya por miles. Las medidas tomadas por el Estado son variadas: expulsión del país, prohibición de regresar, o la simple negativa de emitir un pasaporte sin dar explicación alguna. El Grupo de Expertos en Derechos Humanos (GHREN por sus siglas en inglés), de la Organización de Naciones Unidas (ONU), menciona otras violaciones como la supresión de documentos del Registro Civil, el bloqueo de acceso a certificados de nacimiento o antecedentes penales, o la revocación de títulos académicos, o la confiscación de bienes y pensiones a los de tercera edad.

También se ha reportado que las autoridades ni siquiera le permiten tramitar su pensión, a quienes se van acercando a la edad de solicitarla. Las maniobras del régimen han ido más lejos como reportar pasaportes como «robados» sin ninguna justificación, e incluso han notificado a autoridades extranjeras sobre la invalidez de visas, provocando detenciones o restricciones en aeropuertos, según el GRHEN. Este conjunto de medidas son calificadas como un mecanismo sofisticado de exclusión y silenciamiento.

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“El efecto acumulado de estas medidas es privar a las víctimas de su identidad jurídica, de sus bienes e ingresos, de su libertad de circulación y, en última instancia, de su reconocimiento como personas ante la ley”, dice un informe de septiembre, titulado “Nicaragua: Persecución más allá de las fronteras”.

 Además de la vida cotidiana, el acceso al asilo y otros mecanismos de protección también se ve limitado por la falta de documentación que sustente la situación de las víctimas, advirtieron los especialistas.

«René,» otro desterrado que ha buscado asilo en Estados Unidos, conoce perfectamente esa experiencia, «tratar de explicarle a los trabajadores de las dependencias gubernamentales aquí que uno no puede presentar una partida de nacimiento o un pasaporte vigente es muy difícil porque eso a ellos no les cabe en la cabeza, te quedan viendo con una expresión de perplejidad y en la mayoría de los casos simplemente no dan respuesta alguna a tu gestión,» dice.

Otro testimonio: “Renací en España”

“Carlos” es otra historia. Llegó a España a finales de 2023 y pudo entrar al país usando un salvoconducto, porque a su pasaporte le faltaban menos de seis meses de vigencia. Luego ya no podría renovarlo. Salió de Nicaragua también por razones políticas.

Llegó con su familia gracias a un programa humanitario, luego de vivir durante dos años en Costa Rica. Nunca se imaginó que no contar con los documentos nicaragüenses se convertiría en un problema al principio, mientras se tramitaba la tarjeta de residencia española. Solo tenía una resolución de refugio de España, pero no podía abrir una cuenta bancaria, ni tampoco empadronarse, ni hacer gestiones de la vida cotidiana, porque la gente le pedía una identificación vigente con su fotografía.

“Cuando me dieron mi tarjeta de residencia yo sentí que renací en España, que ha sido un país generoso con los nicaragüenses tras la represión de Ortega y Murillo. Mi esposa, gracias a Dios, aún tenía sus documentos vigentes y fue gracias a eso que no caímos en un hoyo negro y avanzamos. Pero en términos personales, uno siente como una muerte legal toda esta situación”, narró.

Pasaporte de Nicaragua. Foto: Archivo.
La confiscación de pasaporte de Nicaragua o la negativa a renovarlos es un mecanismo de represión del régimen de Nicaragua. Foto: Archivo.

El periodista “Rodrigo S” también vive en España, pero desde el 5 de noviembre de este año. Se acogió con los suyos al mismo programa humanitario de “Carlos”. Eso le permitió trasladarse desde Costa Rica y reiniciar su vida. Su condición de apátrida de facto la supo el 13 de julio hace dos años.

Había salido una madrugada del 12 de febrero de 2023 de Nicaragua por las veredas de los cerros aledaños al puesto fronterizo de Las Manos. La vigilancia policial y las visitas recientes de los CPC del barrio, amenazándolo con tomar por las buenas un carnet de militante del FSLN o atenerse a las consecuencias por su trabajo como periodista, aceleraron la decisión de irse de su país.

De Honduras viajó a El Salvador y de ahí voló a Estados Unidos, para tratarse psicológicamente y a buscar apoyo para extraer a su familia que quedaba en Nicaragua. Rápido se enteró que solicitar asilo allá iba a tardar muchos años, así que decidió volver en mayo de ese año a Costa Rica y allá reunificarse con los suyos.

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Los mensajes de las aerolíneas

Primero, la Aerolínea American Airlines le canceló un boleto vía El Salvador-Costa Rica, alegando “un problema de pasaporte” que él no entendió. Tomó otro vuelo con TACA a Panamá-San José, pero Costa Rica le exigió un boleto de retorno a Managua, como lo establecen las leyes migratorias a los nicaragüenses que ingresan con visa de Estados Unidos.

Ni TACA ni American le vendieron el boleto alegando “problemas de abordaje”, por lo cual se las arregló con un boleto en línea de TicaBus de San José a Managua el 15 de julio, única fecha en que había espacio disponible. Así viajó a Costa Rica. Tenía la gran duda de por qué las dos aerolíneas no le vendieron el boleto a Managua, aunque él no fuera a necesitarlo. No pensaba volver.

Llegó a San José el 21 de junio de 2023 y pronto empezó a hacer gestiones para reunir a su familia. Se olvidó del boleto de TicaBus, hasta que lo llamaron de la aerolínea dos días antes, el 13 de julio, para decirle que Migración de Nicaragua no le permitía abordar el bus si antes no iniciaba un proceso de “pre-registro”.

El periodista indagó y se dio cuenta que tal proceso para los nicaragüenses no existe, así que le pidió a la empresa de transporte que le enviara un correo explicándole el proceso. Le indicaron que no puede viajar “por impedimento”, y así procedió a solicitar refugio en Costa Rica, en Estados Unidos después y finalmente a España.

Cancelación del programa de refugiados en Estados Unidos lo obligó a cambiar de planes

San José le dio cita para 2026, Estados Unidos lo admitió como refugiado en 2024 y debía viajar en febrero de este año, tras un año de entrevistas, exámenes médicos y documentación, pero con el arribo de Donald Trump a la Presidencia en Estados Unidos el programa fue cancelado días antes de viaje. De nuevo quedó en el limbo: sin aprobación de Costa Rica, aprobado por EE. UU., pero impedido de viajar.

Cansado de tantas vueltas, él y su familia decidieron olvidar esos trámites y enfocarse en su realidad: Costa Rica. En abril recibieron una llamada de Acnur preguntando si estaban interesados en reasentarse en un tercer país.

Llegaron a España el 6 de noviembre, apátrida de facto de Nicaragua y con los pasaportes por vencerse, sin el estatus de refugiado de Costa Rica y aprobados y vetados a la vez por Estados Unidos. En poco menos de dos meses han reiniciado una vida desde cero, pero esta vez, a diferencia de los otros procesos, ya cuentan con una tarjeta de identidad. Hace una enorme diferencia.

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