No cabe ninguna duda de que son muchos los nicaragüenses que se oponen a la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo (o al revés).
Dentro del país es una oposición silenciosa, la gente que adversa a la dictadura se comporta con mucha cautela pues oponerse públicamente implica arriesgarse a graves consecuencias. Son muy graves peligros que conlleva expresar las opiniones políticas y participar en cualquier forma de oposición pacífica.
Es en el exilio que los opositores se manifiestan libremente y con mucha controversia entre los distintos grupos o personas que adversan a la dictadura. Aunque con poca eficacia práctica, a juzgar por lo que se informa y lo que se puede ver.
Entre los opositores exiliados un tema recurrente de sus controversias es el de la unidad. Un objetivo que no se alcanza no sólo por la diversidad política e ideológica de la oposición, sino también y ante todo porque, apropiándonos del lenguaje del papa León XIV, podemos decir que en las discusiones políticas las palabras se usan más como armas ofensivas de unos contra otros, que como herramientas para la búsqueda del entendimiento y la unidad en la acción, como manda el sentido común.
Pero, ¿qué piensan y dicen en Nicaragua las personas que son ajenas a las controversias o pleitos de los opositores exiliados? Al respecto nos ha interesado la noticia de que el organismo cívico nicaragüense radicado en Costa Rica, Hagamos Democracia, realizó un estudio según el cual el 56.11 por ciento de las personas encuestadas opina que la unidad opositora es imposible y el 43.89 por ciento cree que sí se puede lograr.
Llama la atención que las preguntas y respuestas no son sobre si la unidad opositora es necesaria, sino sobre si es posible que los opositores se unan o no.
Según la información, el estudio de Hagamos Democracia se hizo entre el 11 y el 17 de abril pasado en 40 municipios de las 153 jurisdicciones municipales que hay en el país. Y precisa que se realizó, obviamente, en las condiciones políticas adversas que hay en Nicaragua, de censura, vigilancia y persecución política.
Otro dato interesante de la encuesta de Hagamos Democracia es que sólo 14.21 por ciento de los encuestados opina que la oposición está haciendo “un buen trabajo”. Pero aclara la información que ese porcentaje es el doble que hace tres meses, de manera que al parecer está mejorando la confianza de la gente en la oposición, que de todas maneras sigue siendo muy baja.
No podemos valorar la calidad de la encuesta de Hagamos Democracia porque desconocemos la ficha técnica y cómo se tomaron las muestras. Además nos parece que la encuesta es muy poco representativa porque es mínima la parte del país donde se hizo y fueron muy pocas las personas encuestadas. Dicho esto sin perjuicio de que reconocemos a Hagamos Democracia como un organismo independiente y responsable.
En cualquier caso, hay que decir que siempre y cuando se hagan cumpliendo los necesarios requisitos de calidad, todas las encuestas que se puedan hacer son útiles y necesarias para tener una idea al menos aproximada de cómo andan las percepciones y los sentimientos de la gente sobre los problemas comunes de Nicaragua.
Y es necesario decir que sobre todo para los que se dedican al activismo político, las encuestas son indispensables para que puedan actuar de conformidad con lo que le interesa a la gente, no sólo de acuerdo con lo que a ellos se les ocurre.