La publicación en línea FEE Semanal, vocera del centro de pensamiento Fundación para la Educación Económica (FEE), se refirió en la presentación de su edición de la semana recién pasada al Premio a la Libertad de Prensa de la Unesco que recibió el Diario LA PRENSA de Nicaragua.
La directora de dicha publicación, Daphne Posadas, opina en ese escrito que “La Prensa ha sido, por años, una piedra en el zapato para la dictadura. Sus oficinas fueron confiscadas por el régimen, su papel retenido, sus periodistas perseguidos y forzados al exilio. Desde 2021, el periódico sobrevive gracias al trabajo remoto de su equipo, ahora disperso entre Costa Rica, Estados Unidos, México, España y Alemania”.
Daphne Posadas, quien es una académica democrática guatemalteca, señala que “los tiranos temen lo que no pueden controlar. Por eso les incomoda La Prensa, porque sigue informando, sigue existiendo”. Y felicita por eso a todos “los periodistas que, aun en condiciones adversas, se niegan a ser silenciados”.
La editora de la publicación semanal de la FEE conoce muy bien la situación actual y la historia reciente de Nicaragua. En la misma revista de la FEE ella publicó el 31 de marzo de 2022 un artículo titulado: “¿Tenía razón Reagan al llamar a Daniel Ortega ‘dictador con gafas de diseñador?’”
Aludía Posadas a que “en diciembre de 1985, el presidente de Estados Unidos (EE. UU.) Ronald Reagan dijo en su discurso radiofónico semanal que ‘Nicaragua era una nación prisionera… condenada por un dictador con gafas de diseñador’. Reagan se refería a Daniel Ortega, uno de los líderes del movimiento sandinista y, en ese momento, el primer presidente elegido de la nueva Nicaragua. Ortega visitó las Naciones Unidas (en Nueva York) en la celebración de su aniversario y fue duramente criticado por su visita a una óptica del Upper East Side, donde supuestamente gastó más de 3,500 dólares en lentes de sol de diseñador (unos 9,228.68 dólares de 2022)”.
Ronald Reagan fue presidente de Estados Unidos (EE. UU.) en dos períodos, de 1981 a 1989. Durante su gobierno se desarrolló la sangrienta guerra civil de Nicaragua, entre la primera dictadura sandinista y las fuerzas contrarrevolucionarias. Era la época culminante de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y EE.UU.
Reagan tomó partido directamente en el conflicto nicaragüense, al lado de los contras, a los que su gobierno financió y armó, convencido de que los sandinistas, con el respaldo de la Unión Soviética y Cuba, estaban exportando la revolución a los demás países centroamericanos y eran una grave amenaza a la seguridad regional.
Reagan no se tragó el cuento de que la Revolución sandinista era democrática y pluralista, que quería promover una economía mixta e internacionalmente no estaba alineada con la Unión Soviética. Para él los sandinistas eran comunistas, se habían subordinado a la superpotencia soviética y eran su instrumento de penetración regional.
Y era cierto. Como escribió Daphne Posadas en el artículo antes mencionado, “Reagan tenía y sigue teniendo razón: Ortega es un dictador… En los años transcurridos desde 1985, Ortega ha dejado atrás sus gafas de diseñador y su retórica comunista, pero ha seguido practicando la opresión característica de todos los regímenes comunistas a lo largo de la historia”.
La diferencia histórica radica en que Ortega sigue siendo el cruel dictador de Nicaragua, ahora junto con su esposa Rosario Murillo, pero en el país no hay una guerra civil ni en EE. UU. otro presidente como fue Ronald Reagan.