Los analistas internacionales y en particular los vaticanistas coinciden en que todavía es muy pronto para valorar la gestión del nuevo papa, León XIV.
En el caso de los gobernantes comunes, presidentes y primeros ministros, se suele esperar a que cumplan los primeros cien días en el poder para hacer la valoración inicial y ver sus perspectivas. Sin embargo, hay algunos que desde que toman el poder muestran lo que son y hasta dónde quieren llegar. Tal es el caso del presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, quien arrancó como una tromba y apresuradamente ha hecho todo lo bueno y malo para su país y el mundo que él cree que ha debido hacer.
Pero no cabe comparar al presidente Trump con el papa León XIV. Sus poderes son distintos y sus personalidades muy diferentes en cuanto a prudencia, humanismo, compasión, sentido de justicia social y otras condiciones virtuosas más.
El papa León XIV, en los apenas 9 días que lleva de ocupar el sillón pontificio, sin estridencia, pero con claridad, ha mostrado su posición sobre algunos de los temas fundamentales de los que se ocupa el Vaticano y el jefe de la Iglesia católica.
Ante todo, con el nombre que escogió para su pontificado, León XIV, el nuevo papa mostró su identificación plena con la doctrina social de la Iglesia. Y en sus primeros mensajes después declaró o más bien reafirmó su compromiso moral con los migrantes que están siendo atacados duramente, sobre todo en EE. UU.
Inmediatamente después, ante más de dos mil periodistas de todo el mundo León XIV condenó la persecución que sufren en distintas partes del mundo, defendió la libertad de prensa y llamó a desarmar el lenguaje, a hacer de las palabras herramientas de entendimiento y no instrumentos de odio y enfrentamiento.
Igualmente, reunido con los Hermanos de las Escuelas Cristianas el papa León XIV expuso las líneas generales de su pensamiento sobre la educación de los jóvenes en las condiciones particularmente complejas del mundo actual, influido poderosamente por la tecnología más avanzada, incluyendo la Inteligencia Artificial, y por las distracciones triviales que tientan a la juventud de muchas maneras.
Más todavía, ante los líderes de las iglesias católicas orientales e inmediatamente después con los embajadores de los 184 países con los cuales el Vaticano tiene relaciones diplomáticas, León XIV planteó con emotiva vehemencia la necesidad de resolver los conflictos bélicos que están causando muerte y dolor humano en diversas partes del mundo. Y puso la sede del Vaticano a disposición de los líderes de los países involucrados en las matanzas, para reunirse allí en búsqueda de acuerdos para la paz.
En esa audiencia no hubo representación oficial de Nicaragua, porque la dictadura de Ortega y Murillo suspendió las relaciones diplomáticas con el Vaticano, molesta por las críticas del papa anterior, Francisco, a la persecución contra la Iglesia católica.
Pero no nos cabe ninguna duda de que el papa León XIV tiene en su mente y en su corazón a Nicaragua, a su pueblo y a su Iglesia perseguida. Y que cuando sea oportuno, el nuevo sumo pontífice romano mostrará su interés, su cercanía y su compasión con el pueblo nicaragüense que sufre el martirio de la dictadura más cruel y despiadada de su historia nacional.