Pepe Mujica, el guerrero que ya descansa en paz

Hace un poco menos de dos meses que el cooperante y escritor español Manuel de la Iglesia-Caruncho publicó en varios medios iberoamericanos un artículo con las últimas declaraciones que diera el ahora fallecido expresidente de Uruguay, José (Pepe) Mujica (q.e.p.d.).

En esa histórica entrevista, que el autor tituló “Pepe Mujica y el difícil perdón”, el expresidente uruguayo de izquierda democrática expresó: “Lo que pido es que me dejen tranquilo. Que no me pidan más entrevistas ni nada más. Ya terminó mi ciclo. Sinceramente, me estoy muriendo. Y el guerrero tiene derecho a su descanso”.

El título de la entrevista aludía a que Mujica fue un preso político torturado salvajemente durante la dictadura militar de Uruguay, pero aseguraba que no guardaba rencor a nadie y al final de su vida abogó para que los militares ya ancianos, que todavía están presos por los crímenes que cometieron, sean enviados a sus casas para que pasen sus últimos días con sus familias.

Es difícil escribir con imparcialidad —como debe de ser en el periodismo profesional— sobre un personaje público tan controvertido como el expresidente Mujica, quien a menudo solía opinar con contundencia sobre los temas más complicados y los países más conflictivos.

Sobre Nicaragua, por ejemplo, según reportó LA PRENSA este miércoles 14 de mayo al informar sobre la muerte de Mujica, este en 2017 le envió a Daniel Ortega un afectuoso saludo de apoyo por la celebración en aquel año del 38 aniversario de la Revolución sandinista. Sin embargo, un año después, en julio de 2018, Mujica condenó públicamente al régimen de Ortega por la matanza que estaba perpetrando para ahogar en sangre las protestas sociales y la rebelión popular democrática que estalló en abril de ese año. Y desde entonces, cada vez que tenía oportunidad Mujica criticaba a la dictadura de Nicaragua.

Es que el expresidente Mujica, quien murió a la edad de 90 años, desde que era muy joven fue militante de la izquierda de su país. Incluso fue miembro de la organización armada izquierdista denominada Tupamaros, llamada así por el famoso caudillo indígena Túpac Amaru II que combatió a los conquistadores españoles y, según algunos historiadores, fue precursor de las guerras de independencia en América del Sur.

Por su participación en la lucha armada de los Tupamaros, Mujica estuvo más de 14 años en la cárcel donde fue torturado cruelmente y mantenido en absoluto aislamiento. Pero al salir de la prisión, cuando la democracia llegó a Uruguay, Mujica se convirtió en un destacado dirigente cívico de la izquierda democrática. Hasta ganar la Presidencia de la República de Uruguay que ejerció de manera ejemplarmente honesta y respetuosa de las libertades democráticas, los derechos humanos y la economía capitalista, a la que sólo le pedía tener sentido de justicia social.

Desde la perspectiva de la doctrina política, Mujica demostró en Uruguay que la izquierda en el poder no sólo puede ser despótica y totalitaria, sino también democrática y respetuosa de la libertad y los derechos. Lo mismo que la derecha, que estando en el poder algunas veces ha sido dictatorial, pero en otras impecablemente democrática. Lo cual depende de las circunstancias históricas, la cultura política del país de que se trate y las cualidades personales de sus dirigentes.

En realidad, lo fundamental es que la democracia, los derechos humanos y la libertad de la gente, incluyendo la libertad de la economía, sean colocadas por encima de las ideologías. Y que se gobierne con eficiencia y austeridad, pero también con honradez personal y política.

De lo cual no cabe duda de que fue un gran ejemplo el exguerrillero izquierdista y expresidente democrático uruguayo, José Pepe Mujica, quien ya descansa en la paz que quería y merecía.

Editorial
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