Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
La democracia, dice José Luis Aranguren, no es únicamente un sistema político sino también, y sobre todo, un sistema de valores. Por ello es imprescindible la coherencia que debe existir entre la voluntad colectiva, la ley que debe contenerla y los valores que deben regir a ambas.
El chinito Wang Jing está de vuelta en Nicaragua. Ello debería ser motivo de regocijo para aquellos nicaragüenses que aprecian las exquisiteces de la comedia, pues no todos los días se da uno el lujo de presenciar la formidable actuación de un cultor de ese género del calibre del amigo Wang.
Un mal día se reunieron diferentes altas autoridades del Gobierno, preocupados por la matanza contra mujeres en Nicaragua. Hasta ese momento 45 mujeres habían sido asesinadas de diferentes formas.
Aunque las principales preocupaciones del colosal impacto negativo ambiental que tendría la construcción del Gran Canal y su dragado sobre las aguas del lago de Nicaragua, siguen vigentes y no fueron abordadas durante la presentación de la selección de la llamada “ruta 4” el pasado lunes en el Hotel Metrocentro, debo reconocer que la justificación para haber escogido dicha ruta y haber eliminado las otras posibles opciones es correcta.
Querida Nicaragua: En las dos últimas semanas Nicaragua ha perdido a tres de sus más grandes hombres de los últimos tiempos. Es difícil encontrar talentos, realizaciones patrióticas, sociales, intelectuales, científicas y sobre todo humanas como las que nos han dejado, cada uno en su campo, los doctores Mariano Fiallos Oyanguren, César Amador Kühl y Emilio Álvarez Montalván, tres figuras dignas de que el pueblo las guarde en la memoria y en el fondo de sus corazones por todo el bien que le hicieron a la nación.
La semana pasada publiqué un artículo (“Lo que no se dice sobre los femicidios”) que provocó una avalancha de opiniones encontradas. Enhorabuena. Las controversias públicas pueden ser muy buenas. Una de sus virtudes es aumentar el conocimiento sobre los temas debatidos, pues quienes discrepan se ven obligados a documentarse mejor.
Me hubiera gustado escuchar una conferencia de Ortega y Gasset, o, mejor todavía, seguir alguno de sus cursos. Todos quienes lo oyeron dicen que hablaba con la misma elegancia e inteligencia que escribía, en un español rico y fluido, muy seguro de sí mismo, con ciertos desplantes vanidosos que no ofendían a nadie por la enorme cultura que exhibía y la claridad con que era capaz de desarrollar los temas más complejos. La doctora Margot Arce, que fue su alumna, me contaba en Puerto Rico, medio siglo después de haberlo oído, el silencio reverencial y extático que su palabra imponía a su auditorio.
Uno de los mitos griegos más conocidos es aquel en que las almas de las personas que mueren, para poder entrar al mundo de los muertos, el Hades, tienen que pasar a través de un río misterioso y sombrío llamado Aqueronte, según unos autores, o Estigia según otros.
“A la libertad por la Universidad”, más que el emblema de nuestra Alma Máter significó en la realidad la frase que encerraba la idea de un proyecto político. Sí, libertad de cátedra, libertad de ideas, autonomía, periodicidad, concursos de oposición, extensión universitaria, en fin hacer en nosotros la Revolución de la Universidad de Córdoba, Argentina (1918). Pero había mucho más tras esas palabras, había la idea iniciada por Mariano Fiallos Gil, de una libertad de espíritus, de un país libre, de una sociedad abierta, democrática, cuyas instituciones fueran la piedra angular de un edificio denominado Estado de Derecho.
En uno de estos barrios de Managua descubrieron un día a un raterillo in fraganti. ¡El ladrón, el ladrón! Un grupo comenzó a perseguirlo por las calles, entre ellos el amigo que me contó esta anécdota.