Iván de Jesús Pereira
“A la libertad por la Universidad”, más que el emblema de nuestra Alma Máter significó en la realidad la frase que encerraba la idea de un proyecto político. Sí, libertad de cátedra, libertad de ideas, autonomía, periodicidad, concursos de oposición, extensión universitaria, en fin hacer en nosotros la Revolución de la Universidad de Córdoba, Argentina (1918). Pero había mucho más tras esas palabras, había la idea iniciada por Mariano Fiallos Gil, de una libertad de espíritus, de un país libre, de una sociedad abierta, democrática, cuyas instituciones fueran la piedra angular de un edificio denominado Estado de Derecho.
Mariano Fiallos Oyanguren retomó los ideales de su padre y junto con sus amigos y compañeros, Sergio Ramírez Mercado, Alfonso Urroz, Denis Martínez Cabezas, Carlos Tünnermann Bernheim y otros que vinieron detrás, como Alejandro Serrano y Joaquín Solís Piura, enfrentan las dictadura, y ven en la figura del caudillo ese “fenómeno, fatal, forzoso, natural y lógico” que nos describe Sarmiento al que hay que combatir.
Su enfrentamiento fue ideológico. Desde la cátedra, la revista, la conferencia o el análisis, se ataca la dictadura. La universidad como institución pasa a conspirar, a ser agente principal en el cambio que se avecina. La historia de la revolución del 79 está plagada de listas de estudiantes, que tomaron el fusil por crear una patria sin tiranos, inspirados muchas veces en las lecciones recibidas en las aulas.
Resulta paradójico que la instalación de la primera junta revolucionaria, se da en el Paraninfo de la UNAN de León, el mismo recinto en que años antes los estudiantes habían exigido el retiro del medallón o efigie de Somoza García, (quien construyó el edificio), por considerarlo una antítesis del quehacer universitario. Y es en ese mismo recinto, en donde esa noche va a empezar a desaparecer la autonomía universitaria, la libertad de cátedra, etc.
La mayoría de los intelectuales, se montaron en el barco del poder, fueron embajadores, presidentes de poderes del Estado, altos funcionarios públicos, el caso más significativo fue el de Sergio Ramírez de quien se llegó a decir que era el décimo comandante y cuyo poder e influencia era inconmensurable. Durante todo ese tiempo, ni vieron ni oyeron todos los atropellos y los crímenes que se cometieron, todo fue justificado por la guerra y la agresión extranjera. Hasta ahora ninguno de ellos ha dado un mea culpa de su silencio y de su aprobación.
Marianito, como lo llamábamos en ese tiempo, construyó el Campus Médico, se dice que en 1979 el FSLN le pidió que formara parte de la Junta de Gobierno, pero que él declinó. Siempre fue un sandinista militante, al mismo tiempo que ateo, aunque mantenía un profundo respeto a la Iglesia católica.
De esa generación tres de ellos fueron mis profesores, Tünnermann, Serrano y Fiallos, siendo mucho más sólido Marianito, aunque no sé por qué razón no escribió lo suficiente o no lo quiso hacer. La elección de año 1990 le da a Fiallos la oportunidad histórica de mostrar toda su integridad como intelectual y como ciudadano. El mensaje fue muy claro: Los votos se respetan. Y el FSLN, entregó el poder. Mariano nos demostró por a más b, que el Estado de Derecho era posible.
En 1996 me tocó vivir otro episodio: Mariano Fiallos O., entonces presidente del Consejo Supremo Electoral, presentó su renuncia ante el presidente de la Asamblea, en ese tiempo mi amigo Cairo Manuel López. Encerrados en el despacho presidencial Cairo y el que escribe, tratamos de convencer al doctor Fiallos de que retirara su carta de renuncia, fue una tarea imposible, desde ese día ya sabíamos lo que se nos venía.
Regresó a León y se encerró en su vieja casona, aislado, Joaquín Solís Piura, su médico de toda la vida, nos explicaba que murió de una profunda depresión a la que no se le halló cura. Creo que el peso de la realidad que vivimos influyó en su estado anímico. Toda una vida dedicada a hacer de este país una república, y de nuevo, la barbarie, “en las playas de Cuzco, Chibcha y Palenque, se ven engalanadas a las panteras”. El autor es abogado.