Pedro J. Chamorro B.
Aunque las principales preocupaciones del colosal impacto negativo ambiental que tendría la construcción del Gran Canal y su dragado sobre las aguas del lago de Nicaragua, siguen vigentes y no fueron abordadas durante la presentación de la selección de la llamada “ruta 4” el pasado lunes en el Hotel Metrocentro, debo reconocer que la justificación para haber escogido dicha ruta y haber eliminado las otras posibles opciones es correcta.
Al acto central anunciado como un “acto histórico” por los medios oficialistas, extrañamente no llegó el señor Wang Jing, ni el presidente Ortega, como hubiera sido lo lógico en un anuncio de este alcance. Quizás sea porque la última vez que el señor Wang Jing habló sobre la ruta, en Pekín, adelantándose a los estudios que hoy concluyen, presentó el mapa de Nicaragua al revés.
Aparte del “supermercado de ilusiones” que yo llamaría a los seis subproyectos, me concentraré en comentar únicamente en la ruta anunciada y algunos detalles técnicos ofrecidos por el ingeniero Dong Yunsong, de HKND, y el ingeniero Alberto Vega, de Environmental Resources Management (ERM), quien explicó el proceso de la toma de decisiones procurando seleccionar aquella que disminuya los riesgos ambientales y sociales.
Es correcto utilizar el caudal del río Punta Gorda para crear un embalse artificial cerca de su desembocadura para aminorar la necesidad de usar masivamente el agua del lago de Nicaragua, que podría afectar su nivel. Pero este no es el caso del lado del Pacífico, donde sí se tendría que utilizar grandes volúmenes de agua del lago para llenar las exclusas de Brito.
También, aunque la ruta sobre el lago de Nicaragua saliendo el río Tule es ahora de 105 kilómetros, o sea, unos veinte más larga que si se llevara a cabo por la desembocadura del río Oyate, si pasa por la parte más profunda del lago, que es la fosa entre Solentiname, la Isla Zanata a Ometepe, entre 40 y 60 kilómetros no se tendrían que dragar.
Aun así, el dragado que tendría que hacerse tanto en la costa de río San Juan, que es muy seca en la zona del Tule, así como frente a la costa del río Las Lajas, en Rivas, que podría ser al menos unos cincuenta kilómetros, para permitir una profundidad mínima de 27.6 metros, hasta treinta metros que tendría el Canal, como indicó el ingeniero Yunsong, sería un dragado gigantesco. Ello tendría un potencial devastador sobre la calidad de las aguas del lago y su fauna, como bien lo ha señalado el asesor presidencial para asuntos medioambientales y reputado científico nicaragüense doctor Jaime Incer Barquero.
Este riesgo ambiental es todavía más plausible ahora que se confirman las proyecciones, según la exposición del ingeniero Dong Yunsong, de que por nuestro lago Cocibolca navegarán megabuques contenedores de 400,000 toneladas y megapetroleros de 320,000 toneladas. Según la exposición, circularán unos 5,100 barcos anuales captando un estimado del cinco por ciento del comercio mundial y el cruce por los 278 kilómetros que tiene la ruta seleccionada, será de treinta horas.
El ingeniero Vega únicamente se refirió a este problema de manera muy sucinta cuando se refirió a los retos “a futuro” del verdadero estudio de factibilidad técnico, social y ambiental de la ruta seleccionada, que apenas comienzan. Habló de iniciar un proceso de consultas con todos los sectores, particularmente los sectores afectados por la ruta, “del agua, de donde la vamos a tomar y el posible efecto sobre el lago de Nicaragua”. También se refirió brevemente al dragado, entre los retos ambientales que enfrentan y que abordará el tema con los ingenieros de HKND Group.
Lo que cabe ahora, ya que no se hizo antes, es que se abra este proceso de consultas a nivel nacional, a todos los sectores y de forma transparente. El autor es diputado del PLI y presidente de la Comisión de Turismo.