Querida Nicaragua: En las dos últimas semanas Nicaragua ha perdido a tres de sus más grandes hombres de los últimos tiempos. Es difícil encontrar talentos, realizaciones patrióticas, sociales, intelectuales, científicas y sobre todo humanas como las que nos han dejado, cada uno en su campo, los doctores Mariano Fiallos Oyanguren, César Amador Kühl y Emilio Álvarez Montalván, tres figuras dignas de que el pueblo las guarde en la memoria y en el fondo de sus corazones por todo el bien que le hicieron a la nación.
Todos conocemos la trayectoria rectilínea, intachable y patriota del doctor Mariano Fiallos Oyanguren, quien fue rector de la universidad de León y continuó el legado de su padre, doctor Mariano Fiallos Gil, padre de la Autonomía Universitaria, manteniendo los nobles valores de la autonomía luchada incansablemente por ellos y por el doctor Carlos Tünnermann Bernhein, quien gracias a Dios goza de buena salud.
El momento culminante para que la historia sepa y escriba quién era Mariano Fiallos Oyanguren llegó con las elecciones de 1990. Aquel era uno de los momentos más delicados y trascendentales en la historia de Nicaragua. El doctor Fiallos Oyanguren había luchado arduamente contra Somoza y por lo tanto era un sandinista convencido y apoyaba al partido sandinista. Cuando le tocó presidir el Consejo Supremo Electoral se encontró ante la cruda realidad de que su propio partido, el FSLN, había perdido las elecciones del noventa y que doña Violeta Chamorro había ganado. Y así lo declaró ante Nicaragua y el mundo y el prepotente sandinismo, que tenía diez años de dictadura, tuvo que entregar el poder. La historia tiene que señalar este hecho como el mayor triunfo de la imparcialidad, honestidad y hombría de bien de uno de sus hijos: Mariano Fiallos Oyanguren.
Otro gran hombre, el doctor César Amador Kühl, segoviano de Matagalpa, brillante estudiante desde sus años de primaria y secundaria, se nos fue la semana pasada. Estudió medicina en Managua, Granada y León, de acuerdo con las vicisitudes que tenía que sufrir la universidad perseguida en aquel tiempo por el dictador Somoza García.
Amador Kühl logró graduarse de médico y cirujano. Luego viajó a los Estados Unidos donde permaneció varios años especializándose en neurocirugía. Vino a Nicaragua como el primer neurocirujano que existía en el país. Su fama fue inmediata. Comenzó a entrenar enfermeras y a hacer operaciones hasta entonces desconocidas en Nicaragua. Realizó decenas de ellas, muchísimas gratuitas. Su don de gente, sus valores morales, su honorabilidad, le abrieron un ancho campo en su especialidad. Hombre de suaves modales y de gran honestidad, fue un filántropo que ayudó a sus semejantes. Uno de sus hijos fue muerto por la Guardia Nacional en aquellos momentos de luchas enconadas. Fue pues, Amador Kühl, padre de un mártir de la patria. Se desempeñó como ministro de Salud cuando el sandinismo llegó al poder y luego se dedicó a la profesión en forma privada siempre haciendo el bien a sus semejantes. El doctor Amador Kühl deja una hermosa huella. Vivió 88 años dedicados al servicio del prójimo.
El pasado miércoles en la madrugada se nos fue el doctor Emilio Álvarez Montalván, otro roble nicaragüense entregado a los demás. Médico oftalmólogo, político conservador, analista brillante, historiador de nota, escritor de altas luces, viejo compañero de Pedro Joaquín Chamorro en sus luchas por la democracia. Álvarez Montalván, académico de la lengua, miembro del Instituto de Geografía e Historia, ministro de Relaciones Exteriores en tiempos del doctor Alemán, hombre de profundos conocimientos, de honda cultura política. Casi alcanzó los 100 años, tenía 95. En la ciencia, en la política, en el civilismo, la rectitud y honorabilidad, estos tres hombres, Mariano Fiallos Oyanguren, César Amador Kühl y Emilio Álvarez Montalván, han dejado una huella difícil de borrar y que servirá de guía para las generaciones futuras.
Que Dios los premie con la gloria que merecen. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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