Uno de los mitos griegos más conocidos es aquel en que las almas de las personas que mueren, para poder entrar al mundo de los muertos, el Hades, tienen que pasar a través de un río misterioso y sombrío llamado Aqueronte, según unos autores, o Estigia según otros.
Aquel río solo se puede cruzar en una barca ruinosa que es conducida por un barquero llamado Caronte, a quien hay que pagar obligatoriamente un óbolo (moneda de plata) por el pasaje. Por eso, en la antigua Grecia, cuando una persona se moría, antes de sepultarla o incinerarla se ponía una moneda de oro en cada ojo de su cadáver, a fin de que tuviera con qué pagarle al funesto barquero del Aqueronte o Estigia.
Pero Caronte, nombre que según el mitólogo británico Robert Graves significa “resplandor violento”, solo transporta las almas de los muertos que han pasado por las honras fúnebres de rigor, que los hubieran sepultado o cremado. De otra manera, las sombras o almas de los muertos vagan durante cien años (o por toda la eternidad, según una u otra versión del mito), en los alrededores del río infernal. Por eso es que uno de los deberes primordiales de la gente era honrar a sus muertos con el debido funeral y alrededor de esto es que gira la clásica tragedia de Sófocles: Antígona . Hija de Edipo, ella tiene que cumplir el deber religioso y moral de sepultar el cadáver de su hermano muerto, Polinices y por eso desafía la prohibición del déspota rey Creonte.
Ninguna persona viva puede bajar al mundo de los muertos y cruzar el río para entrar, salvo aquella que le muestre a Caronte una rama de oro de un árbol misterioso que consagrado a Proserpina, la esposa de Hades, el dios y rey del infierno. De esa manera fue que Eneas, el hijo de Afrodita y héroe troyano sobreviviente que huyó a Italia donde sembró la simiente de la civilización romana, logró que Caronte lo cruzara al otro lado del río infernal para que pudiera entrar al Hades a entrevistarse con su padre, Anquises, y conocer por su medio el destino que le esperaba.
Otro de los mortales famosos que estando vivos entraron al reino del otro mundo, fue Heracles (Hércules), quien no llevaba la rama de oro del árbol de Proserpina, pero a punta de golpes de sus poderosos puños obligó a Caronte que lo pasara al otro lado del río.
Según el mitógrafo francés, Jean Francois Michel Noël, Aqueronte es hijo de Helios (el Sol) y Gea (la Tierra). Zeus lo convirtió en río como castigo por haber dado agua a los Titanes, para que calmaran la sed cuando hacían la guerra contra el Olimpo con la intención de derrocar a los dioses olímpicos. Pero no fue en un río cualquiera que Zeus transformó a Aqueronte, sino en uno de aguas lodosas, putrefactas, amargas y hediondas a azufre, que en algunos trechos discurre sobre la superficie de la tierra y en otros, más extensos, de manera subterránea.
Por su parte, Estigia, nombre que según el mencionado Robert Graves significa “odiado”, en algunas versiones es hija del dios Océano y la diosa Tetis, pero en otras, sus padres son la Noche y Érebo, la divinidad de las tinieblas infernales.
Al contrario de Aqueronte, Estigia ayudó a Zeus en su lucha contra los Titanes y como premio fue convertida en un río de corriente eterna que rodea el mundo del más allá y tiene la función de guardar que los dioses cumplan sus juramentos. De manera que cuando alguno de los dioses viola abjurao, Zeus envía a Iris (la mensajera del Olimpo que viaja a la velocidad del viento y suele manifestarse a los mortales por medio de un arco celestial de varios hermosos colores, que simboliza la alianza de los dioses con la gentes), para que recoja en un jarro de oro agua del Estigia, que es mortal para los humanos y la lleve a la residencia de los dioses.
El dios que abjura tiene que beber el agua del Estigia contenida en aquel jarrón dorado. Como consecuencia pierde la voz —y a veces hasta la respiración— durante nueve años. Después, a lo largo de otros nueves años, le está prohibido participar en los frecuentes concilios y banquetes de los dioses.
Pero no solo los ríos Aqueronte y Estigia rodean el inframundo. A su alrededor corren también las aguas del Cocito (Lamentación), el Flegetonte (Llameante) y el Leteo (Olvido). Pero el más importante es el Estigia, o Aqueronte, que rodea el infierno nueve veces.
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