¡El ladrón, el ladrón!
En uno de estos barrios de Managua descubrieron un día a un raterillo in fraganti. ¡El ladrón, el ladrón! Un grupo comenzó a perseguirlo por las calles, entre ellos el amigo que me contó esta anécdota. Cuando ya estaba a punto de alcanzar a quien suponía el ladrón, el tipo se detiene jadeando y le dice: “¡Corre duro ese maldito! Pero vi que se metió por allí”. Mi amigo se queda quieto, desconcertado. ¿Se había equivocado y perseguía a otro perseguidor o el ladrón estaba camuflándose entre los mismos que lo acusaban? El ladrón aprovechó la duda y el segundo aire para perderse en el callejón que señalaba, y por donde se había escapado el ladrón que inventó para librarse.
Viejo truco
¡Pero qué bruto, cómo los pudo engañar ese ladrón con ese truco tan tonto!, se podrá pensar. Podrá ser viejo y tonto, pero es un truco efectivo y los delincuentes de todo pelo lo siguen usando para librase de culpas. A pesar de la evidencia, hacer dudar. Ese es el truco.
Marchas
Recordé esta anécdota a propósito de las marchas que han anunciado ahora diferentes organismos progobierno para exigir respuestas en diferentes temas al mismo gobierno del que forman parte y que es, en buena medida, el responsable del mal que señalan. Resulta increíble que la presidente de la Corte Suprema de Justicia, que ha quedado tanto en deber a las mujeres, sea la que encabece una marcha para exigir respuestas ante la ola de femicidios que azota al país. Y es aún más patético, que cuando hay una grita generalizada por el alto costo del combustible, salgan organismos orteguistas, organizando una marcha para reclamarle al Gobierno (orteguista, verdad) que controle los precios del combustible (que es el gran negocio orteguista). Es un decir ¡el ladrón, el ladrón! apuntando deliberadamente en la dirección equivocada para despistar.
Culpables
Y podría ser optimista y pensar que se trata de un repentino remordimiento de conciencia, y que de verdad están interesados en asumir sus responsabilidades, pero, a diferencia de mi amigo, prefiero pecar de desconfiado y no de tonto, y más bien creo que como en el caso aquel, que solo es una estratagema para camuflarse entre los acusadores para dirigir el dedo hacia un lugar imaginario donde nunca nadie encontrará al culpable, porque el culpable está huyendo por el callejón del fondo, dejando como tontos a al resto de perseguidores.
Femicidios
Y aquí debemos estar claros. Los responsables de los femicidios que azotan a Nicaragua, no son solo los hombres que matan a las mujeres, sino también aquellos que promueven esa conducta y aquellos que teniendo la responsabilidad en sus manos no han sabido hacer nada para que ello deje de seguir ocurriendo.
Combustible
Y en el caso del combustible es peor. Porque si alguien es directamente responsable de que Nicaragua tenga los más altos precios del combustible de Centroamérica, es Daniel Ortega, quien no solo se ha valido del control del Estado para hacerse del monopolio de la importación y distribución de combustible en Nicaragua, sino que también privatizó a su favor un convenio Estado a Estado con Venezuela, según el cual Nicaragua debería tener los combustibles más baratos del área. Detrás de cada aumento semanal al combustible, está un Daniel Ortega apretándonos el pescuezo para sacarnos más dinero. Así de sencillo.
Pichar y batear
Esta nueva moda de hacer marchas alentadas por los mismos que están en el Gobierno, para reclamarle al Gobierno, solo puede explicarse en ese esfuerzo totalitario que tienen quienes controlan el poder en Nicaragua. Quieren pichar, batear, fildear y arbitrar al mismo tiempo. Y así podrán decir que ganan siempre, pero nunca será beisbol a lo que están jugando. No se puede. Y la prueba mayor de esa aberración son las votaciones, donde ellos son el árbitro que acomoda las reglas y los números como les da la gana, ellos son candidatos oficialistas y partidos de oposición al mismo tiempo. Podrán decir que ganaron porque así seguirán en el poder, pero eso nunca serán elecciones, mucho menos democracia.
Chupasangre
Y a propósito de “partidos de oposición”, fíjense como a medida que se acercan, empiezan a salir de sus madrigueras los mismos de siempre, reclamándose como líderes y obteniendo del árbitro todas las facilidades para participar. Parásitos. Salen, chupan la sangre y vuelven a hibernar otros cinco años.
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