“Matar e ir a la vela”: una vieja costumbre de la dictadura Ortega Murillo 

El trato que el régimen dispensa a sus víctimas en vida no le ha impedido apropiarse de sus honras fúnebres, lamentar públicamente su muerte e incluso dedicarles elogios. Brooklyn Rivera es el caso más reciente. Antes estuvieron Ernesto Cardenal, Alexis Argüello y hasta Humberto Ortega, el hermano del dictador.

Brooklyn Rivera: sepelio exprés 

La saña con que la dictadura Ortega Murillo trató a Brooklyn Rivera contradice las muestras públicas de pesar por su muerte. Tras mantenerlo en desaparición forzada durante casi tres años y exhibirlo únicamente cuando se encontraba al borde de la muerte, la codictadora Rosario Murillo afirmó que estaba orando por la salud del “hermano” Brooklyn. Después del fallecimiento del líder indígena, el régimen se apropió de sus honras fúnebres: lo sepultó en Managua sin la presencia de su familia y encarceló a seis de sus parientes.

Incluso en Nicaragua, bajo la dictadura de los Ortega Murillo, pocas historias ilustran mejor la expresión popular: “matar e ir a la vela”. 

Rivera estuvo desaparecido desde la mañana del 29 de septiembre de 2023, cuando oficiales de la Policía lo sustrajeron ilegalmente de su vivienda en Bilwi, Costa Caribe Norte. El 27 de mayo de 2026, la dictadura lo mostró por primera vez desde entonces: en una camilla de hospital, con ventilación artificial, cirrosis hepática, infección pulmonar y falla multiorgánica. El régimen atribuyó el cuadro a “una bacteria generada por el virus Covid-19”.

“Vamos a seguir pidiéndole a Dios por la recuperación de su salud, para que ese corazón vibrante de Brooklyn Rivera siga latiendo en amor a Nicaragua”, expresó Murillo el jueves 28 de mayo a través de los medios de la dictadura. Su discurso omitió el hecho fundamental de que Rivera llegó a ese estado de salud bajo custodia del Estado. 

En cambio, el régimen afirmó que el dirigente indígena recibió la mejor atención médica y visitas quincenales de su hijo, Wailandin Rivera Solórzano. Sin embargo, su hija Tininiska Rivera, quien vive en el exilio, aseguró que ningún familiar tuvo acceso a él mientras permaneció desaparecido. Según ella, Rivera murió en soledad.

n lugar de parientes, diputados de la Asamblea Nacional, controlada por el orteguismo, se presentaron en las honras fúnebres de Rivera.
n lugar de parientes, diputados de la Asamblea Nacional, controlada por el orteguismo, se presentaron en las honras fúnebres de Rivera.

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El régimen confirmó la muerte del dirigente indígena de 73 años el pasado domingo 31 de mayo, casi un día después de su fallecimiento. Pero, incluso después de muerto, Rivera continuó secuestrado. La dictadura organizó una vela exprés sin la presencia de sus familiares. Quienes sí asistieron fueron los diputados de la Asamblea Nacional, entre ellos Gustavo Porras y Edwin Castro, el hombre que en 2015 promovió su expulsión de ese órgano legislativo controlado por la dictadura.

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El sepelio se desarrolló bajo el control total del oficialismo. El cuerpo de Rivera fue sepultado en el cementerio capitalino Sierras de Paz la noche del 31 de mayo. No permitieron que reposara en la Costa Caribe junto a su madre, como su familia deseaba y como él habría querido. Ni siquiera lo llevaron a la iglesia Morava, situada en el barrio Domitila Lugo, Managua, donde lo esperaban varios miskitos. 

Ese mismo domingo la hermana de Rivera, tres sobrinos y dos personas cercanas a la familia fueron apresados por la Policía cuando llegaron a reclamar su cuerpo. 

Al día siguiente, el 1 de junio, Murillo destacó en sus medios el “legado” de Rivera, promotor de la autonomía de la Costa Caribe nicaragüense, a las comunidades costeñas.

 “Queremos destacar que Brooklyn Rivera Bryan vivió días muy difíciles para su salud hasta su partida el sábado por la noche. Recibió atención médica especializada, así como el acompañamiento de sus familiares y de los profesionales que estuvieron pendientes de su condición”, aseguró la codictadora. 

La dictadura no permitió el ingreso de Tininiska al país, por lo que no pudo despedirse de su padre. Diversas instancias internacionales exigen que se investigue a fondo la muerte de Rivera, quien se encontraba fuerte y caminando cuando se lo llevaron preso. 

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Cada año la Alcaldía de Managua lleva una ofrenda floral a Argüello, cuya muerte quedó rodeada de dudas.
Cada año la Alcaldía de Managua lleva una ofrenda floral a Argüello, cuya muerte quedó rodeada de dudas.

Alexis Argüello: dudas y homenajes 

El caso de Alexis Argüello ofrece otro ejemplo de la vieja práctica de “matar e ir a la vela”. Cuando murió, el 1 de julio de 2009, el tricampeón mundial de boxeo tenía 57 años, era alcalde de Managua y era una de las figuras más visibles del oficialismo. Casi diecisiete años después, su hija Dora Argüello sigue responsabilizando al régimen por la muerte de su padre, que considera un asesinato.

Argüello llegó al puesto de alcalde a inicios de 2009, en medio de un escándalo por fraude electoral que, según sus allegados, no fue de su agrado. A ello se sumaban las crecientes fricciones con Fidel Moreno, secretario general de la comuna, señala el reportaje Alexis Argüello: Aquel muchacho loco.

Las tensiones con Moreno llegaron a un punto intolerable el viernes 26 de junio de 2009. Mientras Argüello se encontraba en Puerto Rico para inaugurar un gimnasio que lleva su nombre, el Concejo Municipal celebró una sesión extraordinaria de más de dos horas. El propósito era modificar el presupuesto, crear dos nuevos distritos y ampliar las facultades de Moreno. El nuevo organigrama despojó a Alexis de la mayor parte de sus atribuciones: solo conservó los programas sociales y deportivos, además de las relaciones públicas.

Argüello regresó de su viaje el domingo por la tarde y al día siguiente tuvo un violento altercado con Moreno, relató su hija Dora Argüello a la revista Magazine en febrero de 2017. El martes no llegó a trabajar. Para la madrugada del miércoles estaba muerto. De acuerdo con varias personas cercanas, el Flaco Explosivo planeaba renunciar a la Alcaldía luego de que lo redujeran a una figura decorativa.

Aunque la versión oficial fue el suicidio, las circunstancias de la muerte del tricampeón despertaron dudas desde el primer momento. Las fotografías de la autopsia, filtradas a LA PRENSA en noviembre de 2009, reforzaron esas sospechas.

Especialistas independientes que analizaron las imágenes señalaron la presencia de “múltiples traumas”, indicativos de que Argüello “trató de defenderse”. También destacaron evidencias de golpes sufridos en vida y hematomas en los hombros que sugerían que alguien lo había sujetado por detrás. Además, presentaba lesiones en el tabique nasal —con cortada e inflamación, como si hubiera recibido un golpe desde abajo—, así como en la punta de la nariz y el labio inferior.

Las fotos también mostraron la presencia de hombres armados durante el procedimiento. Pero el control sobre el cuerpo de Alexis no terminó allí, porque el régimen secuestró las honras fúnebres. Dora vio a su padre cuando lo sacaron del Instituto de Medicina Legal (IML), “ensacado impecablemente” y con el rostro cubierto por una densa capa de maquillaje. Aun así, alcanzó a distinguir una herida en la nariz y varios moretones en el rostro.

También aseguró haber visto a la propia Rosario Murillo dando órdenes verbales y haciendo señas a policías y civiles que entraban y salían del lugar.

El cuerpo fue velado en el Palacio Nacional de la Cultura para que la multitud pudiera despedirse durante 24 horas. “Queremos invitar al pueblo (…) para que allí podamos rendirle homenaje todos los que lo queremos”, dijo Murillo, entonces vocera del régimen y hoy codictadora. También anunció tres días de duelo nacional.

Desde entonces, el oficialismo ha organizado toda clase de homenajes. Un monumento en la Plaza de las Victorias. Un polideportivo, un barrio y una orden bautizados en nombre del tricampeón. Artículos en sus medios de comunicación y ofrendas florales depositadas cada 1 de julio por autoridades de la Alcaldía de Managua.

Los restos de Alexis reposan en el cementerio Jardines del Recuerdo. Según su hija, él quería ser cremado y que sus cenizas fueran arrojadas al mar. “Que me lleve el viento”, pedía.

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El 3 de marzo de 2020 una turba sandinista profanó la misa de cuerpo presente del poeta Cardenal.
El 3 de marzo de 2020 una turba sandinista profanó la misa de cuerpo presente del poeta Cardenal.

Cardenal, vilipendiado hasta en la muerte 

El poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal labró con su obra literaria un gran reconocimiento internacional. En Nicaragua, sin embargo, vivió sus últimos años hostigado por el régimen Ortega Murillo. Lo dijo  tres años antes de su muerte: “Estamos en una dictadura y soy un perseguido político de la pareja presidencial”. 

Fueron sus primeras declaraciones, otorgadas a LA PRENSA en febrero de 2017, tras aprobarse una demanda de 800 mil dólares en su contra por un supuesto incumplimiento de contrato. Para Cardenal, el proceso y la sentencia formaban parte de la persecución política. 

Según el poeta, Rosario Murillo manifestó “rivalidad” contra él desde los años ochenta, cuando era ministro de Cultura. En esa época, “empezó a hacer campaña contra mí”, afirmó en una entrevista a LA PRENSA. También explicó los pormenores de una demanda que consideraba infundada.

La persecución contra Cardenal no impidió que, tras su muerte, el régimen publicara un panegírico de tres páginas, que muchos atribuyeron a la pluma de Murillo. Ahí lo llamaron “ilustre poeta nicaragüense” y aseguraron conocer “todos sus méritos culturales, artísticos, literarios y su extraordinaria poesía en la que siempre supo alabar a Dios, en el Cielo, en la Tierra, y en todo lugar”. 

La periodista e investigadora Sofía Montenegro, consultada por el medio Artículo 66, calificó el texto como “un insulto, una burla y un escarnio”, de un “cinismo insólito”. 

El poeta y sacerdote Ernesto Cardenal se declaró perseguido político de la dictadura.
El poeta y sacerdote Ernesto Cardenal se declaró perseguido político de la dictadura.

Al día siguiente Murillo continuó exaltando la figura del poeta. Pero lo peor estaba por venir. La tarde del 3 de marzo de 2020 una horda de simpatizantes del régimen asistió a la misa de cuerpo presente de Cardenal, realizada en la Catedral de Managua. La turba se entregó a la tarea de profanarla con insultos y consignas como “traidores”, Judas, “vendepatrias”, “no pudieron ni podrán”, “patria libre o morir”, “viva Sandino” y “viva Daniel”.

El nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag, el cardenal Leopoldo Brenes y el obispo Rolando Álvarez presidían la misa. “Aquí hay lugar para todos. Yo les pido, si quieren me pongo de rodillas. Esto no sirve a la memoria de este gran hombre”, solicitó el nuncio. En vano. 

Al terminar la homilía el féretro fue sacado por una puerta lateral y la horda arremetió con violencia contra hombres y mujeres de prensa, golpeándolos y robándoles sus equipos de trabajo. Al menos cinco reporteros resultaron con lesiones: Leonor Álvarez, Hans Lawrence Ramírez, Arnaldo Arita, David Quintada y Mario Medrano. A consecuencia de la brutal golpiza, Ramírez terminó hospitalizado, vomitando sangre y con secuelas que lo afectarían por años. 

Entre la turba se identificó a tres concejales sandinistas de la Alcaldía de Managua: Omar Saavedra, Jairo Ramos Tablada e Ileana del Carmen Hernández, quienes habrían reclutado a los fanáticos orteguistas en los barrios de la capital. 

Todo esto ocurrió durante los tres días de duelo decretados por el régimen Ortega Murillo tras el fallecimiento del poeta, ocurrido el 1 de marzo, cuando Cardenal tenía 95 años. 

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Humberto Ortega falleció como preso político de su hermano y su cuñada.
Humberto Ortega falleció como preso político de su hermano y su cuñada.

Humberto Ortega y las condolencias de Murillo

Ni Humberto Ortega Saavedra escapó de la dictadura de su hermano mayor, Daniel, y su cuñada Rosario. Murió como reo político  la madrugada del lunes 30 de septiembre de 2024, a los 77 años. El mismo régimen que lo condujo a la muerte se apresuró a despedirlo con elogios y condolencias. 

Falleció de un paro cardiorrespiratorio en el Hospital Militar de Managua, al que fue trasladado de emergencia desde su casa. Cumplía arresto domiciliario desde mayo de ese año, luego de emitir declaraciones que no agradaron al matrimonio dictador. 

En la que habría de ser su última entrevista, concedida el 19 de mayo al medio argentino Infobae, el exjefe del Ejército aseguró que el poder dictatorial de su hermano carecía de sucesores y que, al morir este, tendría que haber elecciones. Tras esto, la Policía impuso vigilancia permanente en su residencia, sin acceso a dispositivos electrónicos, salvo por un celular que mantenía escondido y desde el cual, el 9 de junio, mandó un mensaje de audio al diario Confidencial. 

“Se me impiden las visitas, incluyendo las de mis familiares cercanos. Estoy totalmente aislado, sin teléfono, computadora, radio o televisión. Este (teléfono) que empleo lo tengo escondido para emergencias. Se me impide mi tratamiento médico en el hospital privado Vivian Pellas. Mi condición de salud está muy precaria, y hace unas horas más, por lesiones que han brotado y amenazan mis piernas, infección que se podría extender a mi corazón. Todo el estrés que mi prisión injusta multiplica puede producir un desenlace fatal en cualquier instante”, advirtió en esa grabación, que el medio publicó después de su muerte. 

El mensaje echó por tierra la narrativa que la dictadura comenzó a tejer desde que se conoció la muerte de Ortega. Ese mismo lunes Murillo aseguró que habían estado “muy pendientes de la salud del general en retiro”, en “comunicación permanente”, pero que este falleció “a pesar de todas las esmeradísimas atenciones” que recibía en el Hospital Militar. 

“Que descanse en paz el general en retiro Humberto Ortega Saavedra, cuyos lúcidos análisis, propuestas y estrategias insurreccionales son y serán material de estudio de las distintas generaciones de nicaragüenses”, añadió todavía.

Por su parte, la Comandancia General de Ejército de Nicaragua lamentó la muerte de quien fuera su jefe desde 1979 hasta 2005 y destacó su desempeño “ejemplar y patriótico”. Ni el régimen ni el Ejército rindieron honores al fallecido general, mucho menos reconocieron su condición de reo político. Algunos medios independientes reportaron que, según fuentes cercanas, Daniel Ortega apareció brevemente para dar el pésame.

Ortega fue cremado el mismo día de su muerte. Y enterrado por sus hijos en una ceremonia privada el 1 de octubre en el cementerio Sierras de Paz, donde ahora también reposa Brooklyn Rivera. 

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