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Clave. A medida que se percibe un mayor deterioro en la salud del codictador Daniel Ortega, de 80 años, las miradas se vuelven hacia el Ejército de Nicaragua. La institución castrense, que debe obediencia absoluta a la Presidencia, sería clave en la eventual transición hacia un régimen en que la codictadora Rosario Murillo, de 74 años, asume todo el poder. Algunos analistas afirman que Murillo está preparando a la Policía para un escenario en el que quizás no cuente con la lealtad del Ejército.
Poder. Toda la cadena de mando, las decisiones estratégicas, las operaciones militares y la estructura interna de las fuerzas armadas deben responder directamente a la Presidencia, “jefatura suprema” del Ejército. Es decir, a Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo. La dictadura consolidó su control absoluto sobre el Ejército en marzo de 2025, cuando reformó 54 de los 100 artículos del Código Militar. En 2014 el régimen ya había realizado reformas constitucionales para otorgar más poder militar al Ejecutivo. Las reformas de 2025 facilitarían que la codictadora Murillo incremente su control sobre las estructuras castrenses, algo que, según analistas, en el futuro podría “generar disgustos” a lo interno del Ejército.
Negocios. El Ejército es dueño de numerosas empresas, que no se pueden cuantificar porque se mantienen en la opacidad y son manejadas a través del Instituto de Previsión Social Militar (IPSM). Incluso tiene inversiones en otros países, como Estados Unidos y Panamá. Se conoce que los militares manejan empresas como residenciales o urbanizaciones, centros comerciales, universidades, negocios en línea, empresas metalúrgicas, ferreterías, hoteles, supermercados, un hospital que recibe jugosos contratos del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) y muchos otros negocios.
Aumentos. Para 2025 el Ejército de Nicaragua recibió un presupuesto de casi 116 millones de dólares (4,242.4 millones de córdobas), más o menos el tres por ciento del total del Presupuesto General de la República (PGR). La cifra ha venido aumentando de manera exponencial desde 2007, cuando era de poco más de 34 millones de dólares (según el cambio de moneda vigente en ese momento). Para 2026 el Ejército tiene asignados unos 145 millones de dólares (5,322.7 millones de córdobas), lo que supone un incremento interanual del 25.46 por ciento, el mayor entre las instituciones de seguridad del país. También la Policía y el Ministerio del Interior, claves en la maquinaria represiva de la dictadura, han recibido sendos incrementos.
Espías. En septiembre de 2025 un informe expuso una red de espionaje que involucra al Ejército, la Policía, el servicio exterior (embajadas y consulados) y agentes no estatales para la persecución de opositores y críticos fuera de Nicaragua. Según el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua de Naciones Unidas (GHREN), “la Policía Nacional, en particular sus servicios de inteligencia) mantiene una estrecha coordinación con el Ejército, compartiendo perfiles de disidentes e interceptando comunicaciones y datos sobre movilidad”.

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Palabras. Unidades especializadas de la Dirección de Información para la Defensa (DID) y la Dirección de Inteligencia y Contrainteligencia Militar (DICM) del Ejército monitorean publicaciones, fotografías, comentarios y conexiones digitales de nicaragüenses en el exilio. Para ello emplean herramientas como algoritmos y rastreo de palabras clave que les permite identificar contenido crítico hacia la dictadura Ortega Murillo. Como rutina perfilan a periodistas, estudiantes, disidentes y opositores. Esto según el informe Nicaragua: Persecución más allá de las Fronteras. Exilio y violaciones transnacionales de los derechos humanos.
Mokorón. Es un secreto a voces que la base militar del Ejército en el Mokorón, cerro ubicado en el corazón de Managua, es uno de los principales centros de espionaje de Rusia. Según una fuente consultada por el medio Confidencial, las antenas y equipos rusos se instalaron en varias bases nicaragüenses a mediados de 2017. En la base del Mokorón funciona la Dirección de Inteligencia y Contrainteligencia Militar (DICM) del Ejército. Durante años la DICM empleó el sistema de radiogoniometría para localizar geográficamente señales telefónicas, televisivas o de radio. Los rusos agregaron el software SORM-3 para espiar y escuchar las comunicaciones de sus objetivos.
Represión. Según el GHREN, el Ejército de Nicaragua “participó activamente en la represión” contra las manifestaciones ciudadanas de 2018 y “cometió ejecuciones extrajudiciales”. Durante la rebelión de abril se documentó el uso de armas de alto calibre, armamento de guerra, contra ciudadanos que participaron en protestas pacíficas o “armados” con tiradoras, palos, piedras, miguelitos, morteros artesanales y, en ciertos casos, pistolas hechizas. Entre las armas militares se identificaron fusiles Dragunov, fusiles M16 y fusiles Ak-47.
Eterno. El general Julio César Avilés está al frente de las fuerzas armadas desde 2009, en sustitución de Omar Halleslevens. En diciembre de 2024 Ortega lo nombró para continuar otros seis años como jefe supremo del Estado Mayor General, con lo que sumaría 21 años consecutivos al frente del Ejército. Si la dictadura continúa en su sitio, Avilés estaría en el cargo al menos hasta febrero de 2031. Su lealtad al régimen le valió sanciones de Estados Unidos en mayo de 2020.
Inventario. De acuerdo con medios independientes nicaragüenses, el Ejército cuenta con entre 15 mil y 16 mil efectivos activos. Eran alrededor de 10,500 en 2007. En materia de armamento, el Ejército dispone de tanques rusos T-72B1, además de artillería antiaérea, patrulleras navales y aeronaves ligeras, adquiridas principalmente mediante acuerdos bilaterales. No existe un inventario público ni información transparente sobre cantidades, costos o estado operativo del equipo militar. Muchos equipos datan de décadas pasadas y serían poco funcionales en un conflicto externo serio. No obstante, los recursos militares actuales son eficaces para el control interno, la disuasión simbólica y la estabilidad del régimen.
Policía. La Policía de Nicaragua es considerada cómplice y contraparte del Ejército, pues funciona como el “ejército” particular de Rosario Murillo. A inicios de 2025 la dictadura reforzó su principal brazo represor, con la incorporación de más de 84,811 efectivos en seis semanas, entre nuevos oficiales y “policías voluntarios”, término usado por el régimen para referirse a sus paramilitares. De esa manera el número de policías pasó de 20,474 oficiales en 2024 a 105,285 en febrero de 2025. El mayor incremento se dio en Managua, con la juramentación de 30 mil voluntarios que se sumaron a 2,740 oficiales activos. Su presupuesto proyectado para 2026 es de 5,622.2 millones de córdobas.
Dantos. El equipo de beisbol los Dantos de Managua no es estrictamente un equipo de la capital. Pertenece al Ejército y fue el general Humberto Ortega (q.e.p.d.) quien lo fundó, cuando era jefe del Ejército Popular Sandinista (EPS). Cuando inició, en 1981, el equipo se llamaba Dantos del EPS. Sin embargo, en 1986 le cambiaron el nombre para dejar de exponerlo al rechazo que el cuerpo militar inspiraba en la población. Desapareció en 1993 y volvió en 2013, seis años después del retorno de Daniel Ortega al poder. Algunos analistas dicen que los Dantos tienen “fecha de caducidad”, pues vivirán el tiempo que le reste a la dictadura Ortega Murillo.
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