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La formalización del control absoluto del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo sobre el Ejército de Nicaragua es el resultado de un “largo camino de descomposición institucional” de la institución castrense, señalan especialistas consultados por LA PRENSA.
La dictadura reformó 54 de los 100 artículos que contempla el Código de Organización, Jurisdicción y Previsión Social Militar, así como cuatro epígrafes. Por el alcance y profundidad de los cambios se trata en realidad de una reforma total, lo cual se evidencia en la orden de publicar el texto íntegro de la ley reformada, algo que sólo se hace cuando las modificaciones alteran completamente su estructura.
Sin embargo, en 2014 fue el mismo régimen el que aprobó el Código que estaba vigente, en línea con las controversiales reformas constitucionales que otorgaron más poder al Ejecutivo.
“La verdad es que casi todo eso ya estaba. Lo incluyeron en la reforma de 2014. Lo que pasa es que ahora adquiere más relevancia por el contexto. Eso no lo hace menos grave. Fue grave y antidemocrático en 2014 y lo es ahora nuevamente”, dijo un especialista consultado bajo condición de anonimato.

Hace oficial la subordinación a Murillo
Otro especialista, también bajo condición de anonimato, señaló que si bien la reforma al Código Militar formaliza el control absoluto de Ortega y Murillo sobre el Ejército, no es con esta reforma que Rosario Murillo inicia su influencia sobre la institución castrense.
“Honestamente, las reformas del Código no necesariamente le dan más poder a Murillo sobre el Ejército. Sí hay cambios importantes, por ejemplo que alinean el Código con las reformas que hicieron a la Constitución. También está el tema de las fuerzas de reserva, que buscan atemorizar más a la población y hacer pensar que el Ejército contará con otros 70 mil reservistas, como los policías voluntarios de tiempos pasados”, explicó.
El opositor Héctor Mairena sostiene que este «formalismo» facilitará que Murillo incremente su control sobre las estructuras militares.
“Este nombramiento, yo no tengo la menor duda, va a tentar a Murillo a manosear las estructuras y los ascensos dentro del Ejército. Y creo que eso no tiene —ni va a tener— contentos a los oficiales de alto rango. Que venga la señora a violentar las estructuras de mando y de sucesión, que han estado claras desde hace bastante tiempo dentro del Ejército, eventualmente podría generar disgustos”, advirtió Mairena.
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Así se materializa el control de los dictadores sobre el Ejército
Una revisión y comparación realizada por LA PRENSA a la reforma del Código evidencia que la Presidencia de la República —en manos de Ortega y Murillo— asume un rol central y absoluto sobre el Ejército de Nicaragua. La figura presidencial adquiere una autoridad dominante y sin contrapesos dentro de la estructura militar, eliminando cualquier posibilidad de autonomía institucional.
Toda la cadena de mando, las decisiones estratégicas, las operaciones militares y la estructura interna de las fuerzas armadas deben responder directamente al Ejecutivo.
Por ejemplo, el artículo 2 del nuevo Código establece que el Ejército debe “apoyar” a la Policía cuando “la estabilidad de la República lo requiera y lo ordene la Presidencia y jefatura suprema del Ejército”, una competencia que antes correspondía al presidente en Consejo de Ministros.
Entre los nuevos poderes de la Presidencia destaca la facultad de nombrar y remover al comandante en jefe del Ejército. Aunque el nombramiento debe ser propuesto por el Consejo Militar, la remoción puede ser decidida directamente por la Presidencia en casos de insubordinación, desobediencia u otros motivos, como una condena penal.
La Presidencia también asume control sobre las operaciones militares: puede ordenar acciones armadas ante agresiones externas, autorizar el despliegue del Ejército en apoyo a la Policía Nacional, y aprobar los planes de defensa, seguridad nacional, movilización y presupuesto militar.
Asimismo, la reforma otorga a la Presidencia el mando del Estado Mayor de la Defensa Civil y del Centro de Operaciones de Desastres (CODE), además de situarla al frente del Comité Nacional del Sistema de Prevención y Atención de Desastres. Desde ahí, Ortega y Murillo definen políticas en materia de inteligencia artificial, telecomunicaciones, seguridad tecnológica y control del espectro radioeléctrico.
“Considerando lo que han hecho en otras instituciones —correr gente, purgas de alto nivel, reestructuraciones, etc.— lo que se puede esperar es que hagan lo mismo en el Ejército. Ya lo han hecho en la Policía. Seguramente ampliarán el control sobre los militares y sus familias, en especial sobre los mandos superiores e intermedios, los del Consejo Militar”, alertó la excomandante guerrillera Dora María Téllez.
Ejército pasó de «no deliberante» a heredero de Sandino
La reforma al Código Militar está en consonancia con la reforma a la Constitución Política de Nicaragua —que en realidad implica el establecimiento de una nueva carta magna y un nuevo modelo de Estado— con la cual el régimen Ortega-Murillo consolidó su control total.
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La nueva Constitución establece que la Presidencia de la República coordina a los demás «órganos»: judicial, electoral y legislativo, degradando los poderes del Estado a simples instancias subordinadas a la “Presidencia”, conformada por dos “copresidentes” y varios vicepresidentes.
También establece que la Presidencia es la jefatura suprema del Ejército de Nicaragua, de la Policía Nacional y del Ministerio del Interior.
Aunque este control ya era ejercido de facto, las reformas constitucionales eliminaron el carácter apolítico y apartidario de la Policía y el Ejército.
La Constitución establecía que el Ejército de Nicaragua es una institución nacional, profesional, apartidista, apolítica, obediente y no deliberante. Sin embargo, la nueva Constitución lo define como la única fuerza militar del país, heredera del “Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua del General Augusto C. Sandino y de su divisa Patria y Libertad, y del Ejército Popular Sandinista”, sin mencionar en ninguna parte su carácter apolítico o apartidario.