Este es un año importante porque Daniel Ortega tiene al frente una fecha constitucional que cumplir. Un sapo que tragar. No es un año electoral. Es, o debería ser, un año de quiebre.
En Letra Pequeña
Lo absurdo de este País de las Maravillas
Lo que estamos viviendo ahora en Nicaragua no es el resultado de un plan perverso inteligentemente estudiado. No. Eso sería darle un crédito que no tiene. Estamos frente a un plan perverso improvisado con las bilis de cada día.
El origen de la dictadura
La dictadura no nació por generación espontánea en 2018. Es un trabajo de filigrana. Se montó, pieza por pieza, desde hace 30 años
Unidad o los bueyes delante de la carreta
La unidad no se construye esperando que los otros se unan a mí. Yo como centro de la unidad. Ni estableciéndome yo como medida de lo correcto y verdadero, de tal manera que solo podrían entrar en esa “unidad” quienes pasen la prueba de mi intolerancia.
Elecciones en Nicaragua y la paradoja de Schrödinger
Somos el gato en la caja de Schrödinger. Este año hay elecciones y al mismo tiempo no las hay, en el entendido que elecciones al modo Ortega no son elecciones.
La patria soy yo
Ya se declaró pueblo, soberanía y patria. El siguiente paso en este cuadro clínico es declararse dios. Es lo que sucede generalmente cuando se junta el poder y la locura.
La estrategia del «¿y qué?»
La estrategia del “¿y qué?” le puede funcionarun mes, un año, tal vez dos o tres, pero no para siempre. En algún momento deberá pagar por las culpas que acumula con ese comportamiento delictivo.
El fraude de 2021 ya ocurrió
El fraude no se ejecuta (solo) el día de las votaciones. Daniel Ortega lleva 30 años preparando las elecciones que se robará mientras viva. Si el fraude del 2021 ya está hecho, ¿ahora qué viene?
De opositores ilusos es esperar voluntad política de Ortega
Nunca nadie ha explicado por qué razón Daniel Ortega llegaría a tener voluntad política para hacer algo que, a como están las cosas, lo perjudica más que beneficiarlo.
Todos quietos ¡esto es un secuestro!
La fortaleza que ahora mismo tiene el régimen de Daniel Ortega es la de un secuestrador, fuertemente armado, pero cercado. No tiene posibilidades de escape, pero puede hacer mucho daño.