El fraude de 2021 ya ocurrió

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Venezuela

Después de lo sucedido en Venezuela el domingo pasado, es justo preguntarse si vale la pena apostar a la carta electoral en dictaduras como estas que nunca pondrán en juego el poder en un proceso limpio, donde los ciudadanos decidan quiénes serán sus autoridades. Y si no vale la pena, ¿cuáles son las otras opciones? Y si lo vale para evidenciar el robo como dicen algunos, ¿qué sucederá después del fraude en Venezuela o en Nicaragua?

Fraudes

Ya se ha dicho hasta el cansancio que los fraudes no se ejecutan solo el día de las votaciones. Así que no tenemos que esperar hasta el 7 de noviembre de 2021 para saber si Daniel Ortega se robará o no de nuevo las elecciones. Ya se las está robando. Así como están las cosas es imposible que el Frente Sandinista pierda una elección, aún en el hipotético caso que solo tenga 20 mil o incluso mil votos. Porque, en estos casos, al decir del dictador soviético Iosef Stalin “no importa quien vote, sino quien cuenta los votos”.

El día después

El debate que nos toca sobre Venezuela no es si hubo o no hubo fraude. Ya se da por hecho que hubo. Lo que Nicaragua debe ver en ese espejo es ¿qué viene el día después del fraude? Lo que pasó en Venezuela es casi seguro que pase en Nicaragua. Y lo que suceda con Venezuela después del fraude es probable que suceda con Nicaragua después del suyo. O sea, que si en Venezuela no pasa nada, y la dictadura sigue igual o mejor posicionada tras el fraude, ¿por qué deberíamos creer que en Nicaragua pasará algo distinto si estamos recorriendo el mismo camino con los mismos actores?

2008

El fraude de las municipales en 2008 fue uno de los más brutales y primitivos que se haya visto en país alguno en los últimos años. ¿Se acuerdan? Expulsaron violentamente a los fiscales opositores. Decidieron quién votaba y quién no. Agregaron descaradamente votos en sus casillas de tal forma que hubo juntas donde la cantidad de votos superaba con creces a su propia población.  Eliminaron las actas de las juntas donde ganaban los opositores. Hubo alcaldías que dieron la voltereta: después de estar ganadas por opositores aparecieron misteriosamente ganadas por el Frente Sandinista, y al final el robo era tan evidente que ni siquiera pudieron hacer cuadrar los números y decidieron suspender la publicación en línea, tal como estaban obligados a hacerlo. Roberto Rivas leyó los números que le dio la gana sin preocuparse por explicar de dónde salieron esas cifras. Y cuando los opositores quisieron reclamar el fraude, fueron rodeados por una turba de delincuentes armados de machetes con orden expresa de reventarle la vida a quien no se conformara.

Misma mona

De ahí para acá, el fraude ha seguido siendo el mismo, solo que trabajado con más tiempo y dedicación.  La misma mona con distinto rabo. Se eliminó a todo funcionario electoral que no tuviese garantía de cómplice. Se legalizó el asalto mediante leyes y reglamentaciones insólitas, que impiden la participación de los ciudadanos, tanto para elegir como para ser electos. De tal forma que Daniel Ortega es el juez, el candidato, la observación, las encuestas y hasta su oposición, tal como lo fue Maduro en Venezuela hace unos días. Así, ¿cómo perder? Y téngalo por seguro que, si por alguno de esos accidentes que suceden en política se complicaran las cosas, tanto los chavistas en Venezuela, como los sandinistas en Nicaragua, no tendrán empacho en aplicar el fraude troglodita tipo 2008 para seguir en las suyas.

Opciones

Si nada ha cambiado y aparentemente nada cambiará, entonces, ¿vale la pena jugar la carta electoral? Es una opción que no se puede descartar, con todas las reservas que la situación implica. El pecado opositor es pensar que esa es la única opción. Toda estrategia debe partir de dos premisas que hasta un niño de primaria entiende: una, Ortega se está robando las elecciones porque esa es la única forma de ganar que conoce; y dos, nunca entregará el poder si no es por la fuerza de los hechos. Esos hechos pueden ser, entre otros seguramente, desde la fuerza de una rebelión popular, la implosión de su propia organización, el enjuiciamiento y castigo internacional, hasta la propia muerte que a todos nos tocará algún día.

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