En estos días ha circulado en las redes sociales una fotografía en la que se ve a un sujeto en una supuesta estación de Policía, de civil, con una camiseta psicodélica de esas con que uniforma a sus adeptos el Gobierno y con un casco de moto en su brazo, mientras se coloca una capucha sobre el rostro. Se le ve saliendo desde adentro de la estación, mientras al fondo, dos hombres con uniformes de Policía, impasibles ante el hecho, parecen estar tomando una merienda sentados en su escritorio.
En Letra Pequeña
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Con el aguinaldo de diciembre aparecen sus depredadores. La masa de dinero, que este año alcanzó en Nicaragua los 315 millones de dólares, es como una manada de venados que corre loca, suelta en una pradera africana.
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Lo he dicho en varias ocasiones: yo soy de aquellos que sí quisieran ver un canal construido en Nicaragua
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Déjenme recordarles un episodio feo. Edificio Olof Palme, 2 de septiembre de 1993. Doña Violeta habla en el acto del 14 aniversario del entonces Ejército Popular Sandinista. Ella es la presidenta de Nicaragua y, para sorpresa de la mayoría, anuncia que el todopoderoso general Humberto Ortega, ahí presente, dejaría el cargo de jefe del Ejército el próximo año. Tan pronto terminó su discurso el general Joaquín Cuadra, jefe del Estado Mayor; Humberto y Daniel Ortega rodearon furiosos a doña Violeta. Daniel Ortega casi llega a la agresión física, según testimonio de los presentes, y le habría dicho: “¿Y vos qué te creés? ¿Acaso sos la dueña de Nicaragua?” Fue el día más duro de doña Violeta. Pensó en renunciar, según contaría en una entrevista de mi libro Secretos de Confesión.
En Letra Pequeña
¿Dónde quedó la bolita? ¿Se acuerdan de este juego? Un tipo con extraordinaria habilidad de prestidigitación pasea una bolita de esponja por tres vasos boca abajo con la intención de que alguien apueste a que puede adivinar en cuál de ellos quedó la famosa bolita. Parecen ganancias fáciles. Es tan obvio donde quedó la bolita, que a uno le debería despertar sospechas. ¿Por qué este señor me quiere regalar dinero? Pero siempre hay gente que cae.
En Letra Pequeña
Tras quien dispara en una protesta en Totogalpa y mata un niño; tras el policía que vestido de civil dispara “por equivocación” a la camioneta de una asustada señora; tras el escolta que suelta una ráfaga contra un motorizado imprudente e hiere a dos
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Es bastante probable que en un par de días el CIRA, un instituto universitario dedicado desde hace 34 años al estudio y la investigación de los cuerpos de agua de Nicaragua, apoye decididamente el proyecto de un Canal Interoceánico que impulsa el comandante Ortega y el chino Wang Jing.
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Algo debe andar mal cuando se promulga una ley bajo el rimbombante nombre de “Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres” y los femicidios, lejos de bajar, parecen dispararse más bien. Y digo “parecen” porque ya nos enredaron todas las estadísticas.
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Reconozcámoslo: el PLC parece ser quien más claro tiene hacia dónde va. A una repartidera de cargos y nunca a elecciones. Al menos esa honestidad se le puede reconocer. Así que mejor solos. Le tocaría más en la repartidera si logra excluir al PLI basado en un cálculo simple: dignidad, ética y participar en elecciones con este mismo árbitro electoral no pueden ir juntos. Y ese parece ser el dilema existencial del PLI. O se va a elecciones, se llenan de lodo y consiguen algunos cargos o no van a las elecciones y se quedan con su dignidad en la calle. El PLC ya decidió.
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Como si ya fuera poco los pactos que se negocian en secreto como ladrones en callejón oscuro repartiéndose el botín; como si fuera poco la ley de silencio, que como una omertá siciliana pesa sobre todos los funcionarios del Estado; y por si fueran poco los detenidos a la medianoche con capucha y sin ley, los crímenes impunes de los que ninguna autoridad quiere hablar; como si ya fuera poco todo esto Ahora los diputados quieren votar en secreto. Apuñalar por la espalda. Sin que se sepa quién es el malhechor. Votar y cobrar. Ya que llegamos hasta ahí, para qué andarnos con remilgos y al tiempo que se apruebe la votación secreta de los diputados en el reglamento de la Asamblea Nacional, convendría también establecer el derecho de llegar con antifaz o capucha. Para ir completos, digo.