Depredadores
Con el aguinaldo de diciembre aparecen sus depredadores. La masa de dinero, que este año alcanzó en Nicaragua los 315 millones de dólares, es como una manada de venados que corre loca, suelta en una pradera africana. Es temporada de caza. Hay depredadores naturales, como los comercios con sus promociones 2X1 y sus Black Friday. O los delincuentes, que pistola en mano esperan a los incautos a la salida de los bancos, en parqueos o mercados. Pero, de un tiempo acá, han aparecido depredadores de nuevo cuño. Junto con los mercaderes y los ladrones, está ahora la Alcaldía, la Policía y hasta el Consejo Supremo Electoral, desesperados por sacarle la mayor cantidad de dinero de la bolsa a los nicaragüenses en este diciembre, ya sea como multas de tránsito, como impuestos o como cobro a mansalva de la cédula de identidad que por ley están obligados a entregar.
Aprieta botones
A ver si entiendo. Los diputados liberales proponen una prórroga a la vigencia de las cédulas. Los diputados sandinistas la rechazan. Algunos hasta responden furibundos, que cómo es posible que la gente no haya renovado sus cédulas después de tantas prórrogas, que 300 pesos no están pegados en el cielo y, en fin, dispuestos a mantenerse en sus trece a pesar de todo el desbarajuste que se vaticina. Ahora, viene Daniel Ortega y hace casi la misma propuesta de los liberales. ¿Mantendrán su criterio los diputados sandinistas? ¿O veremos a diputados como Wálmaro Gutiérrez apretar el botón verde, tragarse palabra por palabra todo lo que dijeron defendiendo el fin de las prórrogas, solo porque vino una orden de arriba? ¿Van a confirmar los diputados sandinistas su condición de aprieta botones? Hoy sabremos eso.
Negocio con las cédulas
Detrás del caso de las cédulas está un negocio millonario. Las largas filas de ancianos tostándose al sol, la desesperación de muchas familias pobres buscando el dinero exigido por la renovación y los viajes de trámite, y las vigilias para coger número de la fila, solo tenían el propósito de meter dinero, mucho, fácil y rápido, por la trasera a ese tumor nacional que se llama Consejo Supremo Electoral y que ha hecho de su desvergüenza e incapacidad la fuente de riqueza de sus miembros. ¿Sabremos algún día cuánto dinero recogieron de todas estas penurias en estos días? Cálculos al aire, porque nunca hay datos oficiales en estos casos, hablan de que se pagaron unos 10 millones de dólares. Es temporada de caza, dijimos.
Vidriero
Daniel Ortega es el vidriero que nos recordaba recientemente Sergio Ramírez de la película de Chaplin, El Niño. Se trata de un vendedor ambulante de vidrios para ventanas que encargaba a un niño quebrar a pedradas los ventanales de las casas por donde luego pasaría ofreciendo sus servicios de reparador. Igual Ortega. Primero arma el desastre y luego se aparece como la solución. Tanto el vidriero como Ortega se presentan como salvadores, mientras más allá, en un callejón, cuentan junto con sus tirapiedras el dinero que se ganaron con ello.
Buena y mala noticia
La prórroga a la vigencia de cédulas es una buena noticia para Nicaragua, pero es una mala noticia la forma en que se está haciendo. Confirma el coma y la falta de independencia que padece la Asamblea Nacional, que se presenta como una institución inútil cuyo título de “foro de debate por excelencia” le está quedando demasiado grande. ¿De qué independencia estamos hablando cuando alguien desde afuera les hace una seña y todos los diputados sandinistas votarán en sentido totalmente contrario al que públicamente han sostenido sobre el tema? ¿De qué debate estamos hablando cuando una propuesta era mala, malísima, cuando la presentó otro partido, y se vuelve buena, buenísima, cuando la presenta el caudillo? Debate implica pensar. Independencia implica valentía y dignidad. De qué sirve gastar 543 millones de córdobas al año en una institución donde un solo hombre, desde afuera, toma las decisiones por todos los diputados que la componen.
Ajedrez mundial
Renglón aparte y a propósito de la caída del petróleo, del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos y de la devaluación del rublo, yo no sé si es Obama u otro, pero alguien está jugando un ajedrez bien fino en política internacional y, sin disparar un tiro, poco a poco se van desinflando los bravucones de Venezuela, China y Rusia que hasta hace poco se pavoneaban como los dueños del nuevo mundo que venía.
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