La corrupción pública que Arévalo promete combatir a fondo está muy arraigada y los problemas económicos y sociales que pretende enfrentar y resolver son extremadamente graves.
La corrupción pública que Arévalo promete combatir a fondo está muy arraigada y los problemas económicos y sociales que pretende enfrentar y resolver son extremadamente graves.
Ahora, para justificar la confiscación de la UCA y su desmantelamiento académico y religioso, la acusan prácticamente de lo mismo que en el siglo 19 acusaron a los padres jesuitas para robarlos, ultrajarlos y expulsarlos de Nicaragua.
La verdad, como lo prueban los hechos históricos, es que el sandinismo trató de impedir la democratización del país por todos los medios a su disposición, inclusive los peores y más extremistas.
Las personas que son democráticas o dicen luchar por la democracia, deberían predicar con el ejemplo absteniéndose de caer en el degradante juego de la odiosidad en el lenguaje y el debate político con el adversario y entre ellos mismos.
Es un golpe terrible a la educación general en Nicaragua y a la enseñanza universitaria de calidad y por tanto libre de la tutela del Estado y los partidos políticos.
Los regímenes autoritarios no cambian o desaparecen solo porque el entorno internacional se les vuelve desfavorable… Así lo ha demostrado la vetusta dictadura comunista cubana que ya tiene más de 64 años…
LA PRENSA no renuncia al derecho de publicarse normalmente en su forma impresa y las otras plataformas. El derecho a la libertad de expresión y de prensa es irrenunciable, es una garantía fundamental que inclusive es reconocida en la Constitución de Nicaragua, para lo que esta pueda valer en la actualidad.
Más allá de los debates intelectuales sobre cultura política y la relación entre pobreza o riqueza y democracia, lo cierto es que aunque Nicaragua sea un país atrasado y pobre los nicaragüenses tienen derecho a vivir en libertad y pueden gobernarse democráticamente.
Seguramente monseñor Álvarez conoce la emocionante historia de la vida y muerte del beato Franz Jagerstatter, y que entre otras iguales le sirve de inspiración y le da fortaleza para soportar el martirio que está sufriendo.
Aplicando creativamente la regla ignaciana de “aprender haciendo”, la educación jesuita evolucionó y mejoró constantemente conforme el paso del tiempo y el progreso de la sociedad, manteniendo siempre su gran prestigio en la educación universitaria o superior.