La pasión de los jesuitas

La confiscación de la luminosa Universidad Centroamericana (UCA)  para convertirla en una oscura entidad estatal partidista de la que solo se puede  esperar deformación educativa ha sido un golpe muy duro contra los jesuitas, como se le llama a los religiosos miembros de la Compañía de Jesús.

Usamos la palabra pasión en su doble sentido, de afición vehemente a algo o alguien y de padecimiento. Ambos sentidos, el de su vehemente afición a predicar y  educar, y el del sufrimiento por cumplir su misión son parte de la historia de los jesuitas en Nicaragua.

 El historiador católico Ricardo Zúñiga C. dice en su Historia Eclesiástica de Nicaragua, que la presencia del primer jesuita en el país data del siglo XVII, pero era una presencia esporádica.

Fue hasta el 15 de septiembre de 1871 que llegaron a Nicaragua 73 sacerdotes jesuitas, procedentes de Guatemala de donde fueron expulsados por el dictador Justo Rufino Barrios.

Aquellos jesuitas fueron acogidos solidariamente por la Iglesia y el pueblo católico de Nicaragua. Pero su radicación fue muy difícil por la ruda oposición de los sectores anticlericales que presionaban al entonces presidente de la República, don Vicente Cuadra, para que los echara del país.

A pesar de eso, los jesuitas se dedicaron tenazmente a cumplir su triple compromiso: la evangelización, la educación y la solidaridad social. Pero los radicales liberales de la oposición y los incrustados en el gobierno lograron que en 1881 fueran expulsados de Nicaragua por el presidente Joaquín Zavala. La justificación para su expulsión fue que eran perturbadores de la tranquilidad pública y que habían azuzado a los indios de Matagalpa para que se alzaran en armas contra el gobierno local.

El historiador Zúñiga cita el testimonio de una testigo presencial de la violenta expulsión de los jesuitas en la ciudad de León, la señora María Zapata, de la comunidad indígena de Sutiaba, quien relató lo siguiente:

“Me fui con mi mamá a la plaza de la Parroquia y vimos a los padres jesuitas, sudorosos y cansados, rodeados por los soldados y por toda la indiada que armados de machetes, de escopetas, de palos y piedras, gritaban golpeando el suelo con los pies… no salen los padres, no los sacan, aquí morimos todos, pero no los sacan… masones… Toda la gente lloraba a grandes sollozos al ver la mansedumbre y blanda tristeza de aquellos padres, verdaderas reliquias sagradas de hombres”.

Como casi siempre ocurre, la fuerza del poder estatal se impuso sobre la voluntad del pueblo y los padres jesuitas fueron echados de Nicaragua. Pero algún tiempo después pudieron regresar y poco a poco fueron reconstruyendo sus emprendimientos religiosos, educacionales y de caridad.

Cuando cayó la dictadura somocista  en 1979 los jesuitas de la UCA apoyaron a la revolución sandinista, que la entendieron como un proyecto social de Dios y se comprometieron plenamente con los cambios revolucionarios. De manera que sufrieron cuando el FSLN perdió las elecciones de 1990 y tuvo que entregar el gobierno, aunque no el poder real.

Tanto lamentó la UCA  que los sandinistas perdieran las elecciones, que el 27 de julio de 1990, en medio de las asonadas sandinistas para sabotear al gobierno democrático de doña Violeta Barrios de Chamorro, el rector de la UCA (el sacerdote jesuita César Jerez), le otorgó un doctorado honoris causa “en Ciencias Humanas” a Daniel Ortega por “su gestión a favor de los pobres aunque haya cometido errores”.

Sin embargo la UCA de los jesuitas floreció durante los tres gobiernos democráticos. Y fiel a su compromiso con la justicia y los derechos humanos,  en 2018 protegió en todo lo que pudo a los estudiantes que se alzaron por la libertad y la democracia; no los alentó a rebelarse, pero les abrió sus portones para que pudieran refugiarse y escapar de la cruda represión.

No es casual que ahora, para justificar la confiscación de la UCA y su desmantelamiento académico y religioso, la acusan prácticamente de lo mismo que en el siglo 19 acusaron a los padres jesuitas para robarlos, ultrajarlos y expulsarlos de Nicaragua.

Es otra estación en el calvario y la pasión de los padres jesuitas.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí