La UCA y la Iglesia católica en el desarrollo de la educación superior

Han sido muy preocupantes las noticias de que las cuentas bancarias de la Universidad Centroamericana (UCA) han sido congeladas; y que sus propiedades inmuebles se encuentran bloqueadas por la Procuraduría del régimen. Preocupantes noticias, pero en ningún caso sorprendentes.

La UCA no ha confirmado la información. Lo que dijo en una comunicación institucional es que por motivos ajenos a su voluntad “no están recibiendo pagos correspondientes a aranceles o servicios de ninguna de las instituciones de la universidad».

Sin embargo, a falta de información oficial y sobre todo por lo que ha venido ocurriendo con la mayor parte del sistema de educación universitaria independiente del Estado, la percepción periodística es que la paralización de las cuentas de la UCA y el bloqueo de sus bienes inmuebles podría ser el primer paso en la recta final hacia la intervención estatal en esta prestigiosa casa de estudios superiores.

Ojalá que no fuera así, pero en la situación que prevalece en Nicaragua desde 2018 no hay motivos para ser optimistas. Solo podemos lamentar que la educación universitaria de calidad ha venido siendo socavada y que en esta desgracia la luminosa UCA puede desaparecer, no su nombre, pero sí su esencia y su fecunda trayectoria.

Eso es algo que puede ocurrir por venganza del régimen, ya que la UCA protegió a los estudiantes en la rebelión popular democrática de abril de 2018; o por avance del proyecto estratégico del régimen de no dejar ningún espacio —o reducirlo al mínimo posible— de participación autónoma de la sociedad civil en los asuntos de  importancia e interés público.

Se conoce que la UCA de Nicaragua fue la primera universidad privada que se estableció en Centroamérica. La fundó la orden católica Compañía de Jesús (los jesuitas) el 23 de julio de 1960, “como una institución educativa sin fines de lucro, autónoma, de servicio público e inspiración cristiana”.

Desde entonces, dice la UCA en su sitio web, ha otorgado 28 mil títulos de grado y 5 mil de posgrado. Y agregamos que entre sus graduados y posgraduados figuran muchos de los intelectuales y profesionales más capacitados y prestigiosos de Nicaragua, pertenecientes a las diversas corrientes ideológicas y políticas, o a ninguna.

La UCA de Nicaragua ha sido consecuente con la historia mundial de la contribución jesuita —y por tanto de la Iglesia católica— a la educación superior de la mejor calidad para el progreso social y de la humanidad.

El doctor en Ciencias Humanas, académico y antiguo rector universitario venezolano, Francisco González Cruz, dice en un ensayo sobre el tema que “las universidades nacieron en la Edad Media (en Europa), hace más de 800 años, porque se reunieron personas que querían aprender y personas que deseaban enseñar, en comunidades más parecidas a un club, o a un ateneo que a estas grandes organizaciones de hoy. Se organizaron como gremios de aprendices y maestros, que luego la Iglesia católica vio con buenos ojos, la cobijó y le dio unos “fueros” y algunas fuentes de ingresos, entre otras, una parte de los “diezmos y primicias”.

Agrega que “muchas de estas universidades, sobre todo en la América española, nacieron de colegios seminarios, que, al ganar ascendencia, recibían del papa o del rey autorizaciones para otorgar títulos mayores o superiores. Esos privilegios se ganaban gracias a las solicitudes y diligencias que hacían los ministros de la Iglesia y los líderes de la sociedad, conscientes de los beneficios de estas casas de estudios”.

Desde esa misma época los jesuitas comenzaron a comprometerse con el quehacer educativo de nivel superior.

Del sitio web Jesuitas, Conferencia de Provinciales en América Latina y el Caribe-CPAL, extraemos la información de que “cuando los jesuitas decidieron dedicarse a la educación, entendieron que tenían que prepararse para ser educadores en las instituciones educativas que fundaban. Cuando aceptaron abrir el Collegio de San Nicolò (Colegio de San Nicolás), en Mesina (Italia), en 1548, no tenían todavía claramente definido cómo llevar adelante un colegio. Solo hasta 1599, es decir más de 50 años después de trabajar en educación, el P. General Acquaviva promulgó la Ratio Studiorum; el primer documento oficial sobre educación que orientó las obras educativas por varios siglos”.

Desde entonces ha sido enorme la contribución católica jesuita a la educación universitaria. Y nunca se anquilosó. Por el contrario, aplicando creativamente la regla ignaciana de “aprender haciendo”, la educación jesuita evolucionó y mejoró constantemente conforme el paso del tiempo y el progreso de la sociedad, manteniendo siempre su gran prestigio en la educación universitaria o superior.

Así lo ha demostrado la UCA de Nicaragua desde su fundación en 1968 —hace 55 años— hasta ahora que la podrían desaparecer. Lo cual sería una desgracia nacional e internacional.

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    La alma mater UCA, vino siendo hebra,hilo y arteria fundamental por decadas para la educacion superior de nuestra nobel juventud y sociedad en general. Sin lugar a dudas estamos transitan una era de cumbre tecnologica y nuestra poblacion afronta a un usurpador de los valores culturales y civilizacionales de la era cumbre de la humanidad. Realmente nuestra de debilidad del conocimiento tecnologico lo vemos en nuestro territorio no asi en nuestro destierro en donde abundamos en todas las especializaciones con altos grados educativos; Master, PHDs en las carreras mas sobresalientes. Salve a ti Nicaragua.

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