El triunfo del economista ultraliberal Javier Milei en las elecciones primarias de Argentina, celebradas el domingo 13 de agosto, ha sacudido el entorno político de ese gran país suramericano y repercutido en todo el hemisferio.
El impacto no es para menos, habida cuenta de que Milei es el precandidato presidencial más de derecha en Argentina y después de triunfar en las primarias del domingo pasado se posiciona como probable ganador de la elección presidencial que tendrá lugar el próximo 22 de octubre.
Los analistas hablan de un nuevo giro político latinoamericano hacia la derecha, muy parecido al que se está experimentando también en Europa.
Cuando comenzó el año 2023 con el retorno al poder en Brasil del líder izquierdista Luiz Inácio da Silva, analistas políticos latinoamericanos y europeos señalaron que la izquierda estaba “marcando el ritmo” en la región. Y al parecer tenían razón.
En efecto, con el ascenso de Lula al poder en Brasil todos los países más grandes y las principales economías de América Latina: Brasil, México, Argentina, Chile, Colombia y Perú estaban gravitando en la órbita izquierdista y populista.
Pero apenas ocho meses después una serie de acontecimientos y fenómenos —imponderables algunos, previsibles otros—, han demeritado los supuestos políticos planteados en el comienzo del año en curso. Y ahora, por la contundente victoria de Javier Milei en Argentina y su probable triunfo en la elección presidencial de octubre próximo, se asegura que el timón político de Latinoamérica está volviendo a girar hacia la derecha.
Realmente, si la derecha argentina llegara a triunfar en las elecciones de octubre, la izquierda perdería su hegemonía sobre uno de los países más influyentes de la región. Además, con los graves problemas de gobernabilidad que están enfrentando los presidentes izquierdistas de Chile y Colombia; y con la perspectiva de que la fortaleza de la izquierda de México venga a menos con el próximo cambio presidencial en las elecciones de junio de 2024, el panorama político regional se modificaría en una buena medida.
Frente a esta perspectiva y siendo el izquierdismo y el populismo autoritarios por su propia naturaleza, o tendientes al autoritarismo, analistas democráticos consideran que el nuevo viraje regional hacia la derecha repercutirá de manera positiva en los países donde no hay democracia representativa, ni pluralismo político y Estado de derecho con sus atributos esenciales de seguridad jurídica y justicia independiente.
Pero habrá que esperar para verlo. Los regímenes autoritarios no cambian o desaparecen solo porque el entorno internacional se les vuelve desfavorable. Algunos están muy arraigados y son bastante resistentes a los cambios que se producen a su alrededor. Y tienen la capacidad de adaptarse a las nuevas situaciones externas.
Así lo ha demostrado la vetusta dictadura comunista cubana que ya tiene más de 64 años, para solo mencionar este caso por todo lo que representa Cuba para América Latina y el Caribe, y para el mundo en general.