El presidente electo de Guatemala, Bernardo Arévalo de León, es calificado como un político progresista de izquierda democrática. Sin embargo, la candidata presidencial derrotada en la elección presidencial del domingo 20 de agosto, Sandra Torres, durante la campaña lo acusó de ser un extremista de izquierda que quiere convertir a Guatemala “en una Venezuela y una Cuba”.
Arévalo respondió a Torres calificándola como “la candidata de la mentira y la desinformación”. Lo cierto es que él fundamentó su campaña en la denuncia de la corrupción pública y el compromiso de combatirla a fondo. Esto en el marco del respeto de las libertades públicas y los derechos de todas las personas, incluyendo a las que pertenecen minorías sociales como la comunidad de la diversidad sexual.
Tal vez un criterio apropiado para saber adónde quiere llevar Bernardo Arévalo a Guatemala es su opinión sobre Nicaragua, sobre lo cual ha informado LA PRENSA en su edición de este lunes 21 de agosto.
De acuerdo con la información de LA PRENSA, Arévalo ha criticado repetidamente los abusos de derechos humanos en Nicaragua, en particular la persecución de periodistas y sacerdotes católicos, el cierre de universidades, la liquidación de organizaciones de la sociedad civil y en general la falta de democracia en Nicaragua.
“Es un régimen autoritario (el de Daniel Ortega) que reprime la organización, el derecho a manifestar y busca callar las voces de protesta que denuncian las injusticias y señalan las prácticas antidemocráticas. En Nicaragua no hay democracia”, escribió Arévalo en febrero de 2022.
A diferencia del todavía presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, quien optó por la neutralidad ante el autoritarismo y las violaciones de los derechos humanos en Nicaragua, el ahora presidente electo Bernardo Arévalo ha dicho que él quiere la democracia “para Guatemala e internacionalmente”; calificó al régimen de Nicaragua como una “cuasi monarquía” y ha condenado la represión contra la oposición, la sociedad civil y la Iglesia católica.
Eso no significa que el próximo presidente de Guatemala hará del caso de Nicaragua el eje de su política gubernamental. A juzgar por las opiniones de los expertos guatemaltecos, aunque Arévalo ganó la elección con una contundente mayoría de 60 por ciento de los votos, sobre 39 por ciento de su rival, no le será fácil gobernar el país.
La corrupción pública que Arévalo promete combatir a fondo está muy arraigada y los problemas económicos y sociales que pretende enfrentar y resolver son extremadamente graves. Pero además tendrá que gobernar con muy poco respaldo en el poder legislativo. Su partido, Semilla, tendrá apenas 23 diputados, del total de 160 que integran el Congreso, por detrás del todavía partido oficialista Vamos y de la UNE de Sandra Torres, los cuales ya antes han hecho alianzas para beneficiar sus propios intereses.
Sin embargo, en lo que respecta a Nicaragua, el régimen de Daniel Ortega ya no tendrá en el próximo gobierno de Guatemala alguien que se haga de la vista gorda, como hacía el todavía presidente Alejandro Giammattei.