Federico Dueñ[email protected] Cuando tenía ocho o nueve años, en compañía de mi “socio” de travesuras en turno, tuvimos la oportunidad de robarnos un dulce de leche de la casa vecina, una sencilla “ratería”. Robamos el dulce, corrimos lejos y nos lo comimos sabrosamente, pues la vecina tenía justa fama de cocinar buenos postres. La vecina […]