Educar, pero ¿para qué?
El sistema escolar debe formar ciudadanos que amen y estén dispuestos a luchar por la libertad, la democracia, y los derechos humanos. Y, como corolario, que detesten y sepan detectar el autoritarismo y los abusos de poder…
El sistema escolar debe formar ciudadanos que amen y estén dispuestos a luchar por la libertad, la democracia, y los derechos humanos. Y, como corolario, que detesten y sepan detectar el autoritarismo y los abusos de poder…
La solución, ligar la remuneración al desempeño, es una medida usualmente resistida por los sindicatos pero que es indispensable para mejorar la calidad. La medición de este puede hacerse a través de pruebas periódicas a los docentes o monitoreando el progreso de sus alumnos.
Insistamos: no son reformas tibias, las que necesita Nicaragua, sino cambios verdaderamente revolucionarios que aseguren el progreso y la libertad ciudadana frente al poder. ¡Viva la libertad, carajo!
Si queremos una mejor educación habrá que favorecer a gobernantes que no vean al empresario como el mezquino explotador, a quien hay que gravar con impuestos, sino al productor de riquezas que hay que alentar con políticas amigables.
Para financiar mejor la educación se necesita, además de voluntad política, una economía capaz de generar mayor crecimiento. Este indudablemente se disparará con un nuevo gobierno amigable a la inversión nacional y extranjera y celoso protector del estado de derecho.
Para servir y defender el don de la libertad y asegurar de rebote un mundo más seguro, justo y próspero, es preciso que las naciones abandonen su inexcusable tolerancia y asuman la responsabilidad y costos de defenderla.