Ideas o propuestas para una nueva Nicaragua

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Una tarea pendiente de la oposición nicaragüense es presentar al pueblo una explicación clara y concreta de los cambios políticos que aspira a implementar una vez caída la dictadura. Hacerlo, y hacerlo bien, requiere de una amplia y sostenida reflexión colectiva en que se discutan distintas propuestas. Con el afán de aportar a este esfuerzo pienso exponer algunas a partir de este primer artículo. Muchas de ellas son compartidas con el Bloque de Centro Derecha que se viene gestando dentro de la Concertación Democrática Nicaragüense. Otras son más personales. Algunas serán controversiales. Ante ellas la pregunta no deberá ser si son o no populares, sino si son justas o buenas. Venderlas será el arte de los políticos.

Tema 1. Educación

Para mejorarla son indispensables más ingresos, mejores contenidos y profundas reformas. Analicemos primero el tema de los ingresos. El problema aquí es que Nicaragua no solo invierte muy poco en educación, sino que ese poco lo invierte mal. El país destina el 4.09 por ciento de su PIB al sector mientras la Unesco viene insistiendo, desde 1990, que los países en desarrollo deberían destinar no menos del 7 por ciento. El financiamiento ha empeorado con el aislamiento de la dictadura y el correspondiente cese de la ayuda de organismos como el Banco Mundial, el BID, USAID y de la misma Unesco, a la que el gobierno expulsó. El resultado de este sub-financiamiento son salarios paupérrimos para los docentes, falta de textos y malas instalaciones físicas; en resumen, una educación de pésima calidad.

¿Cómo remediar esta situación? Un primer factor por considerar es que para financiar mejor la educación se necesita, además de voluntad política, una economía capaz de generar mayor crecimiento. Este indudablemente se disparará con un nuevo gobierno amigable a la inversión nacional y extranjera y celoso protector del estado de derecho. Mandatorio será establecer un compromiso nacional de aumentar anualmente para educación un punto porcentual del PIB, o al menos medio, hasta llegar al 7 por ciento entre 3 o 6 años. Otro factor que mejorará el sistema será restablecer, con Estados Unidos y las agencias multinacionales, los nexos estúpidamente rotos por la dictadura.  

Junto con lo anterior pude considerarse otra medida que sería muy efectiva y adoptable a corto plazo: hacer que los padres de familia contribuyan con el uno por ciento de sus ingresos mensuales a la educación pública de sus hijos. Muchos gritarán que es un atentado a la gratuidad de la educación pública, obviando la realidad de que no es gratis ya que la pagan los contribuyentes, incluyendo los pobres con el IVA. Si se analiza bien la propuesta pueden verse sus aspectos positivos: tomando en cuenta que el salario mínimo promedio en 2025 son C$8,930 mensuales (no incluyendo el 40 por ciento adicional que significan las prestaciones adicionales), el uno por ciento serían 89 córdobas o 2.4 dólares, cantidad menor, dicho sea de paso, del promedio mensual que gasta el típico hogar nicaragüense en cervezas o rones. Teniendo hoy Nicaragua 697,567 asalariados en el sector formal, muchos de los cuales tienen un ingreso mayor que el salario mínimo, y asumiendo que aproximadamente tres cuartas partes de ellos tienen hijos en el sistema público, la recaudación mensual de ese uno por ciento podría rondar los 1.5 millones de dólares mensuales, 18 millones al año para un bono docente anual cercano a los 500 dólares. La medida tendría la virtud adicional de hacer a los padres de familia más propensos a interesarse por la calidad del sistema educativo, en lugar de situarse pasivamente ante el Estado.

Otra medida que contribuiría a financiar mejorar la educación, en particular la primaria, que es la base del edificio y la que más atienden los pobres, será corregir el tremendo desbalance que existe entre los fondos asignados a ella frente a los destinados al sector universitario. Esto fue causado por los sandinistas, que antes de dejar el poder en 1990 destinaban a este el 2 por ciento del presupuesto, pero que al dejarlo lo subieron demagógicamente al 6 por ciento. Con esto el gasto por estudiante universitario llegó a ser 15 veces superior al de estudiante de primaria, mientras Costa Rica gasta tres veces más. Este es un tema que abordaré con más detalles en las próximas entregas.

El autor es sociólogo, exministro de Educación.

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