Kevin Solís es el más reciente ex preso político que ha sufrido parálisis facial, una condición generada principalmente por estrés o infecciones virales, según los estudios médicos. Víctor Hugo Tinoco, de 70 años, y Kevin Zamora, de 22, también tuvieron este padecimiento, incluso en el momento que estaban presos.
En el caso reciente de Solís, de 23 años, lleva seis meses fuera de la cárcel, pero estuvo casi cuatro años preso en dos detenciones, debido a su participación en las protestas estudiantiles contra la dictadura de Daniel Ortega desde 2018. El martes 22 de agosto fue ingresado a un hospital de Estados Unidos tras sufrir parálisis facial.
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Su caso rápidamente recordó a su tocayo Kevin Zamora, de 20 años, quien padeció lo mismo cuando estaba en prisión. Ambos estuvieron recluidos en el Sistema Penitenciario Jorge Navarro de Managua, mejor conocido como La Modelo. Fueron agredidos físicamente durante su encierro y estuvieron aislados en celdas de castigo.

El doctor Donald Moncada dijo que es posible que la parálisis facial que sufrieron Solís y Zamora esté relacionada con las golpizas que recibieron, pero se deben hacer exámenes y valoraciones médicas para descartar otras causas.
«Habría que buscar si no tuvieron alguna infección viral, que también les pudo haber provocado la parálisis. El virus de influenza, el virus del covid-19, casi todos los virus provocan parálisis, además, el virus del herpes, el virus del sarampión…», explicó Moncada.
Kevin Zamora sin tratamiento médico
En el caso de Solís, los estudios descartaron daño neurológico, pero en el caso de Zamora, este reveló a LA PRENSA que no ha recibido ninguna atención médica especializada.
«Sinceramente desde que llegamos a Estados Unidos no he podido practicarme exámenes. Acá la atención médica es cara», dijo Zamora.
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Zamora fue detenido por participar en las protestas civiles en septiembre de 2019, estuvo preso tres años y cinco meses en La Modelo. En ese tiempo, estuvo un año y tres meses en una celda de castigo, aislado del resto de reos, con limitación de agua y alimentación.
En 2020, su mamá, Martha Iliana Delgado Vargas, denunció que Zamora sufrió un ataque de asma en la cárcel, pero en vez de llevarlo al hospital, porque el joven sentía que se estaba ahogando, los custodios lo golpearon en la misma celda. Dos años después de esta agresión, Zamora sufrió parálisis facial, pero tampoco recibió atención médica especializada.

En la cárcel, al ver el estado de Zamora, con la lengua retorcida, la quijada desencajada, los ojos sin expresión, sus compañeros de celda le pidieron ayuda a unos presos que eran enfermeros.
Zamora relató que los médicos del penal trataron de suministrarle Carbamazepine, medicamento para epilépticos, pero él no aceptó tomarlos.
«Yo no tomaba nada que ellos me daban como medicina. Fui sanando con el poder de Dios y con la ayuda de mis compañeros encarcelados», dijo el excarcelado.
Pocos aceptan la atención psicológica
Además de la importancia de la atención médica tras salir de la cárcel, otros ex presos políticos señalaron como prioridad el tratamiento psicológico.
En el caso de Zamora, sí está recibiendo atención psicológica que asegura le ha ayudado un poco a liberar el estrés. Sin embargo, Kevin Solís no ha querido ser atendido por un psicólogo, porque dice no sentirse preparado para eso, según confió a LA PRENSA su novia y también exprisionera, Samantha Jirón.
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La ex presa política desterrada, Tamara Dávila, expresó que muchos excarcelados se resisten a recibir apoyo psicológico, porque hasta ahora han sido pocos los que han tomado las terapias, pero aseguró que esa atención está disponible de manera gratuita para los 222 presos que fueron liberados y enviados a Estados Unidos el pasado 9 de febrero.
El también ex preso político, Juan Sebastián Chamorro, manifestó que hay mucho estigma sobre recibir apoyo psicológico, porque se cree que solo los locos lo necesitan.
«Hay todavía terapias de ‘mentes saludables’ que se están implementando todos los miércoles a los 222 (los que quieren). Hago un llamado a que eliminen esos tabús y a que se atiendan, porque esto es parte de un proceso, este tipo de cosas hacen la transición más suave», dijo Chamorro.
Ex presos políticos siguen sufriendo
El caso de Kevin Solís demuestra que la liberación no fue el fin del sufrimiento para los ex presos políticos. Un preso político, que pidió no ser citado, manifestó que aunque intenten llevar una vida normal, nada es igual para ellos, agravado por el hecho de estar lejos de su país, de su familia y con incertidumbre e impotencia sobre lo que sigue pasando en Nicaragua.
«Ha habido varios accidentes laborales, muchos de los 222 están viajando bastante a sus respectivos lugares de trabajo, casi dos horas, entonces eso genera cansancio y problemas. Son problemas de salud que dan al salir de la cárcel y estar bajo el shock de cambiar de estilo de vida, de utilizar medicamentos y dejarlos de utilizar», dijo la fuente.
«Interés» de darle pastillas para dormir a los reos
Varios ex presos políticos que estuvieron en la cárcel de la Dirección de Auxilio Judicial, conocida como el nuevo Chipote, confirmaron la normalidad y facilidad con la que podían tener acceso (para dormir) al medicamento alprazolam, que se utiliza para tratar los trastornos de ansiedad y pánico.
«El consumo de pastillas era bastante permitido en el Chipote. La alprazolam se daba con solamente pedirla. Había un interés de la gente del penal de dártela», dijo un ex preso político que pidió no ser identificado.

Según observaron algunos presos, este medicamento se volvió una necesidad para quienes lo tomaban.
«Esas pastillas no se consiguen tan fácil acá (en Estados Unidos), entonces, de la noche a la mañana, estas personas sufrieron un shock de pasar a estar permanentemente tomándolas a pasar de cero. Sobre todo en los primero meses he escuchado que quienes las tomaban tienen mucha ansiedad, muchos problemas de dormir y mucha búsqueda de receta para tener los medicamentos, incluso algunos de los presos le han pedido a sus familiares que en adición a las rosquillas y a otras cosas de Nicaragua, le manden estos medicamentos», dijo la fuente.
Algunos ex presos políticos confirmaron que tomaban un medicamento para poder conciliar el sueño en las largas horas en prisión, más cuando estaban en las celdas de castigo.

El ex preso político, Max Jerez, dijo que tomó alprazolam unos meses, pero la comenzó a dejar de manera gradual cuando le dijeron que tenía efectos secundarios si se consumía prolongadamente, por eso cree que no le dejó dependencia.
«La alprazolam era lo que te daban, si tenías insomnio o ansiedad. Si decías que necesitabas distraerte porque ahí no se podía hacer absolutamente nada más que comer o dormir, entonces te recetaban alprazolam», relató Jerez.
La ex presa política, Violeta Granera, dijo que ella no acostumbra tomar pastillas de cualquier clase, más que las indispensables para su salud, pero recordó que entre los médicamente que llevó al Chipote, donde estuvo presa más de un año, tenía gotas llamadas Rivotril, otro medicamento prescrito para la ansiedad.
«Me las habían recetado desde meses atrás y en dosis muy bajas para una afectación de la piel. Y casi no las tomaba. Pero en el Chipote las recordé, no para dormir, sino para ayudarme con el dolor emocional cuando lo sentía muy fuerte. Apenas dos gotas de vez en cuando. Hasta que empecé a tener mareos fuertes. Y uno de los médicos me dijo que podrían estar asociados a las gotas. Entonces dejé de tomarlas», relató Granera.

Secuelas de la parálisis facial
Solís, Zamora y Víctor Hugo Tinoco (quien no logró ser contactado para esta nota), son parte del grupo de 222 presos políticos enviados a Estados Unidos el pasado 9 de febrero pasado.
Zamora relató que tras llegar a Estados Unidos les hicieron un chequeo médico básico: medir la presión, preguntas sobre la alimentación, pero nada más.

Aunque Zamora no ha recibido atención médica especializada por la parálisis facial, dice que ya está recuperado.
«Posterior a mi recuperación, gracias a Dios, me quedaron algunas secuelas, como que de repente me trabo para poder hablar, algunas facciones de la cara me tiemblan, como un movimiento involuntario», manifestó.
Zamora trabaja de noche. No hace esfuerzo físico, pero sí mental utilizando maquinaria en su trabajo. También dijo que ya se ha hecho a la idea de que no regresará pronto a Nicaragua, pero más de una vez ha pensado en volver, aunque esté en riesgo su vida.