La dictadura de Daniel Ortega ha desterrado a mentes brillantes en su afán por no tener contrapeso. Desde empresarios, sacerdotes, académicos, intelectuales y hasta feministas se han visto obligados a exiliarse por la persecución de la pareja presidencial o bien porque no les permitieron el regreso a su propio país.
Sin embargo, a esta fuga de talentos se le suman los miles de nicaragüenses que han salido del país en busca de mejores condiciones y sobre todo protección de sus vidas, tras la represión estatal que desató el estallido de la crisis sociopolítica en abril de 2018.
En estas últimas semanas la dictadura desterró al vicerrector de la Universidad Centroamericana (UCA), el científico Jorge Huete; a la activista Anexa Alfred Cunningham, miembro de un mecanismo de expertos sobre derechos de pueblos indígenas de la ONU; al sacerdote Guillermo Blandón, párroco de la iglesia Santa Lucía en Boaco, y a la socióloga y feminista María Teresa Blandón.
También prohibió el retorno del abogado Francisco Omar Gutiérrez, a quien la familia de monseñor Leonardo Urbina Rodríguez había delegado como su defensor, y al padre Juan de Dios García, vicario de la parroquia Santo Cristo, ubicada en Las Colinas, en Managua.
El exrector de la UCA, el sacerdote jesuita José Alberto Idiáquez Guevara, tampoco pudo regresar a Nicaragua en julio pasado, cuando se encontraba en México atendiendo problemas de salud, porque las autoridades no le renovaron su pasaporte.

Ortega los ve como un atentado
El científico y catedrático Ernesto Medina, quien ahora se encuentra exiliado en Alemania, opinó que la preparación de sus ciudadanos a Ortega «no le interesa, no le importa, porque no hay otra manera de explicar, que sin existir ninguna orden judicial, ningún proceso en contra de personas como el doctor Huete, por ejemplo, se les cierren las puertas de su país, no se le deje ingresar».
El académico observa que más bien el régimen está fomentando en estos momentos el empobrecimiento en el país «porque la fuga de este talento humano, la fuga de estas personas brillantes, talentosas, solo puede verse como un atentado contra el futuro del país y una enorme responsabilidad que algún día el país tendrá que pedir cuenta por eso, porque el daño que se le está haciendo a Nicaragua es incalculable».
Tampoco se les ha permitido entrar al país a la periodista nicaragüense Tifani Roberts, quien reside en el extranjero y Lesther Alemán, papá del líder estudiantil y preso político del mismo nombre.
Impacto en la sociedad
Medina lamenta que «Nicaragua ha vivido ya varias olas de migración y casi siempre motivada por cuestiones políticas, gente que huye de su país porque el gobierno de turno no le garantiza ni seguridad ni las condiciones para poder desarrollar sus legítimas aspiraciones humanas».
Tras los destierros y miles de exilios forzados, el reconocido académico señaló que «no tenemos datos exactos de cuánta gente ha salido de Nicaragua en los últimos años, pero sabemos que es un número demasiado grande como para que no tenga un impacto en el desarrollo del país, en la cohesión y funcionamiento de la sociedad».

Para la socióloga María Teresa Blandón —a quien se le negó el ingreso al país en julio pasado—, que el régimen Ortega-Murillo obligue a la intelectualidad nicaragüense a salir del país, a exiliarse, a esconderse, es una «tragedia».
«Lo que está haciendo la dictadura es imponiéndonos la mediocridad, la brutalidad, la ignorancia, es decir, nos está condenando a un atraso feroz, nos quiere obligar a oír únicamente sus discursos, a someternos a un tipo de pensamientos que reproducen vicios muy graves, como el autoritarismo, el fanatismo, la falta de sentido crítico, la falta de humanidad, la falta de diálogo, de actitud respetuosa frente a la diversidad», opinó Blandón, una de las feministas más respetadas de Nicaragua.
El destierro, nueva fase de migración forzada
Medina indicó que muchos de los que han salido del país, sobre todo en los últimos años, son estudiantes, profesionales jóvenes, campesinos «que hacían una labor muy importante en sus comunidades, regiones donde trabajaban la tierra», de manera que la gente que ha perdido Nicaragua en los últimos años es gente que estaba en la etapa más productiva de su vida.
El académico reiteró que «la salida obligada, porque en estos casos la salida no ha sido voluntaria sino obligada por las circunstancias o porque el país le ha negado ingresar a su Patria a una serie importante de ciudadanos, es otra fase nueva de la migración forzada que está viviendo Nicaragua».
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Para Medina, si el exilio o destierro de cualquier persona con cualquier tipo de formación es una pérdida para un país pequeño y pobre como Nicaragua, «perder a personas talentosas como el doctor Jorge Huete, Sergio Ramírez, Gioconda Belli y muchísimos profesionales que uno sabe que se han ido haciendo una carrera brillante que podían haber estado desarrollando en Nicaragua, uno se da cuenta de lo que está perdiendo Nicaragua».
Exilio, el mejor negocio de Ortega
A criterio de Medina, lo peor de toda esta situación «es que este es el mejor negocio de su vida, que se vaya gente que él considere incómoda porque son críticos, porque se han atrevido a expresar libremente su opinión o hacer ejercicio garantizado en la Constitución, que es el derecho a expresarse con libertad, pero que para Ortega es peligroso, incómodo y que él prefiere que estén fuera a que estén en Nicaragua».
Por otro lado, señaló que Ortega «cuenta de que gente que está saliendo del país y que dejan familiares en Nicaragua van a estar enviando remesas que como sabemos se han convertido en uno de los pilares del Producto Interno Bruto de Nicaragua, o sea de que Ortega ha convertido a Nicaragua en un país exportador de talento humano de personas en lo que casi podría considerarse una nueva forma de esclavitud».
Otros exilios emblemáticos
Los escritores Sergio Ramírez, Gioconda Belli y su hermano Humberto Belli, son algunos de los intelectuales a quienes el régimen ha obligado a salir del país.
Sergio Ramírez Mercado
El escritor Sergio Ramírez dio a conocer su exilio en octubre de 2021, luego de que el dictador Daniel Ortega firmara el 9 de septiembre de ese mismo año una orden de detención en su contra.
Ramírez, quien ostenta el Premio Cervantes 2017, fue vicepresidente durante la Presidencia de Ortega en el primer Gobierno sandinista (1985-1990), tras el derrocamiento de la dictadura somocista, por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
Ramírez es novelista, cuentista, ensayista, periodista, político y abogado de origen nicaragüense, también con nacionalidad española desde 2018.

Gioconda Belli
La poeta y escritora feminista nicaragüense, Gioconda Belli, se vio obligada a exiliarse en mayo de 2021, actualmente se encuentra en Madrid, España, donde llegó en octubre pasado.
Belli es una destacada crítica del régimen Ortega Murillo. En 2018, la escritora denunció la represión armada ordenada por Ortega y su esposa contra las protestas civiles.

Humberto Belli
El año pasado, el exministro de Educación, Humberto Belli, también logró salir de Nicaragua antes de que se ordenara su captura por no comparecer ante el Ministerio Público que lo implica en la investigación contra la directiva de la no gubernamental Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides).
Belli es político, sociólogo, escritor y el principal miembro del Opus Dei en Nicaragua.

También fueron obligados a exiliarse decenas de líderes religiosos, como monseñor Silvio Báez, el padre Edwin Román y el caso más reciente, el sacerdote Uriel Vallejos.
Monseñor Silvio Báez
El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua y miembro pleno de la Conferencia Episcopal, se encuentra en Estados Unidos.
Desde abril de 2019, el papa Francisco trasladó a Báez a Roma, pero actualmente radica en Miami. El obispo fue uno de los líderes de la Iglesia católica más activos en el acompañamiento a las víctimas y de denuncia de la represión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo que se intensificó a partir de abril 2018.

Además se han exiliado empresarios como Lucy Valenti y Luciano García, entre otros que por temor prefieren mantenerse en el anonimato.