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Por qué el socialismo de Ortega, Maduro y Díaz-Canel no conduce a “la tierra prometida” a millones de latinoamericanos

Las tres dictaduras en América Latina culpan a las sanciones de Estados Unidos por la situación económica en cada nación, sin embargo la prosperidad de Taiwán desnuda a los tres gobernantes. Estas son las impresionantes cifras

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El modelo económico de los países autoproclamados socialistas en el siglo XXI no funciona. Cuba, Venezuela y Nicaragua son un claro ejemplo de esto. Y aunque estos tres países atribuyen su pobreza a las sanciones que se les han impuesto, el caso de Taiwán —la isla que vive bajo el bloqueo de China—, muestra que no es cierto que las sanciones sean un impedimento para ofrecer mejores condiciones de vida a la población, según muestran cifras internacionales sobre la calidad de vida en cada uno de los sistemas.

Si algo tienen en común Daniel Ortega, Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel, además de ser considerados dictaduras, es que son principales “enemigos” del capitalismo, a menos en el discurso, por lo que intentan convencer a sus gobernados que el camino para reducir la pobreza y la desigualdad es a través del socialismo, cuyos resultados en sus largos periodos de gobierno no se ven reflejados en los números económicos y sociales de sus 47 millones de ciudadanos.

“Ha que luchar contra un enemigo peligroso: el capitalismo salvaje, que trata de sembrar la guerra en todas partes”, dijo Ortega en un mitin en el 2012 y en el 2020 acusó a los países capitalistas de querer aprovecharse del contexto pandémico.

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Pero, ¿cuál es la calidad de vida que ofrece el socialismo en estos países latinoamericanos, que se aleja de “la tierra prometida” de prosperidad y desarrollo que pregonan estos gobiernos? ¿Por qué estas economías se han empobrecido? ¿Cuánto invierten en educación y salud? y ¿cómo estas tres naciones contrastan con las más desarrolladas, muy ligadas al capitalismo, que tanto Cuba, Nicaragua y Venezuela atacan y culpan de la miseria en el mundo?

PIB de Haití mayor que el de Nicaragua

Tras 15 años bajo el modelo socialista y tras varios años de raquítico crecimiento, la economía de Nicaragua bajo la dictadura de Daniel Ortega sigue siendo tan pequeña como la de Haití, incluso ahora más achicada que la de la isla. Según la página web, DatosMacro, en 2020 Nicaragua se ubicó como la economía número 136 por volumen de Producto Interno Bruto (PIB), y Haití, la nación más pobre de América Latina y el Caribe, se encontró en la posición número 129.

Por otro lado, en 2019 Nicaragua ocupó el puesto número 128 en el ranking del Índice de Desarrollo Humano (IDH), publicado en 2020 que evaluó a 189 naciones. Este es un indicador que elabora cada año Naciones Unidas, donde mide el progreso de un país analizando la salud, la educación y los ingresos.

En el mismo, Nicaragua se coloca en la cola en materia de desarrollo humano y reducción de la desigualdad. Cuando Ortega llegó al poder Nicaragua se ubicaba en el puesto 125 y su puntaje era 0.605, sin embargo hasta el 2019 el país ha mostrado una ligera mejoría en su nota con apenas 0.660, aunque en posición ha bajado y por eso Naciones Unidas considera que “los nicaragüenses tienen una mala calidad de vida”.

Además Nicaragua sigue siendo uno de los países más complicados para hacer negocios en Latinoamérica. El Doing Business 2020, un estudio del Banco Mundial (BM) que mide la facilidad de hacer negocios en el mundo, ubicó a Nicaragua en el puesto 142 de 190 países evaluados y obtuvo una calificación de 54.4 de 100. En resumen: “Nicaragua no es un lugar propicio para hacer negocios”. En el 2007, Nicaragua se ubicaba en la posición 67 en el mundo en este índice.

Rosario Murillo y Daniel Ortega. Archivo/LA PRENSA

Además Nicaragua es una de las naciones más corruptas del mundo. En el 2020 se situó en el puesto 159 en el Índice de percepción de la Corrupción que publica la Organización para la Transparencia Internacional, que evaluó 179 naciones.

Cuando Ortega llegó al poder en el 2007, Nicaragua se ubicó en el puesto 123 y obtenía un índice de 26 puntos, ligeramente superior a los 22 del 2020. Esto significa que “la percepción de corrupción de los nicaragüenses en su país es muy alta”.

En materia de gasto social, los números muestran que Nicaragua es de los países en el mundo que poco invierte en educación y en salud entre su población. En el 2019, por ejemplo, en el mundo ocupó el puesto 128 de 192 países en el mundo en cuanto a inversión en educación como porcentaje del PIB.

Es decir que por habitante en el 2019 se estaba gastando 67 dólares, inferior a los 72 en el 2018. Y aunque ha habido una mejoría en el gasto en educación lo cierto es que se mantiene como uno de los más bajos en el mundo comparado con otras naciones.

En materia de salud, el gasto per cápita ha mejorado sustancialmente, pero aún se mantiene en la cola en el mundo. En el 2006, en Nicaragua el Estado invertía 32 dólares y hasta el 2017, el último dato que ofrece el sitio datosmacro.com, este se ubicó en 112 dólares.

“En la actualidad, según su gasto público en sanidad per cápita, Nicaragua se encuentra en el puesto 112 de los 192 publicados”, según el sitio datosmacro.com.

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América Latina continúa siendo una de las regiones con mayor desigualdad del mundo, y la pobreza juega un papel principal en esta situación. Según la página web, Index Mundi, en 2020 el 29.6 por ciento de la población nicaragüense se encontraba en condición de pobreza.

Las cifras oficiales del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide) revelan que, hasta diciembre de 2021, la canasta básica nicaragüense se contabilizó en 16,255.38 córdobas, mientras que el salario mínimo promedio continúa en 6,518.24 córdobas. Es decir que se requieren más de dos salarios mínimos para cubrir el costo de la cesta familiar.

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Venezolanos con poder adquisitivo cada vez más precario

El caso de Venezuela es muy curioso, porque dadas sus características de materias primas, debería situarse como una de las economías más ricas del mundo. Este país ostenta las mayores reservas de crudo, y en su momento más culminante logró bombear más de 3.5 millones de barriles al día, una cifra superior a la de Irak o Emiratos Árabes. Sin embargo, actualmente se encuentra sumergido en una de sus peores crisis económicas.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha sido denunciado en reiteradas ocasiones por abusos contra los derechos humanos de políticos opositores y líderes alternativos en el país. Además, es difícil encontrar estadísticas específicas vinculadas a la economía de este país, debido al hermetismo de sus instituciones y la falta de calidad democrática.

Según proyecciones del Fondo Monetario Internacional, en el 2021 se esperaba que Venezuela cayera por debajo de Haití, como la nación más pobre de América Latina. Según el Fondo, en el 2012, el PIB per cápita de Venezuela era de 11,993 dólares, pero hasta el año pasado se proyectaba en 1,627 dólares, incluso por debajo del de Nicaragua, que ronda los 2,000 dólares. Esto demuestra el descalabro de esa economía.

“Sus habitantes tienen un bajísimo nivel de vida en relación a los 196 países del ranking de PIB per cápita”.

Precisamente esos datos son los que colocan a Venezuela en la cola del Índice de Desarrollo Humano, el cual en el 2018, el último dato conocido se ubicó en el puesto 113, solo superando a naciones africanas en su mayoría, lo que contrasta con naciones petroleras en el mundo que están a la cabeza en cuanto a calidad de vida de sus habitantes.

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Al igual que Nicaragua, Venezuela es un destino malo para hacer negocios. En 2020 el país se encontraba en el puesto número 188 de los 190 que conforman el ranking Doing Business, y en ese mismo año, los venezolanos percibieron un incremento de la corrupción en el sector público del país, por lo que la nación se ubicó en el peldaño número 176 de dicho índice.

¿Cuánto gasta Venezuela en educación y salud? Pese a su riqueza petrolera, hasta el 2017 el Estado gastaba 66 dólares por la educación en cada habitante y en salud 15 dólares, es decir niveles por debajo incluso de Nicaragua, que de por sí no tiene riqueza petrolera.

En la actualidad, la hiperinflación ha destrozado el poder adquisitivo de los venezolanos, golpeando su capacidad de compra y provocando que gran parte de la población migre en busca de mejores oportunidades laborales y mejor calidad de vida.

Al igual que Nicaragua, en Venezuela existe una alta percepción de corrupción. En el 2020 este país se ubicó en el puesto 176 de 179 en el Índice de Percepción de Corrupción, colocándose así entre los países con mayor percepción de corrupción en el sector público.

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En 2021 el salario mínimo en este país rondaba los 2.40 dólares y según el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cenda), hasta octubre el costo mensual de la canasta alimentaria se contabilizaba en 260.77 dólares.

La Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) estimó que en el 2021 la pobreza golpeaba al 94.5 por ciento de los venezolanos, de los cuales la extrema afectaba al 76.6 por ciento.

Cuba no se queda atrás

A la dura realidad que viven los nicaragüenses y los venezolanos no se quedan atrás Cuba, que es el modelo que inspira a Ortega y Maduro. Con seis décadas en el poder, el castrismo tampoco ha hecho mucho por mejorar la calidad de vida de los más de 11 millones de cubanos, que desde entonces huyen de la pobreza y escasez rumbo a Estados Unidos, un fenómeno que ahora se está replicando en Venezuela y Nicaragua.

El fracaso del modelo comunista en Cuba ha forzado duras reformas económicas en la isla, que ha incluido abolir medidas tan intervencionistas y restrictivas como la venta y compra de viviendas entre particulares en el 2011, en 2013 levanta las restricciones que impedían a los cubanos viajar al extranjero y a partir de 2014 alienta las inversiones en el extranjero.

Una nueva Constitución reconoce el mercado y la propiedad privada como parte de la economía nacional, pero insiste en el carácter “irrevocable” del socialismo. De hecho, Raúl Castro ha dejado claro en más de una ocasión que Cuba es un Estado socialista.

En 2017 Miguel Díaz-Canel, miembro del Partido Comunista de Cuba (PCC), se convierte en presidente de una isla que se encuentra bajo embargo de Estados Unidos desde 1962, y que actualmente sufre escasez de gasolina por las sanciones estadounidenses reforzadas, en represalia por su apoyo a Venezuela.

Raúl Castro (dcha.) dejó el gobierno en manos de Miguel Díaz-Canel (i). Archivo/LA PRENSA

Durante décadas, el Partido Comunista de Cuba ha culpado a Estados Unidos de la pobreza en la que viven los ciudadanos de la isla, asegurando que la situación es producto del bloqueo que el país norteamericano mantiene contra Cuba.

No obstante, el presunto bloqueo es en realidad un embargo comercial que solo imposibilita a personas y empresas de ciertos rubros dentro de Estados Unidos, hacer negocios con Cuba, el resto del mundo puede comerciar libremente con la isla. Incluso, anualmente el país norteamericano exporta alrededor de 277 millones de dólares en mercancía para Cuba, pese al embargo comercial.

En un análisis publicado en El Nacional de Venezuela, Emmanuel Rincón desmonta la falacia del discurso socialista, al recordar que en la década de los setenta las economías de Cuba y Taiwán eran muy similares y hoy, tras varias décadas y bajo duros bloqueos, la asiática es un ejemplo de desarrollo.

A pesar de encontrarse en distancias muy lejanas Cuba y Taiwán comparten unas características muy similares. Ambas se encuentran a menos de 200 kilómetros de las dos superpotencias del mundo (Estados Unidos y China, respectivamente) y ambas sufren embargos comerciales o bloqueos políticos por estas potencias.

Sin embargo, pese a las similitudes, en la actualidad a ambas naciones las separa un largo trecho en desarrollo económico, social, cultural, tecnológico, libertades individuales y democracia. Hoy la economía de Taiwán es mayor que la de Cuba, lo que resulta interesante, pues en la década de 1970 el PIB de ambos países era similar y la industria más grande de ambas era la agrícola, agrega. Recuerda además que la isla asiática incluso ha tenido que luchar por su reconocimiento internacional como país, lo que complica aún más su situación respecto a Cuba.

Cuba maneja cifras oficiales con hermetismo

Actualmente la isla caribeña es la economía número 60 por volumen de PIB y la asiática está en la posición número 22. La sociedad cubana sobrevive por la ayuda externa de las remesas que recibe, principalmente, de Estados Unidos. También recibe el apoyo que le aporta Venezuela con el suministro de petróleo a cambio de un Convenio de Salud.

Cuba es el único país de América Latina que no publica su índice de pobreza, ni de desigualdad y la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de la República de Cuba (ONEI) no comparte cifras actualizadas relacionadas con el salario mínimo y el costo de la canasta básica. Estimaciones independientes, citados por el Diariocuba.com, indican que entre el 40 y el 51 por ciento de la población cubana vive en la pobreza.

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Además, datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señalaban que en 2018 el 2.7 por ciento de la población en Cuba vivía con menos de tres dólares al día, un dato que es cuestionado en la isla donde la población sufre penurias y escasez constantemente.

De hecho, este país ocupó el puesto número 70 del ranking de IDH. Su PIB per cápita es de 9,478 dólares, según DatosMacro, que precisan que “sus habitantes tienen un bajo nivel de vida en relación al resto de los 196 países del ranking de PIB per cápita”.

Cuba tampoco aparece en el ranking del Doing Business, y lo peor de la ausencia del país es que esto es una especie de guía/valoración para los inversores mundiales y una fuente importante de conocimiento de las reformas que anualmente hacen los países para elevar su competitividad e incrementar la eficiencia de las economías.

Por otro lado, los números oficiales también indican que en 2020 Cuba se situó en el puesto número 63 en el ranking del Índice de Percepción de la Corrupción (de 179 países).

En cuanto al gasto social, la isla tiene una mejor posición que Venezuela y Nicaragua. Las cifras oficiales, que son muy cuestionadas, indican que hasta el 2010 se invertía en educación 736 dólares por habitante y 883 dólares en salud con recuento hasta el 2017, según DatosMacro.

Otro punto importante a destacar es que, a pesar de que en Cuba se estableció un régimen dictatorial que tiene más de 60 años en el poder, el mundo reconoce a las autoridades del país y este tiene presencia en los organismos internacionales multilaterales.

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El ejemplo de Taiwán bajo un modelo alejado del socialismo

En cambio, Taiwán se mantiene completamente bloqueado por China, pues este reclama la soberanía sobre la isla. Por ejemplo, a lo largo de 2018, el gigante asiático elevó la presión sobre las empresas internacionales, forzándolas a incorporar a Taiwán como parte de China en sus páginas en internet o de lo contrario las amenazaba con frenar las relaciones comerciales.

Ante estos escenarios, Estados Unidos se ha mostrado como aliado de la isla, y a pesar de que no hay vínculos formales, el país norteamericano se ha comprometido a suplir a Taiwán con armas defensivas y ha declarado que cualquier ataque de parte de China sería catalogado de “grave preocupación”.

Según el análisis de Rincón, Taiwán es una de las islas más importantes del mundo, a pesar de que no es reconocida por muchas naciones en el mundo, no tiene representación en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), etcétera.

Pese a haber comenzado como una dictadura militar de un solo partido, en los años 90 Taiwán despegó con un modelo capitalista. Abrió sus mercados, incentivó a las empresas privadas e inició un proceso de democratización que hoy la coloca como uno de los países más libres del mundo.

Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwán. AFP/LA PRENSA

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“A pesar de las limitaciones territoriales y el bloqueo político de China hacia la isla, en Taiwán las instituciones inclusivas abrieron paso a la producción de tecnología para abastecer un mercado mundial con severas deficiencias. Los empresarios taiwaneses comenzaron a especializarse en la producción de semiconductores, esos microchips que hoy encontramos en todos los aparatos eléctricos que existen en el mundo, desde televisores, computadores, teléfonos inteligentes e incluso automóviles, y de a poco la isla pobre del pasado se fue convirtiendo en un país rico y desarrollado”, se lee en el artículo escrito por Rincón.

En 2016, Taiwán figuraba en el puesto 34 del ranking del Índice de Desarrollo Humano. Además, en 2020 se ubicó en la posición número 28 del Índice de Percepción de la Corrupción gubernamental, lo que indica que sus habitantes tienen un bajo nivel de percepción de este tema en comparación con el resto de los 179 países de la clasificación.

Por otro lado, el PIB per cápita de Taiwán en 2020 fue de 28,358 dólares, y la isla se situó en el puesto número 15 de los 190 que conforman el ranking Doing Business. De hecho, Taiwán es el segundo país donde más fácilmente se obtiene la licencia de apertura, tras Hong Kong, en ella resulta bastante sencillo conectarse a la red eléctrica en comparación con el resto de los países.

Como se mencionaba anteriormente, Cuba y Taiwán iniciaron la década de los 70 con economías similares, pero hoy Cuba tiene al 51 por ciento de su población en la pobreza, mientras que en la isla asiática este indicador solo abarca al 1.5 por ciento de sus ciudadanos. Así que la historia demuestra que esta situación no es provocada por las sanciones o el bloqueo, es producto del socialismo del siglo XXI.

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¿Por qué han fracasado estos países socialistas?

Especialistas consultados coinciden en que la respuesta a esa pregunta es que estos líderes se erigen ellos mismos como Constitución, destruyen las instituciones y se aferran al poder sin importarles lo que suceda en el mundo. 

Un exdiplomático y analista político, quien prefirió el anonimato por temor a represalias, explicó el fracaso del “socialismo realmente existente, un proceso que culminó con la caída del muro de Berlín, la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y el fin de la Guerra Fría”.

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Detalló que el fracaso de los regímenes del antiguo bloque soviético se produce como consecuencia de la corrupción e ineficiencia del sistema burocrático y centralizado, característico de las economías planificadas y estatizadas.

“Este modelo se trasplantó a Cuba, donde subsiste a pesar de sus resultados desastrosos en la URSS y la Europa del Este. Es un modelo que ha demostrado que no funciona y de allí que los chinos, tras la revolución de Mao Zedong, lo hayan sustituido por uno de características capitalistas, pero manteniendo el control político de los sistemas comunistas. En el caso de Venezuela lo que ha habido es un populismo corrupto, pero no un socialismo. Y en el caso de Nicaragua, una dictadura con un sistema económico capitalista corrupto”, enfatizó.

En relación con las sanciones y bloqueos internacionales, indicó que el caso más claro es el de Cuba, que ha estado bajo este tipo de sanciones por más de 60 años, sin que se hayan conseguido los cambios perseguidos.

“Cabe preguntarse si la pobreza y el subdesarrollo de estos países sometidos a sanciones es consecuencia de las mismas o del sistema político económico impuesto. En el caso de Cuba, que es el único que responde al sistema socialista, podemos asegurar que no. Cuba mantiene relaciones con la mayor parte de los países latinoamericanos y con Europa Occidental. Sin embargo, se trata de una economía que siempre ha necesitado del subsidio extranjero, antes de Rusia y hoy de Venezuela”, expresó.

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Asimismo, “en el caso de Venezuela y Nicaragua, los Estados Unidos y la Unión Europea les han aplicado mayormente sanciones individuales, que no tienen impacto global sobre el país y su economía, sino que están circunscritas a personas individuales o empresas e instituciones determinadas. Afectan solamente a estas personas físicas o jurídicas. Por tanto, no se puede achacar el atraso económico y social de estos países a esas sanciones”, enfatizó.

Gobiernos reproducen vicios de dictaduras pasadas

El economista Marco Aurelio Peña sostuvo que, de los tres principios de la Revolución Francesa (libertad, igualdad y fraternidad), el socialismo vino haciendo énfasis en el segundo, igualdad, y que los regímenes autoproclamados socialistas en América Latina han traicionado sus propios ideales socialistas.

“Estos regímenes no han sido coherentes con lo que ellos predicaban o con lo que ellos creían que iba a funcionar como un sistema socialista. Al final el socialismo, teóricamente, debía ser una etapa mucho más avanzada que el capitalismo, superando esas acentuadas desigualdades económicas y sociales. Eso no se dio ni en Cuba, ni en Nicaragua, ni en Venezuela, sino que se desembocaron en regímenes también militaristas y autoritarios, y reprodujeron a su manera, muchos de los vicios y de las aberraciones de los Gobiernos que derrocaron o sucedieron”, indicó.

Siguiendo esta línea, aseguró que en estos Gobiernos no hay rendición de cuentas, no hay transparencia y hay mucho sectarismo y fanatismo, “eso genera mucha conflictividad social con sectores opositores y esa polarización social va atizando el odio y eso al final perjudica cualquier estrategia de crecimiento y desarrollo económico. Al final hay migración, conflictos, en el peor de los casos ha habido guerras civiles, y se va disminuyendo la calidad de vida de los habitantes”.

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Por otro lado —explicó Peña—, aún con sus desviaciones y crisis más o menos frecuentes, el capitalismo en, por ejemplo, Taiwán, Alemania y Estados Unidos ha sido capaz de reinventarse, de superar las crisis y le ha garantizado una mejor calidad de vida a sus habitantes

“Es un sistema mucho más próximo a un ideal de democracia, porque hay alternancia en el poder, mecanismos institucionales y porque al menos existe más de un partido tomando las grandes decisiones de Estado. Eso lo hace un sistema mucho más dinámico y pluricentrista”, precisó.

El economista puso como ejemplo a Alemania, que después de haber participado en dos grandes conflagraciones mundiales, es una nación increíble. “Desde los años 40 viene siendo un país que a pesar que estuvo dividido, estamos hablando de la primera potencia económica de Europa, del país que lidera la Unión Europea (UE) y eso es gracias a su sistema”.

“El socialismo del siglo XXI es un discurso político contra Estados Unidos”

Peña indicó que los regímenes militares de derecha que en su momento predominaron en América Latina culpaban al comunismo internacional de los males de sus países y del mundo, “entonces así también el discurso de estos autollamados socialistas ha sido crear un enemigo imaginario, en su narrativa es ´alguien tiene la culpa excepto yo´, y ese alguien puede ser el imperialismo, el neoliberalismo, la globalización, puede ser Estados Unidos”.

“Cuando escuchamos la narrativa de estos políticos socialistas, en realidad no se trata de un discurso por un cambio de sistema a nivel mundial, sino que su discurso es antinorteamericano. El socialismo del siglo XXI es un discurso político contra Estados Unidos y Latinoamericanista, por así decirlo”, consideró.

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Asimismo agregó que, el gran defecto de los que han tomado el poder en América Latina como autoproclamados socialistas, “es que no han tenido una teoría, una estrategia y una política económica que en realidad sea una mejor alternativa a la llamada economía del mercado. Porque Cuba colectivizó los medios de producción, es decir, definitivamente suprimió la iniciativa individual, y ya vimos lo que sucedió, se volvió una económica cerrada, fuertemente controlada, etcétera”.

Por otro lado, mencionó que en los países del norte de Europa, sin tantos discursos, el socialismo democrático se ha incorporado y aplicado muy bien al sistema político y económico. “¿Por qué hay países pequeños como Holanda, Irlanda, Islandia, Costa Rica, Panamá, Uruguay, etcétera, que lo están haciendo bien, y no entran a esa dinámica autodestructiva? Esa es la pregunta”, concluyó.

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