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El grupo de los 23 productos alimenticios fue el que más sufrió encarecimiento. LA PRENSA/Archivo.

Por qué han subido tanto los precios de la comida y bienes en Nicaragua, incluso más que en el resto de Centroamérica

Nicaragua fue la nación con mayor azote de aumentos de precios el año pasado en Centroamérica y las previsiones apuntan a un 2022 también de encarecimientos. Esta es la explicación

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La canasta básica, de 53 productos, incrementó 986 córdobas en 10 meses del 2021. Los combustibles aumentaron casi 30 semanas de las 52 del año. En los mercados se sintió un aumento generalizado de precios en la comida, la ropa y el calzado. Los insumos para producir en el campo se volvieron más caros y traer medicina desde el exterior fue casi 10 por ciento más costoso que en el 2020.

Así recién concluyó Nicaragua el 2021, con una ola de alzas de precios generalizada, que amenaza con extenderse este año, aunque las proyecciones del Banco Central sobre el comportamiento de la inflación- que es el termómetro sobre la evolución de los precios en un país- apuntan a ser menos negativas respecto al año pasado.

Tal es la presión que ejerció el alza de precio que azotó a Nicaragua el año pasado, que el BCN se vio forzado en diciembre a elevar su previsión inflacionaria, al pasarla de 5 y 6 por ciento inicialmente a un rango de entre 6 y 7 por ciento, unas de las previsiones más altas en Centroamérica.

Según datos del Consejo Monetario Centroamericano, Costa Rica esperaba una inflación de 3 por ciento en el 2021; Guatemala 4 por ciento; Honduras 4 por ciento; y El Salvador esperaba cerrar con 6.2 por ciento en el indicador, según la última proyección del mes pasado de la autoridad monetaria de ese país.

En Nicaragua hasta noviembre la inflación se ubicó en 5.72 por ciento. Diciembre suele ser un mes inflacionario, lo que indicaría que el país habrá cerrado con un incremento de precio por encima del 6 por ciento, una tasa que estaría casi en mismo nivel de crecimiento económico esperado para el 2021, cuyo rango las autoridades nicaragüenses lo sitúan entre 7.5 y 9.5 por ciento.

De hecho la tasa de inflación a noviembre del año pasado está muy por encima de lo observado en el 2020, cuando este cerró en 2.9 por ciento y bastante cercano al 2019, cuando se ubicó en 6.1 por ciento, pero en ese año el país se vio azotado por el impacto de la reforma a la Ley de Concertación Tributaria, que quitó alivios fiscales a varios productos de uso masivo de la canasta básica, además de los insumos para producir en el campo. En paralelo, el Gobierno impuso un ajuste a la Seguridad Social, que presionó los costos de las empresas y por ende impactó al consumidor final.

“Para el 2022, el Banco Central de Nicaragua estima un crecimiento económico de entre 3.5 y 4.5 por ciento y una inflación estimada en un rango de entre 2.5 y 3.5 por ciento”, dijo en diciembre pasado el presidente del Banco Central, Ovidio Reyes.

En ese contexto, ¿por qué han subido tanto los precios en Nicaragua? ¿cuáles son las perspectivas para el 2022?

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El economista Néstor Avendaño, en su blog personal, en un artículo titulado Cinco retos económicos de Nicaragua en 2022, considera que si bien este año la inflación acelerada representa uno de los desafíos económicos del país, cree que no «hay que alarmarse» por esto, debido a que «no es provocada por una política monetaria expansiva ni por un desplome del saldo de las reservas internacionales, sino que es empujada por los altos precios internacionales de las materias primas -petróleo y alimentos- y la obstrucción de las cadenas de suministros».

Además insistió es que los aumentos de precios que se ven reflejados en la inflación, «es un problema temporal -no olvidemos el “efecto base” o el “efecto rebote” al haber sido 2020 un año de caída de la producción y de la desaceleración de la inflación por el impacto del Covid-19».

Eso sí, admite que la presión inflacionaria, o el alza de precio, ha durado más de lo que previó inicialmente, cuando consideró que la misma iba se iba a disipar o estabilizar en junio del año pasado, algo que no fue así, sino que se extendió casi todo el año pasado.

Siguiendo el contexto actual, Avendaño considera que esa presión inflacionaria se puede extender hasta el segundo semestre de este año. «Hay que observar el comportamiento de la tasa de inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de los combustibles y de los alimentos, que se desplaza en el mercado local en una banda porcentual interanual de entre 4 por ciento y 4.5 por ciento, y si no se aleja de ella, no hay problema inflacionario».

El economista Marco Aurelio Peña explica que existen varios factores que incidieron en el aumento de precios en Nicaragua, tantos internos como externos, lo que incluso estaría influyendo en la tasa de crecimiento económico que proyecta el Banco Central, aunque sobre este punto el especialista tiene puntos encontrados.

Imagen referencial. Archivo/LA PRENSA

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Al respecto, Peña agrega otro factor. La reactivación de la demanda interna, luego de dos años de recesión económica y privación en los hogares, estaría incidiendo en los precios internos.

«La gente se está vacunada, es diciembre (el mes pasado), fin de año y porque pagaron el aguinaldo, entonces la gente se está movilizando a comprar o adquirir bienes y servicios con sus ingresos. Por el lado de la demanda, eso presiona sobre los precios, de hecho, eso sí tiene sentido porque los niveles de importación han aumentado considerablemente este año (en 2021)», recordó.

No obstante, Peña advierte que cuando aumenta la inflación – a pesar de que seguiría siendo moderada, puesto que no sería de dos dígitos – se erosiona aún más el poder adquisitivo de los nicaragüenses, porque es un incremento generalizado de todos los precios de la economía. «Más cuando los salarios se mantienen en un estado estacionario, porque con la misma cantidad de dinero ahora compras menos bienes y servicios», agregó.

«Como es vía demanda, lo que posiblemente pase es que cuando volvamos a un ritmo de crecimiento de acuerdo a nuestras posibilidades de producción, entonces los precios tendrían que descender nuevamente, porque la oferta agregada se tiene que ajustar a la demanda de la gente», enfatizó.

El economista explicó que, en otras naciones, cuando la economía va muy bien se produce el fenómeno de sobrecalentamiento, que es cuando el país se acerca a una situación de pleno empleo de sus factores de producción, es decir, se trabaja mucho, suben los salarios, la gente tiene más dinero para comprar lo básico y bienes de lujo.

«Al sobrecalentarse la economía suben los precios, pero eso no es lo que está pasando aquí», aclaró.

Dicho fenómeno ocurre, según el especialista, cuando el país mantiene ocupados sus factores de producción: recursos naturales, trabajo humano, gestión empresarial y capital. «Los tiene empleados y significa que de tanto trabajar aumentan los precios, eso pasa en economías muy boyantes. Por eso cuando uno viaja y dice ‘ese país es caro’, es porque tal vez es una economía mucho más grande, dinámica y entonces los precios se elevan, pero a como se elevan los precios, se elevan los salarios, pero en Nicaragua no está pasando eso».

«En Nicaragua no he escuchado que los salarios hayan subido, estoy escuchando que los precios están subiendo, entonces si los precios suben y los salarios se mantienen en una situación estacionaria, eso significa que no es cierto que se están aumentando los niveles de productividad», sostuvo.

Al respecto, destacó que en el caso de Nicaragua se trataría de una situación circunstancial de este año. «Estamos cerrando 2021 y ha aumentado esa demanda reprimida de las personas que durante dos años se sujetaron a restricciones, pero la pregunta es ¿cuál es la robustez de esta reanimación económica?, ¿qué va a pasar cuando el flujo de agua se normalice? Eso lo sabremos cuando empecemos el ciclo económico del 2022».

También recordó algunos problemas que tiene Nicaragua actualmente: la gran cantidad de connacionales que están migrando, la alta informalidad de mercado de trabajo, la situación estacionaria con los salarios y que la Inversión Extranjera Directa (IED) sigue contraída. Además, destacó que lo único que mantiene un determinado ritmo de la economía son las exportaciones y las remesas.

«Eso sigue igual, no hay un cambio estructural, ni tecnológico que te lleve a decir ‘wow, de repente Nicaragua ahora va a alcanzar una tasa increíble y el año que viene la va a mantener. Eso no está pasando», recalcó.

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Crece inflación en noviembre

Los incrementos de precios de los alimentos, bebidas no alcohólicas, transporte, alojamiento, agua, electricidad, gas butano y combustibles, provocaron que en noviembre la inflación aumentara 1.39 por ciento, situando el indicador acumulado en 5.72 por ciento, según datos publicados por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide).

Esto confirmaría la tendencia alcista en el valor de la canasta básica que se ha registrado en todo el 2021. Por ejemplo, que octubre se posicionó como el mes del año en que la cesta familiar presentó el valor más alto de las últimas décadas. Específicamente, el costo se ubicó en 15,512.57 córdobas, es decir, 986.23 córdobas más que el monto registrado en diciembre de 2020 (14,526.34 córdobas).

Imagen referencial. Archivo/LA PRENSA

Por otro lado, en el noveno mes de este año este indicador registró una tasa interanual de 7.10 por ciento, por encima del 2.64 por ciento en igual mes de 2020, según indican las cifras del Inide.

Avendaño, en un análisis publicado en su blog personal titulado Los datos indican que es una inflación “transitoria”, explicó que dicho incremento responde, principalmente, a los aumentos anualizados de los precios de tres grupos de productos: 6.13 por ciento de los precios de alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles; 10.2 por ciento de los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas; y 16.04 por ciento de los precios del servicio de transporte.

¿A qué se debe el notorio incremento en la inflación interanual? Avendaño plantea que este comportamiento respondería al “efecto rebote”, porque el Índice de Precio al Consumidor (IPC), estuvo en niveles bajos el año pasado, cuando la tasa se ubicaba en 2.93 por ciento. 

El “efecto rebote” hace referencia a que los resultados no significan que exista un crecimiento sostenido a lo largo del periodo, puesto que los cálculos se están realizando tomando como base tres años de recesión económica. Además de que en 2020 la economía mundial se vio afectada por la pandemia de la covid-19, situación que impactó aún más la economía local.

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En el caso de las interrupciones en la cadena de suministros, advierte que esto es un problema que se ha agudizado por la aparición de las nuevas variantes de la covid-19. Por ejemplo, la llegada de ómicron- la nueva cepa descubierta en Sudáfrica- ha generado pánico en el mundo, lo que ha ocasionado el retorno de medidas restrictivas que en el 2020 provocaron impacto en la economía mundial y el comercio.

Otro elemento que menciona Avendaño y que difiere en parte con Peña, es la creciente demanda de los consumidores producto del “restablecimiento parcial de los puestos de trabajo formal destruidos en el trienio 2018-2020, y por el flujo creciente de remesas que superará los 2 mi millones de dólares en 2021”.

“Cabe recordar que desde 2018 la política monetaria y la política fiscal de las autoridades gubernamentales de Nicaragua han sido bastante contractivas, por lo que se puede afirmar que la alta inflación local no está asociada con grandes aumentos de la base monetaria y del medio circulante”, sostuvo el economista.

Razón por la cual, especificó que el aumento de la inflación del mercado local no está provocado por una expansión monetaria, “cuando el dinero sale de la banca central a perseguir muy pocos bienes, ni por ajustes salariales que incrementan los costos de producción que son traspasados a los consumidores y podrían desencadenar la espiral precios-salarios-precios”.

No obstante, destacó que la tasa de inflación subyacente interanual, que aísla los bienes más volátiles de la canasta con que se calcula el IPC, se mantuvo estable al ubicarse en noviembre en 5.00 por ciento, mientras en octubre era de 5.07 por ciento. “Aún no puedo afirmar que la tasa de inflación en Nicaragua se ha transformado en un problema estructural”, enfatizó.

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“No estoy seguro cuándo se moderará el alza de los precios al consumidor, tal vez en el segundo semestre del 2022 cuando relacionemos los datos del IPC de ese semestre con los registrados en el segundo semestre del año actual, siempre que las variantes del coronavirus no vuelvan a cerrar la economía mundial. Por lo tanto, continúo manteniendo la opinión de política económica que la inflación actual es ´transitoria´ y que no es ´permanente´”, concluyó.

Imagen referencial. Archivo/LA PRENSA

Crisis de precios se extenderá hasta el 2022

Pero la crisis de precios no es exclusivo de Nicaragua, el aumento de la inflación ha sido una preocupación para millones de latinoamericanos que ven cómo disminuye su poder adquisitivo a diario.

De hecho, se esperaba que América Latina cerrara el 2021 como la región con mayor aumento de precios del mundo, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), que en sus últimas proyecciones estimó una inflación regional del 9.3 por ciento en 2021 y de 7.8 por ciento en 2022.

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Pero, la inflación no solo está aumentando en Latinoamérica. En Estados Unidos este indicador llegó a un 6.8 por ciento en noviembre, la mayor cifra registrada en el país en los últimos 39 años, como consecuencia de problemas en las cadenas de suministro y la crisis energética.

De hecho, los precios de la energía aumentaron de manera significativa en el tercer trimestre de 2021 y se prevé que seguirán siendo elevados durante 2022, lo que podría aumentar aún más la inflación de algunos países, e incrementar el crecimiento económico de los que son exportadores de este servicio.

Según el informe Commodity Markets Outlook, del Banco Mundial (BM), los precios de la energía se mantendrán en niveles elevados en 2022, pero comenzarán a disminuir en la segunda mitad del año a medida que se atenúen las limitaciones de la oferta. Además, las proyecciones también indican que los precios de los productos básicos no energéticos, entre ellos los productos agrícolas y los metales, disminuirán en 2022, luego de los fuertes aumentos de este año.

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