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Ovidio Reyes, presidente del Banco Central de Nicaragua. Archivo/LA PRENSA

Qué hay detrás del impresionante 7 % de crecimiento económico que pronostica el BCN este año

La última vez que la economía de Nicaragua alcanzó el 7 por ciento fue en 1999, un año después del huracán Mitch y ese año el PIB creció 3.7 por ciento, según muestra el registro histórico del Banco Central de Nicaragua, que inicialmente había establecido para este año una tasa que oscilaría entre 2.5 y 3.5 por ciento.

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El Banco Central de Nicaragua (BCN) está apostando este año por un crecimiento económico de 7 por ciento y, de lograrse, sería la primera vez desde que el régimen de Daniel Ortega llegó al poder que el Producto Interno Bruto (PIB) se expande a un nivel superior al seis por ciento, que hasta ahora había sido la mejor tasa reportada en casi 15 años.

La última vez que la economía de Nicaragua alcanzó el 7 por ciento fue en 1999, un año después del huracán Mitch y ese año el PIB creció 3.7 por ciento, según muestra el registro histórico del Banco Central de Nicaragua, que inicialmente había establecido para este año una tasa que oscilaría entre 2.5 y 3.5 por ciento.

Se espera que esta semana el Banco Mundial divulgue sus proyecciones para América Latina y el Caribe, así como el Fondo Monetario Internacional (FMI), en el marco de sus reuniones de otoño que comenzarán la próxima semana en Washington. Por ahora ambos organismos mantienen tasas que no superan el dos por ciento.

El pasado 9 de septiembre, Ovidio Reyes, presidente del BCN, compartió en una entrevista en el medio de comunicación oficialista, una actualización de las estimaciones del crecimiento económico del país con base en la medición del Producto Interno Bruto.

Según Reyes, el PIB registró un crecimiento del 16.7 por ciento durante el segundo trimestre de este año, mientras en el primer trimestre esta cifra se ubicó en 3.8 por ciento. “Asimismo, el PIB acumulado creció en 9.9 por ciento, redondeando un 10 por ciento, lo cual permitirá recalibrar nuevamente las estimaciones”, dijo.

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“Si nos vamos a la tendencia que creemos podría tomar la economía a los siguientes trimestres de un 4 por ciento, finalizaría la economía este año creciendo con un 7 por ciento. Es decir, podríamos finalizar el año creciendo en lugar de un 4 o 6 por ciento que habíamos previsto, entre un 5 y un 7 por ciento”, indicó Reyes.

Pero ¿qué factores propiciarían una tasa de ese nivel? ¿Realidad o ilusión? El economista y sociólogo, Óscar René Vargas, explicó a LA PRENSA que sí es posible crecer a esa tasa por un fenómeno popularmente conocido como “efecto rebote”.

“Cuando se tiene más de tres años negativos y el acumulado negativo, estás al fondo del barril y eso se llama el rebote, decir que levanta, pero que no llega ni siquiera a ser igual a lo que había sido en el 2017. Es decir, la economía sigue estando en una situación deprimida”, señaló.

A criterio de Vargas, hay varias razones para creer que se está experimentando el efecto rebote. Por ejemplo, no se ha incrementado el número de personas que trabajan en el Seguro Social. De hecho, datos del máximo emisor bancario indican que hasta agosto, había 758,837 afiliados al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), mientras al cierre de 2017 se contabilizaban 914,196 cotizantes, la cifra más alta que ha registrado la institución en los últimos 27 años.

La economía este año, aún con fuertes aumentos en los Índices Mensuales de las Actividades Económicas, no logra recuperar más de 155,000 empleos que se perdieron durante tres años de recesión. La recuperación de plazas en los últimos meses se ha estancado en un poco más de 35,000.

Según Reyes, el PIB registró un crecimiento del 16.7 por ciento durante el segundo trimestre de este año. Archivo/LA PRENSA

Además, otro factor a tomar en consideración es que las personas siguen en pobreza, aún existe la desigualdad y el costo de la canasta básica sigue incrementándose. Según datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), hasta agosto el costo de la cesta familiar se encuentra en 15,270.59 córdobas, una cifra que no es congruente con el salario mínimo establecido en el país.

“Esa serie de factores te indican que si bien es cierto hay un rebote no significa que la economía haya salido de la situación económica que se vive. Es un efecto más que todo macroeconómico, pero sin repercusiones positivas en la situación microeconómica de los hogares, estos siguen siendo pobres”, sostuvo.

Futuro difícil

El economista Alejandro Aráuz compartió que en cuestiones económicas las cosas no son absolutas. Todo es relativo y la perspectiva de crecimiento del país para el próximo año difícilmente podría llegar a ser del 7 por ciento, “y si lo fuese, serían cifras un poco dudosas”, agregó.

“La economía tocó piso el año pasado, cuando llega a fondo es igual que una pelota, hay un rebote, ese puede ser rápido, lento o puede rebotar dos veces en el piso y elevarse, pero es mínimamente. Entonces Nicaragua está experimentando, como en la mayoría de las economías del mundo, un tipo rebote que es inercial”, explicó.

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Aráuz sostuvo que los valores con que llegó la economía en 2019 y 2021 fueron de los más bajos de la historia reciente, por lo tanto la reacción de esta es reacomodarse con una situación un poco más favorable, “lógicamente, las tasas de crecimiento se van a ver altas, es una ilusión. Se van a ver altas, pero no son tasas que tienen como base y referencia todo lo que es el sistema de infraestructura activo que estuvo en el 2017”, señaló.

“Porque en el 2018, 2019 y 2020 se cayó el sistema económico de infraestructura de la parte de inversión y todo eso, entonces lo que estamos teniendo en este momento es una recuperación para poder llegar a ese nivel de 2017. ¿Lo puede llegar a lograr? Sí, a tasas del 5, 6 o 7 por ciento, pero todavía eso no es posible ni en 2021, ni en 2022”, aseguró.

Según registros históricos del Banco Central de Nicaragua, en el 2018 el PIB se contrajo 3.4 por ciento; en el 2019 cayó 3.7 por ciento y en el 2020 un 2 por ciento, es decir una caída acumulada de un poco más del nueve por ciento, los peores desempeños económicos desde la llegada de la democracia al país en 1990.

¿Es sostenible esa tasa de crecimiento? Aráuz dice que no será sostenible porque la economía del país es muy cíclica ya que es fuertemente influenciada por el sector agropecuario y comercio, y a la vez está siendo afectada negativamente por las cadenas de suministro a nivel internacional, una crisis que se espera se extienda hasta el 2023.

Y puso como ejemplo al café, el cual tiene los mejores precios en el exterior, pero Nicaragua no los está recibiendo porque la producción, aunque fue buena, se cayó debido a que no hubo suficientes cortadores, además de que ha aumentado la inmigración, sumado a que la situación política y la pandemia también afectaron.

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Asimismo, continuó diciendo que “el turismo no se va a recuperar ahorita, eso es imposible. El sector comercio está funcionando de acuerdo a la energía que están generando las importaciones, un poco las exportaciones y por las pequeñas inversiones que se están realizando en los sectores medios, pequeños y en el Estado”.

También compartió que la inversión privada está estancada y tomando en cuenta esa serie de factores no puede haber un proceso de crecimiento como lo está presentando el Banco Central, porque todavía Nicaragua no cuenta con la infraestructura productiva que tenía en 2017.

Arauz coincide con Vargas en que actualmente la generación de empleos es limitada. “El empleo formal no ha crecido, ha sido mínimamente, eso significa que son tasas de crecimiento inerciales. Lo que ha venido creciendo en números ha sido toda la informalidad, como producto de la necesidad que tienen muchos sectores de poder sobrevivir, eso sí ha crecido, junto con la pobreza”, afirmó.

Ambos coinciden en que dicho crecimiento está lejos de compensar los tres años de recesión económica que experimenta el país y, según Araúz, hasta 2023 se podría alcanzar el nivel productivo y económico visto en 2017.

Además se esperaría un mayor efecto de la incertidumbre política tras el fiasco del proceso electoral en noviembre próximo y que encaminaría al país a un mayor aislamiento del régimen de Ortega, que se negó a permitir comicios justos y transparentes.

¿Qué podría impulsar el crecimiento económico?

El economista Luis Núñez sostuvo que las predicciones del Gobierno apuntan a un 6 o 7 por ciento de crecimiento, “pero esto es con respecto al 2020, que estamos hablando de un año sumamente difícil debido a la pandemia. La economía mundial está en un proceso de recuperación acelerado después de haber caído casi un 9 por ciento el año pasado, en 2021 se espera un crecimiento similar”.

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Siguiendo esta línea, compartió que Nicaragua no es ajena a ese panorama. “La mayoría de países van a crecer fuerte dado que el año pasado la economía cayó estrepitosamente a niveles históricos, entonces lo que va a haber ahora es una recuperación”, agregó.

Según el Consejo Monetario Centroamericano, las proyecciones de los bancos centrales de cada país indican que para este año, el PIB de Costa Rica subirá 3.9 por ciento. En el caso de El Salvador, estiman que crecerá 9 por ciento.

Por otro lado, la tasa proyectada para Guatemala oscila entre 4 y 6 por ciento, y para Honduras proyectan un aumento de 3.2 o 5.2 por ciento.

“En el caso de Nicaragua lo que se está viendo es una recuperación con respecto al año pasado. En 2020 comenzaron con perspectivas de un crecimiento positivo, porque 2018 y 2019 fueron negativos para el país y el año pasado estaba comenzando el primer trimestre con signos de cierta recuperación, sin embargo, tuvimos la noticia de la pandemia y eso hizo que nuevamente la economía colapsara a niveles mucho mayores a los años anteriores”, sostuvo.

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Continuó compartiendo que “los organismos financieros internacionales están proyectando un crecimiento cercano al 2 por ciento. Habría que ver qué actores o qué factores son los que van a impulsar este incremento”, añadió.

A criterio del economista, dichas proyecciones podrían estar siendo influenciadas por ayuda o cooperación internacional. Sin embargo, el crecimiento en algunos de los diferentes sectores de la economía ha sido leve, no solo por el tema de la pandemia de covid-19, sino también por problemas estructurales de la economía nacional.

También mencionó que las remesas familiares están creciendo aceleradamente y que podría estar contribuyendo al crecimiento proyectado por el Gobierno. Específicamente, los envíos familiares sumaron hasta agosto de este año 1,381.6 millones de dólares, según datos del BCN.

“Es decir, recuperarse de tres años de decrecimiento no es fácil, tomando en cuenta que tenemos una economía sumamente atrasada, entonces estamos aspirando a regresar a los niveles de 2017 para retomar nuevamente la senda del crecimiento. Honestamente veo difícil un crecimiento del 7 por ciento, al menos uno real”, puntualizó.

Más confianza en las estimaciones de organismos multilaterales

Por su parte, el economista Marco Aurelio Peña considera que las proyecciones del BCN son “excesivamente optimistas” y se apega más a las estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

“Me pliego más a la posibilidad de un crecimiento económico positivo que oscile entre el 2 y el 2.5 por ciento, como lo prevé la Cepal, porque en una fase de estabilización, luego de una economía recesiva durante al menos diez trimestres, lo que se trata es de conseguir un crecimiento económico aceptable de acuerdo al reacomodo de los agentes y a los niveles de producción que en el trienio han descendido. Al mismo tiempo, recuperar los niveles de productividad”, señaló.

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Peña expresó que no comprende por qué el BCN concluye que habrá un crecimiento del 7 por ciento, cuando ni siquiera se pudo alcanzar ese porcentaje durante los últimos 14 años. Asimismo, indicó que esa tasa significaría que Nicaragua crecería por encima del 5.8 por ciento que proyectó el Fondo Monetario Internacional (FMI) para América Latina este año.

“¿De dónde o cómo sería posible eso? Tomando en cuenta que las personas se han ido a vacunar y hacen colas de 4 a 10 horas para poder aplicarse una primera dosis, y que hay muchas personas contagiadas por la covid-19, lo que ha causado decesos y ha saturado los hospitales. Por tanto, podríamos concluir en una población económicamente activa muy afectada por la pandemia y esto, a su vez, sigue contrayendo las actividades económicas, principalmente a la economía de servicio”, sostuvo.

Y agregó que “entonces ¿cómo sería posible eso de reducir la brecha entre el PIB real y el PIB potencial alcanzando una tasa del 7 por ciento, por un posible rebote, tomando en cuenta estos factores de riesgo? Yo lo veo muy complicado y por eso en términos de crecimiento lo que se buscaría es no caer”, enfatizó.

En una nueva actualización de la Unidad de Inteligencia Económica (EIU, por sus siglas en inglés), estimó en 6 por ciento el crecimiento económico para Nicaragua, pero lo atribuyó principalmente a la profunda caída del PIB en los últimos tres años.

“Ni siquiera podría pasar en economías mucho más dinámicas y resilientes”

Peña compartió que en Nicaragua la fase recesiva del ciclo económico inició por una crisis sociopolítica y no por causas económicas, “lo cual, en la literatura económica no es habitual, pero en América Latina sí suele suceder”.

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A la crisis sociopolítica se le sumó la emergencia sanitaria a nivel mundial y el paso de los huracanes Eta y Iota, los cuales azotaron al país a finales del año pasado y causaron graves estragos en los cultivos de cientos de productores nicaragüenses.

“Ahí estamos hablando de shock externo a la economía nacional, que por cierto es altamente sensible y eso provocó, durante tres periodos una caída acumulada de casi 10 por ciento. Tomando en cuenta estos aspectos y una variable de flujo de inversión extranjera directa contraída, no veo posible que haya un incremento sustancial de los niveles de producción, mucho menos que haya una situación de cambio tecnológico, porque eso implicaría transferencia tecnológica, atracción de capitales externos y no están dadas las condiciones para esa situación”, afirmó.

Asimismo, expresó que no comprende cuál es la estrategia de crecimiento y desarrollo para que pudiese alcanzarse, a través de un efecto rebote, un 7 por ciento al final del periodo. “No lo veo factible y ni siquiera podría pasar en economías mucho más dinámicas, más resilientes y con gobiernos que están en mejor posición con respecto a la comunidad internacional, hablando a escala regional”, concluyó.

De hecho, el economista Néstor Avendaño ha insistido en el efecto rebote este año y ha señalado que empezará a creer en una recuperación real cuando los empleos destruidos durante tres años de recesión se hayan recuperado por completo y la economía empiece a generar plazas nuevas, además la cartera de crédito logre rebasar los niveles observados en el 2017.

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