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En el primer semestre del 2021, muy pronto a concluir, a Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, se le ha visto la cara solamente en ocho ocasiones detrás de la pantalla de los medios oficialistas que administran sus hijos. Sus comparecencias son siempre al caer la tarde, el escenario preferido es la Plaza de la Revolución, en Managua, acompañado de su esposa, vocera y vicepresidenta, Rosario Murillo; un grupo reducido de militantes de la Juventud Sandinista (JS), uno que otro funcionario fiel a su régimen. También en las transmisiones aparece siempre Camila, la hija de ambos, atendiendo solícita las indicaciones de Murillo.
A pesar de que es un año electoral Ortega ha permanecido ausente. En el mismo período del 2020, Ortega compareció 13 veces, la mayoría de esas ocasiones las hizo desde su casa en el sector de El Carmen, al oeste de la capital de Nicaragua. Las comparecencias de este año han sido para dar discursos, en su mayoría de ataques al Gobierno de Estados Unidos, la comunidad internacional y a la oposición nicaragüense, de cara a las elecciones presidenciales del 7 de noviembre.
En junio, dos días seguidos, algo inusual
En junio Ortega ha comparecido dos veces, consecutivamente, en escenarios diferentes, algo inusual. La reciente aparición fue este jueves 24 de junio. El dictador compareció junto a Murillo de forma virtual en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (Alba-TCP), en la que utilizó su intervención para arremeter una vez más contra el Gobierno de Estados Unidos, a quien acusó de «amenazar con invadir Nicaragua» a través de las medidas adoptadas en la Organización de Estados Americanos (OEA), a la que tildó de ser una «cloaca».
«Es un arma (la OEA) que tiene el imperio, con el cual amagan y han amagado con invadir Venezuela, no ha renunciado a invadir ni Cuba ni Nicaragua. Siempre dicen que ceden todas las opciones, esa es la respuesta que dan los imperialistas de la tierra», vociferó Ortega.

El dictador se refirió de manera indirecta a la discusión que existe en el Consejo Permanente de la OEA, de aplicar a Nicaragua el artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana«, en respuesta a la cacería que emprendió en contra de precandidatos presidenciales y opositores desde hace aproximadamente un mes. Sobre la situación de Nicaragua, afirmó que «somos miembros todavía y que de una vez por todas, deberíamos de dejar de ser miembros de esa cloaca, y fortalecer nuestra identidad, cultura, independencia» y le advirtió a la OEA que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) la va a «enterrar».
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En la Cumbre de Jefes de Estado del Alba-TCP se le vio en un espacio cerrado, mientras el miércoles 23 de junio, en la conmemoración del 85 aniversario del natalicio de Carlos Fonseca Amador, Ortega compareció con una chaqueta roja, acompañado de Murillo y Carlos Fonseca Terán —hijo del comandante guerrillero—. Antes del discurso, en el mausoleo de Fonseca los presentes cantaron la canción «Comandante Carlos Fonseca», de Carlos Mejía Godoy, cantautor nicaragüense que tuvo que exiliarse en 2018 por ser perseguido tras criticar la represión de Ortega a las manifestaciones sociales.

El dictador justificó las detenciones de cinco precandidatos y demás opositores que están siendo acusados e investigados bajo la Ley 1055, o Ley de Soberanía. Hasta la fecha ya hay una veintena de ciudadanos detenidos en un mes. «No estamos juzgando a políticos ni a candidatos. Estamos juzgando a criminales que han atentado contra el país al intentar nuevamente organizar otro 18 de abril, otro golpe de Estado. Que no vengan con el cuento que son candidatos, si aquí no hay candidatos inscritos (…) si ni siquiera tenían un candidato único», insistió Ortega.
Además se refirió a las investigaciones que realiza la Fiscalía contra la extinta Fundación Violeta Barrios de Chamorro (FVBCH) y la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo, Económico y Social (Funides), y dijo que «han encontrado una red» que conspiró para lo que su régimen llama golpe de Estado.
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En mayo, por Sandino
A eso de las 6:20 de la noche, el martes 18 de mayo, Ortega apareció públicamente en un acto conmemorativo del 126 aniversario del natalicio del general Augusto C. Sandino, acompañado de Murillo, y rodeado de altos mandos del Ejército de Nicaragua: general Julio César Avilés; primer comisionado de la Policía, Francisco Díaz; el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, y el ministro de Hacienda y Crédito Público, Iván Acosta. Todos ellos sancionados por el Departamento de Estado de Estados Unidos.
En esta ocasión directamente se dedicó a atacar a los embajadores de Estados Unidos, Kevin Sullivan y de la Unión Europea, Pelayo Castro, a quienes acusó de presionar a partidos políticos para que acepten a candidatos que el «yanqui» quiere. Fue la primera comparecencia en la que habló sobre las elecciones presidenciales.

«Aquí el embajador yanqui anda de arriba para abajo vendiendo sus candidatos, como si él fuera nicaragüense, él no es nicaragüense, si quiere vender candidatos que los vaya a vender a los Estados Unidos, candidatos norteamericanos, aquí que no se meta el embajador yanqui, postulando candidatos y presionando a partidos políticos para que acepten los candidatos que quiere el yanqui, cree que estamos en los tiempos de ocupación yanqui, que se olvide el embajador yanqui, Nicaragua es de Sandino (…) es un pueblo que merece respeto», sentenció Ortega.
El discurso duró cerca de una hora y lo dio frente a un pentagrama o estrella de cinco puntas, formada con velas encendidas con bordes azules, una figura que ha sido relacionada con la hechicería, símbolo que congenia con el carácter esotérico de Murillo, que se logró observar panorámicamente por el uso de drones. El evento se realizó en el perímetro de la vieja Catedral de Managua, muy cerca del monumento de Augusto C. Sandino, pero en esta ocasión no hubo bandera del FSLN, ni en la tarima ni en los lugares que ocupó el pequeño grupo de acompañantes.
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Abril, al finalizar el mes
El viernes 30 de abril, el dictador apareció acompañado de Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional, y Maritza Espinales, primera vicepresidenta del Legislativo, así como otros diputados del partido FSLN, en momentos que ese poder del Estado estaba a cuatro días de discutir las reformas electorales y la elección de magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE), aunque no habló de ese tema.

El evento se realizó en el perímetro de la vieja Catedral de Managua, hasta ahí se escuchó el repique del Campanario de la Paz, cuando Ortega comenzó su alocución a las 6:00 p.m. en la que repitió su discurso antimperialista contra Estados Unidos, contra el capitalismo. Como ya también es habitual, criticó «a los países ricos» por las acciones restrictivas frente a la pandemia del Covid-19 y acusó a los ricos de querer acaparar las vacunas contra ese virus.
Marzo, dos apariciones: Día de la Mujer y aniversario de la Cruzada de Alfabetización
En marzo, Ortega compareció públicamente en dos ocasiones, el 8 y 23, Día de la Mujer en Nicaragua y la conmemoración del 41 aniversario de la Cruzada Nacional de Alfabetización, respectivamente.
En su primera aparición de marzo, Ortega dio un discurso en el que exaltó los derechos de las mujeres, aunque ese mismo día por la mañana organizaciones feministas fueron asediadas por la Policía. No obstante, el dictador aprovechó su discurso para arremeter contra ONG a quienes comenzó a acusar de que lavan dinero y financian el terrorismo, amenazando con enjuiciarlas bajo el combo de leyes represivas que recién aprobó, entre estas la Ley de Regulación de Agentes Extranjeros. «Pero ya tenemos leyes contra eso, ya tenemos esa Ley y tenemos información sobre cómo se ha hecho el lavado (de dinero) durante años y todavía hasta hace poco, miles y miles de dólares corriendo ahí para sembrar el terror», aseveró Ortega el 8 de marzo.
En su discurso del 23 de marzo, el dictador divagó sobre diversos temas, como alfabetización, pobreza heredada por la dictadura somocista, vítores al boxeador Román «Chocolatito» González, quien vestido de saco y corbata lo acompañó en el discurso, entre otros. Ortega no pronunció ninguna palabra sobre el urgente llamado a hacer reformas al sistema electoral, demandado ese mismo día por el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y en el que se pide la realización de elecciones libres en el país.

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Febrero, aniversario del asesinato de Sandino
El lunes 22 de febrero, Ortega en su discurso, en conmemoración del 87 aniversario de la muerte del general Augusto C. Sandino, habló 53 minutos. Pero su intervención transcurrió entre intensos y repetidos ataques a Estados Unidos; se perdió en sus recuerdos de la Guerra Fría que acentúan su condición senil; envió un mensaje de solidaridad a su homólogo venezolano Nicolás Maduro, y entre todo eso hizo un ardiente llamado a cesar las guerras en el mundo, aunque en Nicaragua la Policía y los fanáticos sandinistas asedian y reprimen a los opositores.

Enero: Críticas a sistema electoral de EE. UU.
El primer discurso en el año del dictador duró al menos una hora y media, que aprovechó para promover sus proyectos sociales, como si se tratara de su campaña política, y utilizó la literatura y críticas de la época del poeta Rubén Darío (1867-1916) para atacar a Estados Unidos, saltando de fragmentos de poemas a señalamientos contra el «imperialismo norteamericano».
«El imperialismo americano no es de hoy y lo está diciendo en aquellos años, hace más de 100 años lo estaba diciendo Rubén Darío», dijo el mandatario en una de sus menciones. Y mientras Ortega parafraseaba fragmentos de los poemas «A Margarita Debayle», «Caupolicán» o intentaba explicar «Los motivos del lobo», las redes sociales hervían de críticas, burlas y toda clase de opiniones por el esfuerzo que este hacía Ortega.
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