El dictador Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, aparecieron en cadena de radio y televisión este 8 de marzo, para exaltar los derechos de las mujeres, mientras por la mañana mandó a oficiales de la Policía a asediar a organizaciones feministas para evitar que estas salieran a las calles a marchar.
El régimen mantiene la represión y un asedio permanente sobre mujeres opositoras. Aun así, Ortega se atrevió a decir que a la mujer no se maltrata ni con el pétalo de una rosa.
«Yo recuerdo que mi padre nos decía: ´A la mujer no hay que maltratarla ni con el pétalo de una rosa», afirmó Ortega. Sin embargo, como producto de la rebelión que protagonizaron jóvenes, hombres y mujeres en abril de 2018 mandó a golpear, secuestrar, encarcelar, torturar y procesar a decenas de mujeres que se sumaron a las protestas y ordenó a asesinar a sus hijos.
Dijo que ONG lavan dinero
Ortega aseguró en su discurso que los organismos no gubernamentales (ONG) lavan dinero y financian el terrorismo.
«Los que viven pidiendo sanciones, los que reciben dinero que se lava, a través de esos organismos que le llaman ONG, que se han creado para qué, para lavar dinero y luego distribuirlo para desarrollar actividades terroristas desestabilizadoras. Pero ya tenemos leyes contra eso, ya tenemos esa Ley y tenemos información sobre cómo se ha hecho el lavado (de dinero) durante años y todavía hasta hace poco, miles y miles de dólares corriendo ahí para sembrar el terror», aseveró.
De esta manera, Ortega justificó la Ley de Regulación de Agentes Extranjeros, conocida como «Ley Putin», y dijo que ya están controlando a dichos organismos.
Recientemente, la Fundación Violeta Barrios de Chamorro decidió cerrar operaciones para no someterse al abuso que representa la ley, mientras a la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) se le sigue negando la inscripción como agente extranjero por parte del Ministerio de Gobernación.
Justifica la cadena perpetua
Ortega reconoció que «aquí se cometen crímenes horrendos (contra las mujeres) y no nos vamos a sentir contentos porque se cometan menos crímenes de los que se cometen en Europa o Estados Unidos, no, nos indigna». A la vez aprovechó para justificar la aprobación por parte de la Asamblea Orteguista de la reforma a la Constitución que permitió la cadena perpetua por «crímenes de odio».
«El que comete crímenes horrendos contra mujer, contra niños, contra varones, crímenes horrendos, los que asesinan a la madre, el hijo asesinando a la madre, que asesinan niñas, esos merecerían la pena de muerte y ni con su vida estarían pagando el daño que cometieron, crimen que cometieron, pero, bueno hemos establecido la prisión perpetua…ya esa ley está en vigencia, ya están los primeros casos donde se está aplicando la pena más allá de los 30 años», aseguró el dictador.
También, aprovechó para recordar que crímenes de odio son los que cometían algunos opositores, quienes pintaron, quemaron, desnudaron y mataron a orteguistas, pero no se detuvo a cuestionar los asesinatos y torturas perpetuados por oficiales de la Policía Orteguista, sus paramilitares y sus fanáticos en contra de autoconvocados en las manifestaciones de abril de 2018.
«Ah, porque legislamos y aprobamos leyes en favor de las familias, en favor de las mujeres, de los niños, entonces vienen y protestan los yanquis (Estados Unidos), protestan los europeos y ellos tienen leyes mucho más duras porque incluso tienen la pena de muerte en países como los Estados Unidos», cuestionó el dictador.
Contra la oligarquía y los Chamorro
El dictador hizo un nuevo recorrido por la historia y, otra vez, la contó a su conveniencia. Reiteró sus ataques contra el Gobierno presidido por doña Violeta Barrios de Chamorro y lo señaló de robarse el ferrocarril, pero no detalló que lo entregaron en condiciones de chatarra, que los Somoza lo usaron como caja chica y no le dieron ningún mantenimiento y que el paso del huracán Aletta le asestó un golpe de muerte en 1982.
«Y desde entonces nos quedamos si ferrocarril. En el 79 que llegamos al Gobierno había ferrocarril. Somoza no pudo llevarse el ferrocarril, ahí quedó el ferrocarril y nosotros seguimos operando el ferrocarril y cuando ellos llegaron al Gobierno les entregamos el ferrocarril en orden y ¿qué hicieron?, robárselo, a como se robaron un montón de empresas», dijo Ortega.
Ortega volvió a atacar a sus opositores políticos al llamarlos oligarcas y al considerar que si estos estuvieran en el poder privatizarían todos los servicios básicos a la población. No obstante, según los críticos del régimen el nuevo oligarca es él, ya que posee una fortuna que no se ha podido precisar por la falta de transparencia y de institucionalidad en Nicaragua. Tampoco habló de las continuas alzas en el precio de los combustibles y los altos cobros en los recibos de energía eléctrica que están asfixiando a los nicaragüenses.
Murillo reconoce problemática de la mujer
Murillo asegura que cada 8 de marzo analizan en qué han avanzado sobre el respeto a los derechos de la mujer y qué deben atender todavía. «¿Qué nos hace falta?, mucho por supuesto», admitió.
Reconoció que la violencia está quitando la vida a las mujeres. Aseveró que «la violencia contras las mujeres es una pandemia, es una epidemia», pero no mencionó que el régimen dejó luto y dolor en centenares de mujeres desde abril del 2018, cuando ordenó el «vamos con todo» contra las protestas de los ciudadanos que se rebelaron contra sus abusos.
Asedio, persecución, impunidad, agresión y hasta cárcel es lo que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha recetado en contra de las mujeres nicaragüenses opositoras durante los últimos tres años de crisis sociopolítica, quienes en este Día Internacional de la Mujer conmemoran su lucha por la justicia y la reivindicación de sus derechos, los que han sido cercenados desde que Ortega asumió el poder y que contradice al discurso de «dignificación y respeto» de los derechos de la mujer que pregona el régimen, consideran mujeres líderes en Nicaragua.
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A criterio de la presidenta de la Asociación Madres de Abril (AMA), Francys Valdivia, durante estos últimos tres años se ha mantenido la «misma represión, hostigamiento y amenazas» en el país, aun para las mujeres, pero hasta ahora el daño más grave ha sido «el asesinato de nuestros familiares, hijos, esposos, hermanos».
Guillermina Zapata Vanegas es una de las que ha sufrido en carne propia la violación del derecho a la vida por parte del régimen. Ella perdió a su hijo Francisco Reyes Zapata el 30 mayo de 2018, en la Marcha de las Madres de Abril. Su asesinato sigue en impunidad.