Abriles
Van a pasar los abriles en el calendario y nadie debería tomarlo con desencanto: la partida se va acabando, las piezas contrarias están cada vez más acorraladas en una esquina del tablero, y el rey, sin corona y a merced de unos pocos devotos, ya no se fía ni de su sombra. Cada nuevo abril es, para ellos, quizás el último y, por ello, también es su peor congoja.