Cuando toca decir no
Cuando el precio es el sometimiento a un sistema corrupto, despótico y arbitrario, hay que procurar salvar también la dignidad propia. Y es entonces cuando, muy a pesar nuestro, enfrentamos la terrible dicotomía de bajar la mirada y seguir avanzando a tientas (siempre con la espada de Damocles colgando encima de las cabezas) o ser consecuentes con la misión encomendada y renunciar al vasallaje estéril.