Sin elecciones
Daniel Ortega confirmó el fin de las elecciones en Nicaragua. Un análisis sobre el discurso del 19 de julio, la dictadura y el futuro de la oposición.
Daniel Ortega confirmó el fin de las elecciones en Nicaragua. Un análisis sobre el discurso del 19 de julio, la dictadura y el futuro de la oposición.
Quizá el ejemplo de Brooklyn Rivera no supondrá ningún quiebre en este panorama, pero más de una conciencia se verá señalada y obligada a mirar de frente su foto y a escuchar su aliento, como hago yo desde ayer sin poder apartar mis ojos de ella.
Nadie puede sentirse a salvo en Nicaragua de la ira de los fanáticos que manejan los hilos, como ya hemos ido comprobando… En un Estado basado en la sospecha y la traición, no hay espacio para el reposo: también el pianista puede caer mañana en desgracia por una simple nota disonante y sin necesidad de balacera de por medio.
Quizá la nueva coyuntura venezolana nos ayude a entender un poco más cómo funciona el poder en nuestro recio presente, o nos arriesgamos a seguir sufriendo esta pesadilla como si fuera un inacabable y punzante dolor de muelas sin ninguna posibilidad de extracción.
Mientras en Nicaragua demolieron piedra a piedra el Consejo Supremo Electoral, nombrando a magistrados dóciles y mansos que responden a un partido único, contando votos desde despachos, cercenando partidos opositores y encarcelando y luego desterrando a sus líderes, Honduras da una lección de honestidad.
Quizá la reprobación que usted tan diáfanamente expresa contra el premio Nobel a María Corina Machado, y por ende, a la decisión del Comité noruego, solo podría solventarse con un gesto explícito y audaz: la renuncia a su propio galardón al considerar que el jurado ya no representa los valores que usted cree que ese premio debe tener.